martes, 13 de marzo de 2018

La eternidad del beso



a Auguste Rodin

El instante del beso no muere.

Nos guió la claridad,
tú eras mañana encendida,
yo el árbol que desteje
sus hojas de silicio.

La arcadia de la curva
que rodea mi cuello fósil,
el ambarino perfil de tu espalda,
la inclinación breve del tronco
hacia el abdomen que acaricia el ensueño,
el labio tan cerca,
tan cerca de una exactitud divina,
el vientre que roza el purpúreo sudor
de un contacto inmortal,
la paloma invisible y arcana,
el latido del mármol,
el bronce y su dureza de eternidad.

Es solo una estatua
y sin embargo cómo siento la espada de su luz,
de su luz.

domingo, 11 de marzo de 2018

El futuro como una flor perenne

Antes hablar era un silbo y su armonía.

En el amanecer de los cuerpos
no sudan las metáforas,
tu flor reluce cálida
como si un tizón te habitara.

Mi viento se desnuda
al verte arrodillada junto a las hojas del álamo,
mi carne anida en el columpio azul
quiere tu faz
bajo el abrigo del silencio
que, aún sin quererlo, te acoge.

¿Y el viaje que llama a los anillos incólumes,
concibe el rayo de la felicidad
y no se acostumbra a tu sed intacta?

Ahora las manos se unen,
el tiempo es una guirnalda que se agita
y al fluir en el aire
memoriza un adiós oscuro.

El mañana ansía un fin sin enigmas,
una bandera
y un sol
que tras el albor
nos palpe.

Ahí seguimos
tejiendo el devenir que justifique una verdad,
sin la derrota del ayer,
sin el amparo, tampoco,
de un presente fugaz.

viernes, 9 de marzo de 2018

Del ayer al mañana

La estatura inmóvil es mi pasado.
Tu marioneta se alza y miente.
Sin regreso los pámpanos del fruto
igual que dormidas mariposas de luz.
El mañana quiere una doctrina, yo dejé
mis cánticos morir. ¿Cuál el silencio
que ahora finge soñar con espejos azules?
Detrás de mí el otro que aún no soy, espera.


jueves, 8 de marzo de 2018

El reloj de péndulo

Columna viva que no cesa. La armonía
es una canción de siglos, su exactitud
la nieve sin fin de la calma. Un círculo
donde roe la aguja el corazón y la sombra,
la esfera de blancor uniforme elige el don
impávido del transcurrir- quizá el ajedrez
que juega una partida voraz contra el día
y la noche-. Se alinea con la pared blanqueada
su cuerpo de alfanje, y la caoba se adormece
insípida como un agua que fluye. Cuando
la luz hiere el cristal de su encendida cúpula
los arabescos me sonríen, entonces yo escucho
su tictac igual que un jeroglífico invencible
y me animo a pensar que las horas son lluvia
o semilla o voluntad de sobrevivir así, como
un instante de paz entre las ascuas del tiempo.

martes, 6 de marzo de 2018

Lo sabes

Si buscas los rescoldos del amor
en la infinitud de los bolsillos,
si has callado tu verdad
porque no había un aplauso insomne,
si la pausa aguijoneó los recuerdos
y una pantera mordió tu corazón distraído,
si abres las persianas a la vida
y nubes que creías muertas
ensombrecen tu piedad;
no llores,
ni tampoco escribas
en el trasluz del día palabras ausentes.

Tú caminas entre zarzales oscuros,
y lo sabes,
sabes que el viento es huida
y que no hay asfalto para la muerte,
solo adoquines que improvisas
si alzas los párpados
y te encuentras con las hojas de un calendario
donde ya no está el sueño que olvidaste
entre tus muslos de niño.

domingo, 4 de marzo de 2018

El tránsito del amor

Como el brote de un manantial
mi universo crece.

El equilibrio en que el instante concibe la luz,
la ruta que, en un adiós, destruye el silencio,
los ojos que atisban la noche
igual que cometas exhaustos.

He ahí la llama fértil de la pasión.

Se despiertan los delfines sin un mar,
ratones ciegos ignoran la verdad del sol,
el ansia emerge
hasta el albor de un día
sin cenizas
ni pesadumbre.

Son los acantilados del ensueño,
la virginidad perfecta del arrullo,
la calidez de la piel
que inunda de esporas el frenesí
hasta el aullido blanco del éxtasis.

¿Y lo que vendrá?

El río guarda la memoria del río,
así el caudal del amor y sus signos.

Antes o después
se desvanecen las orillas,
un suburbio se agita con el oropel de los años
y ya no vive la ternura
en la inocencia del deseo.

Desde el ayer
los cisnes pasean el orgullo álgido de su estela,
somos el volátil gesto del pájaro
cuando no haya destino donde abrigar su inercia,
ni palabra ni voz que, al fin desnude,
su viaje de luz en la calígine
hacia el faro sin rostro de la edad.

jueves, 1 de marzo de 2018

La ducha

Su canto, su canto de agua.

Como deshojar una flor,
así el cuerpo que naufraga en el rocío cálido,
así la evanescencia donde la incertidumbre
se asfixia entre lamidos de vapor
y arcángeles que pueblan de hogueras
el instante.

Has entrado con la desnudez de la amapola,
inicias la solemne ceremonia de la pureza,
una breve lágrima en tu piel
que anima el color de un aséptico perfume,
una línea-la que sigue la rutina ambigua de la timidez-
recorre las distancias invisibles,
del hombro al pecho,
al calcañar,
a la rodilla dulce,
al vientre levemente alado,
al sexo que quiere un cisne
que picotee en su rumor.

Son minutos de amante manantial,
son el latido íntimo de todos los pecados que han muerto,
la música que inmola a los espejos,
el trino de la satisfacción
cuando la toalla se aproxima
y envuelve la bisectriz que son las estrías,
los poros otra vez abiertos,
la memoria que suda entre la densidad del vapor;
allí donde muere el cristal, y los músculos,
y la voz, y el tacto reviven
como en una bendición que nunca esperaste.