Cuando el día cae dejan de volar las palomas.
Las ocho de la tarde
en este reloj que es mi corazón tranquilo
con esa mansedumbre de los horarios definidos,
la cotidianidad de los mismos rostros,
las mismas palabras, la ruta que solo espera
nuestros pasos de siempre.
Hay un ritual que nadie nombra
(acompasar los cuerpos, las pausas
en las que el silencio dormita,
las interrogaciones que maduraron
tras una mañana de clases y papeles mojados,
la madurez que se volverá confidencia
cuando la noche llegue)
porque lo sentimos pasajero,
un rayo que apenas alumbra
la rutina voraz de los lugares,
la alquimia de vencerse en los grumos del licor
o en la magia de una música que desnuda la luz,
el oro blanco de la ubicuidad.
Al fin, son los minutos el maquillaje perpetuo
con el que sentir la cercanía como una máscara
que nos desvela o nos rehuye.
Estás tú, para siempre un desafío
que me incita al suburbio del deseo,
la tentación de unas mallas oscuras
en la curvilínea insensatez de tus piernas,
la humedad que traspasa tu boca
y el nido alegre que se abre
como una ciudad sin patria.
¿Cuánto durará este cielo infantil
en el que la dicha son astros de colores,
cuánta demora sobrevivirá
hasta que pase el carro llameante
de la vida plena?
miércoles, 29 de junio de 2016
martes, 28 de junio de 2016
La vida paralela
Pocas veces veo lo que quiero ver. Aunque
busque la mirada una coincidencia estéril
o espere el deseo una respuesta en la retina
o imagine que lo que ocurre no es otra cosa
que un film interior cuyo guión lo escribe
una voluntad virgen. A menudo cierro los
ojos en pleno mediodía, solo un instante,
como si la huida dibujara en mis párpados
lo que quisiera sentir(su cuerpo junto al mío,
los diálogos que se enlazan, un paisaje que
se amoldara a nosotros igual que una fantasía).
Cuando duermo la vida es más real, en la vigilia
todo es previsible, el verano huele a verano,
los relojes caminan lentos, el mar, las calles,
las montañas terrosas, el roce de la gente, la
mecánica de un televisor, recuerdan a un ayer
perpetuo inscrito en el iris, fosilizado en mis
pupilas, como el designio de un dios ya para
siempre ajeno.
busque la mirada una coincidencia estéril
o espere el deseo una respuesta en la retina
o imagine que lo que ocurre no es otra cosa
que un film interior cuyo guión lo escribe
una voluntad virgen. A menudo cierro los
ojos en pleno mediodía, solo un instante,
como si la huida dibujara en mis párpados
lo que quisiera sentir(su cuerpo junto al mío,
los diálogos que se enlazan, un paisaje que
se amoldara a nosotros igual que una fantasía).
Cuando duermo la vida es más real, en la vigilia
todo es previsible, el verano huele a verano,
los relojes caminan lentos, el mar, las calles,
las montañas terrosas, el roce de la gente, la
mecánica de un televisor, recuerdan a un ayer
perpetuo inscrito en el iris, fosilizado en mis
pupilas, como el designio de un dios ya para
siempre ajeno.
lunes, 27 de junio de 2016
La boca
El sabor que reseca mi aliento. El gusto salino
después de la mar. La dulzura de unos labios que
no me pertenecen. Mi boca en el pezón del sueño.
El ácido desdén de un amigo. La magia amarga
del chocolate espeso. Las fresas agrestes que tiñen
mi lengua. La textura blanca de un pez salvaje.
Toda la lujuria en mi paladar insomne. Todo
el asombro de una sed que no cesa. La voz
que calla un deseo. El marfil de mis dientes
pasivos. La noche en una garganta azul.
después de la mar. La dulzura de unos labios que
no me pertenecen. Mi boca en el pezón del sueño.
El ácido desdén de un amigo. La magia amarga
del chocolate espeso. Las fresas agrestes que tiñen
mi lengua. La textura blanca de un pez salvaje.
Toda la lujuria en mi paladar insomne. Todo
el asombro de una sed que no cesa. La voz
que calla un deseo. El marfil de mis dientes
pasivos. La noche en una garganta azul.
domingo, 26 de junio de 2016
El futuro
El tren olvida, yo no.
En el vagón el mundo es cambiante,
países, hombres, naturaleza que fluye.
Por dentro hay un territorio de fósiles,
palabras que rebotan como ecos,
imágenes que vuelven a su sed,
el cansancio terrible de la permanencia.
¿Adónde voy con este cuerpo que se retrae
igual que un ángel sin paz?
Me dicen que la isla no ama la luz
sino el silencio del volcán que precede al estupor.
La vida asoma negra sobre la tierra fértil,
la muerte es un lagarto que ríe
escondido en el corazón de la retama.
El tren olvida, yo no.
Como este viento ágil que desdeña la memoria,
como el color que azuza mi iris,
como la silueta que va dejando un rastro de olvido,
así mi voluntad de futuro.
Qué sol tan tibio el que ahora me comprende,
qué voz la que me llama con otro nombre
que ya es el mío,
qué largo mañana el que me espera.
En el vagón el mundo es cambiante,
países, hombres, naturaleza que fluye.
Por dentro hay un territorio de fósiles,
palabras que rebotan como ecos,
imágenes que vuelven a su sed,
el cansancio terrible de la permanencia.
¿Adónde voy con este cuerpo que se retrae
igual que un ángel sin paz?
Me dicen que la isla no ama la luz
sino el silencio del volcán que precede al estupor.
La vida asoma negra sobre la tierra fértil,
la muerte es un lagarto que ríe
escondido en el corazón de la retama.
El tren olvida, yo no.
Como este viento ágil que desdeña la memoria,
como el color que azuza mi iris,
como la silueta que va dejando un rastro de olvido,
así mi voluntad de futuro.
Qué sol tan tibio el que ahora me comprende,
qué voz la que me llama con otro nombre
que ya es el mío,
qué largo mañana el que me espera.
Fragmento de "Crimen y castigo" de Fiodor Dostoievski

«Su cuartucho se hallaba bajo el tejado de un gran edificio de cinco pisos y, más que una habitación, parecía una alacena. En cuanto a la patrona, que le había alquilado el cuarto con servicio y pensión, ocupaba un departamento del piso de abajo; de modo que nuestro joven, cada vez que salía, se veía obligado a pasar por delante de la puerta de la cocina, que daba a la escalera y estaba casi siempre abierta de par en par. En esos momentos experimentaba invariablemente una sensación ingrata de vago temor, que le humillaba y daba a su semblante una expresión sombría. Debía una cantidad considerable a la patrona y por eso temía encontrarse con ella. No es que fuera un cobarde ni un hombre abatido por la vida. Por el contrario, se hallaba desde hacía algún tiempo en un estado de irritación, de tensión incesante, que rayaba en la hipocondría. Se había habituado a vivir tan encerrado en sí mismo, tan aislado, que no sólo temía encontrarse con su patrona, sino que rehuía toda relación con sus semejantes. La pobreza le abrumaba. Sin embargo, últimamente esta miseria había dejado de ser para él un sufrimiento. El joven había renunciado a todas sus ocupaciones diarias, a todo trabajo.»
viernes, 24 de junio de 2016
Habitación clara
Siempre hay luz en esta casa.
Y silencio.
Y color.
Y nadie. Y yo.
¿Qué día cae del techo sobre mí,
qué telaraña impone su urdimbre
como una red de rosas volátiles,
qué ayer se eleva desde los zócalos,
dibuja las paredes, me habla
como una lengua amante?
El verano se empeña en ser
un insecto amarillo,
un claroscuro abrasador,
un aire agreste.
Sobre la cama soy piel húmeda que no respira.
En una voz sin voz reverbera tu nombre
que incendia mi desnudez.
Solo hay huecos:en el cristal,
en el armario vacío,
en la cómoda de ébano.
Todas mis fotografías guardan un círculo de ángeles.
Quisiera escuchar el sonido de tu corazón cuando llora
y no es por mí.
Siempre veo luz en esta casa.
Y silencio.
Y color.
Y nadie. Y yo.
¿Qué día cae del techo sobre mí,
qué telaraña impone su urdimbre
como una red de rosas volátiles,
qué ayer se eleva desde los zócalos,
dibuja las paredes, me habla
como una lengua amante?
El verano se empeña en ser
un insecto amarillo,
un claroscuro abrasador,
un aire agreste.
Sobre la cama soy piel húmeda que no respira.
En una voz sin voz reverbera tu nombre
que incendia mi desnudez.
Solo hay huecos:en el cristal,
en el armario vacío,
en la cómoda de ébano.
Todas mis fotografías guardan un círculo de ángeles.
Quisiera escuchar el sonido de tu corazón cuando llora
y no es por mí.
Siempre veo luz en esta casa.
jueves, 23 de junio de 2016
Todavía, ayer
El mundo fue grande en esta habitación tan clara.
Los omnívoros tejados
ya no se pueblan de palomas,
su color rojo invita a la calidez y al sosiego.
Ayer, la noche y su eternidad cubrieron mi piel,
el brillo de las copas, las frases inacabadas,
la música como un sueño leve.
Y tú en la infantil lejanía de un murmullo,
con el perfil de tu cuerpo dibujado en la pared
y un mañana que se escribe sin palabras
entre la simpatía y la duda.
No estoy, si al estar se le llama acto,
porque seguimos en el tren oscuro de los lunes
cuando el viaje es una promesa de sabor y cántico,
de unión y azúcar
en los dedos de un café
que se demora.
Todo es verde bajo los latidos de la luz,
afuera ya no atisban los buitres de la noche,
sin ti el paraíso se tizna de negritud y silencio.
Hay muchos modos de morir sin morir:
tu mirada oblicua que observa el espejo
donde habita mi espalda,
la herida de una promesa sin alas,
el escote que cubres con tus manos traslúcidas.
Miro en el fondo de esta copa para encontrar mi rostro
porque sé que en la cicatríz de los hielos existe un perdón
o quizá una excusa para vivir un minuto y un minuto más
hasta ser el delirio de un instante.
Los omnívoros tejados
ya no se pueblan de palomas,
su color rojo invita a la calidez y al sosiego.
Ayer, la noche y su eternidad cubrieron mi piel,
el brillo de las copas, las frases inacabadas,
la música como un sueño leve.
Y tú en la infantil lejanía de un murmullo,
con el perfil de tu cuerpo dibujado en la pared
y un mañana que se escribe sin palabras
entre la simpatía y la duda.
No estoy, si al estar se le llama acto,
porque seguimos en el tren oscuro de los lunes
cuando el viaje es una promesa de sabor y cántico,
de unión y azúcar
en los dedos de un café
que se demora.
Todo es verde bajo los latidos de la luz,
afuera ya no atisban los buitres de la noche,
sin ti el paraíso se tizna de negritud y silencio.
Hay muchos modos de morir sin morir:
tu mirada oblicua que observa el espejo
donde habita mi espalda,
la herida de una promesa sin alas,
el escote que cubres con tus manos traslúcidas.
Miro en el fondo de esta copa para encontrar mi rostro
porque sé que en la cicatríz de los hielos existe un perdón
o quizá una excusa para vivir un minuto y un minuto más
hasta ser el delirio de un instante.
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