viernes, 8 de enero de 2016

Los jardines perdidos

Hay barcos que ya no me visitan,
olas sin nombre que olvidan el regreso.

La lentitud descubre el eje de las tardes
bajo toldos de invierno.

Mi juventud alumbró las flores del cansancio,
su esfera múltiple, su resplandor en atrios de bienvenida,
su máscara como episodios de lluvia
y abril.

Hoy que admiro la patria inscrita en mi raíz,
observo las latitudes donde la hombría hizo surco
o venero la insensatez de la inútil amistad
o imploro por la nieve que nunca vi
en los ojos oscuros del mediodía.

Sí, las razones sobreviven a la astucia de los años,
su cascabel aún suena alegre entre trópicos,
ríos, aguas que no fluyen, incendios del deseo
y la noche.

En el mercurio de la finitud
los jardines sobrevuelan el miedo
con las alas del perdón y el azul de las horas
que han pasado, sin querer,
sin asomar su vientre
en la conciencia de este adiós
que masculla la insolencia del tronco añejo
como un tótem
en el horizonte gris de lo ido.

miércoles, 6 de enero de 2016

Cita de "El libro del desasosiego" de Fernando Pessoa

"Al final de este día queda lo que quedó de ayer y quedará de mañana: el ansia insaciable e innúmera de ser siempre el mismo y otro".

martes, 5 de enero de 2016

Amor maduro

Así, como las enredaderas que conozco, este hilo
que teje la sombra, la geometría inalcanzable de los
enigmas, el hueco que deja la luz cuando traspasa
el miedo. Te hablo de mi vida, cuando las pisadas
escriben ecos y no hay raíz ni episodios que resuman
lo no escrito. Soy la vértebra que no encontró lugar,
el mar que huye, los palacios que cierran las puertas
al olvido. Pero tu carne llega triste y me emociona su
luz de candil en la madrugada, dulce ser de mis horas.
Y si callo es por no sentir la madurez de tu huella, para
vivir de cara al mañana, sintiéndome yo, o casi o nada.
Todos los arpegios aventuran la noche, mi voz te busca ,
en los jardines perdidos, el relumbre del cristal se esconde
en la infinitud de las copas, mientras el silencio nos enfrenta
a los espejos. Y lo hace para darnos el sol de una sola vez,
como fantasmas que son cómplices del verdor que sufre
en las esquinas de este piso amable que no finge por ti
ni por mi, que nos amplifica como un rastro en la nieve
absurda del tiempo.

domingo, 3 de enero de 2016

El futuro

Es bonito compartir las cosas perdidas.
Una calle, el viento, el mar más oscuro,
las palabras alegres. Es bonito imaginar
que somos otros: tú conmigo, yo sin ti.
Porque el amor tiene un don oculto que
es la generosidad. Cuando te veo las águilas
azules regresan, por un momento somos uno:
tú con otro, yo sin mi. Entonces miro las nubes
del cielo, sus formas, tus formas, tan efímeras.
Y pienso en ti y en el otro, y es como si soñara
el futuro, un futuro en el que no estoy, tú si.

sábado, 2 de enero de 2016

Fin de año

El que espera cree en la risa del agua,
en la casa engalanada,
en el misterio de nacer y renacer
en si.

Luces que han heredado el amor de los vigías,
música que es un ritmo de zambombas y pasión,
cálices que no atisban el vino del ensueño.

La navidad es un soplo de alegría
que revierte en los cristales,
cruza bosques,
se ampara en las estrellas
de un abeto insomne.

Resulta un artificio
la infantil serenidad de los juegos
cuando la oración crece en la siesta de la tarde,
sobrevive a los murmullos del cántico
y se eleva hasta los círculos de la fe
con la gloria de las copas alzadas
hacia el destino
o la luz.

Bebamos, pues, la noche,
que los cuerpos suden la vida,
que bandadas de pájaros rocen la alegría
de saberse futilidad efímera,
claroscuro de estallidos
en el frenesí del alcohol.

Escucha cómo el champán añora los ecos del reloj,
se sabe refugio, soledad y costumbre.

¿Quién, entonces, revivirá el arco de la gratitud
si en un éxtasis las campanadas ya no vuelven,
si un beso inicia un año y da su adiós al otro?

Si del hoy al hoy solo existe un segundo,
yo quiero ser memoria.






viernes, 1 de enero de 2016

Marte, el dios amado



El hijo de la flor quiere ser guerrero, su estratagema
es la sabiduría del titan, su aprendizaje la esgrima del
deseo, la furia recóndita. Cualquiera puede desafiar
a un padre, sentir que la piel blanca de la lascivia se
muestra en los perfiles del mármol, aullar junto a la
palidez con ascuas de infierno. Es un augurio sentir
la fragua dibujar su prisión, porque la herencia del
Olimpo exige secuaces, no príncipes o altivas águilas
que sobrevuelen los desafíos. Un guerrero admite
la virtud de la piedra, es generoso y noble como
el alevín de un dios, quizá no mida su elocuencia
y en sus manos la justicia rompa los cántaros de
la luz, el episodio triste de la sangre. Al final, una
guerra es como cualquier otra guerra, el espíritu
del sueño crece en la gloria del combate hasta ser
imagen de pueblos, iconografía de hombres, la
hermafrodita sed de los conquistadores. Hoy quiero
concebir su pluma de plata, su escudo de bronce
y la sonrisa alada de un presente fértil. Alguien
habló de lobas sin patria. Yo digo que su lucidez
es el estigma del hoy, la flecha que apunta al futuro
con la ponzoña del amor.




Lluis Llach "Viatje a Itaca"