La laguna estigia es tu suelo.
Agua sobre agua en abril,
la razón que descubre tu imagen
perdida en los escaparates,
la duda invisible del horror.
Tengo equis años de insolencia
porque insolente es el tallo que no mira hacia atrás ,
como insolentes son las naves que anuncian
un mundo sin espejos en la lágrima adusta
del anciano.
Tú sabrás si hay una lógica para no querernos,
tú con tu pelo de espuma
y tus diálogos de niña,
tú que doblas las esquinas como un arlequín
-teatro del mundo
tu misterio.-
Mi voz no quiere hablar, su idioma es la luz,
su visión el paisaje y la música.
¿Para qué entender el sueño si ya no es virgen,
si el latido que fluye se entrecruza con la edad,
con los oscuros ejes del instinto,
con la máscara que desconoce
el perfil de tu rostro?
Sé donde vivo:
en los hemisferios del agua,
en la fiebre de los lobos,
en el dulzor de las columnas errantes.
Sé que la humedad
escribe rosas en el aire,
líquidas,
ausentes
como un manantial proscrito.
Si pudieras entender las cláusulas de un reloj,
si tu piel amara el segundo que rompe el ataúd,
si un icono vertiera su sangre en la inmediatez,
si el aullido entendiera el canto lúgubre de mi corazón;
seriamos instante sempiterno,
luz que enamora a la luz,
temblor de fábulas.
Ven y quemémonos bajo este sol
que no es tuyo, ni es mio,
ni es de los dos
ni es de nadie.
lunes, 30 de noviembre de 2015
domingo, 29 de noviembre de 2015
Alrededor de la luz(un poema de Eloy Sánchez Rosillo)
Casi sin ver la realidad del día
ni la certeza de su claridad,
ando en busca de ti, de los vestigios
de unos años, de un mar, de unos lugares.
Porque la sombra avanza y los astros escriben
sus órdenes fatales en mi frente,
y es triste a solas proseguir la angustia
de los caminos que iniciamos juntos.
Pensar un cuerpo es inventar la noche
de las islas perdidas, el fulgor
olvidado en los brazos de la hierba.
Es difícil ahondar en el silencio,
llenar de amor el hueco que el instante
abre en el grito con que te pronuncio.
No escucho la presencia de tus pasos
vigilando la herida de los versos escritos
ni el temblor desolado de la tarde
deja en mi voz el poso transparente
de lo que ardió y se fue y es ya elegía.
Seguir es regresar, volver al borde
del lecho aquel, de la blancura en llamas.
La soledad me dicta letras anochecidas
y las horas se duermen en el pulso del tiempo.
Vuelve a llamarme. Esparce tus designios
en las proximidades de otra hoguera.
Se acabará el sonido del invierno,
la mirada extendida, la sed de las palabras
El deseo que recuerda el color de unos ojos
descansará en la tierra que conoce.
Las calles arderán a mediodía
y cantará la luz entre mis manos.
ni la certeza de su claridad,
ando en busca de ti, de los vestigios
de unos años, de un mar, de unos lugares.
Porque la sombra avanza y los astros escriben
sus órdenes fatales en mi frente,
y es triste a solas proseguir la angustia
de los caminos que iniciamos juntos.
Pensar un cuerpo es inventar la noche
de las islas perdidas, el fulgor
olvidado en los brazos de la hierba.
Es difícil ahondar en el silencio,
llenar de amor el hueco que el instante
abre en el grito con que te pronuncio.
No escucho la presencia de tus pasos
vigilando la herida de los versos escritos
ni el temblor desolado de la tarde
deja en mi voz el poso transparente
de lo que ardió y se fue y es ya elegía.
Seguir es regresar, volver al borde
del lecho aquel, de la blancura en llamas.
La soledad me dicta letras anochecidas
y las horas se duermen en el pulso del tiempo.
Vuelve a llamarme. Esparce tus designios
en las proximidades de otra hoguera.
Se acabará el sonido del invierno,
la mirada extendida, la sed de las palabras
El deseo que recuerda el color de unos ojos
descansará en la tierra que conoce.
Las calles arderán a mediodía
y cantará la luz entre mis manos.
sábado, 28 de noviembre de 2015
Los malos días
Hay días que no miran al sol. Al contrario
descienden al escalofrío, subyugan el amor.
Hay días de cansancio que sobrevuelan la piel
marchita. Y ojos que sufren el daltonismo del miedo
cuando asoma la libertad entre la hojarasca imberbe.
Hay días en que no quisiera ver el rostro de quien
me acompaña, pero son los menos.
descienden al escalofrío, subyugan el amor.
Hay días de cansancio que sobrevuelan la piel
marchita. Y ojos que sufren el daltonismo del miedo
cuando asoma la libertad entre la hojarasca imberbe.
Hay días en que no quisiera ver el rostro de quien
me acompaña, pero son los menos.
Fidelidad
Me gustaría creer que empieza por el amor,
por una luz o un sol. Después son episodios
de costumbre y desdén, de álgebra, de fuegos
artificiales, de experiencia y camino. Nunca
descubro otra sombra que el perfil que no
hiere. La bondad, la ternura, el odio amable,
el orgullo, la plenitud de compartir un horizonte
esquivo. Tú y yo en la edad de los mitos, tú
-también yo- en la memoria que se iza como
un geiser de esperanza. La negación de los espejos
porque pueden más la gratitud y la caricia amante.
Nuestra preocupación por el niño que crece, el lazo
que se encumbra junto a la sordidez de los días.
Y el cumplimiento del sigilo, día a día, como
raíces que plantan las bandera de este existir
que infinitamente nos une.
por una luz o un sol. Después son episodios
de costumbre y desdén, de álgebra, de fuegos
artificiales, de experiencia y camino. Nunca
descubro otra sombra que el perfil que no
hiere. La bondad, la ternura, el odio amable,
el orgullo, la plenitud de compartir un horizonte
esquivo. Tú y yo en la edad de los mitos, tú
-también yo- en la memoria que se iza como
un geiser de esperanza. La negación de los espejos
porque pueden más la gratitud y la caricia amante.
Nuestra preocupación por el niño que crece, el lazo
que se encumbra junto a la sordidez de los días.
Y el cumplimiento del sigilo, día a día, como
raíces que plantan las bandera de este existir
que infinitamente nos une.
Fragmento de "Los muertos" de James Joyce
"Lágrimas generosas colmaron los ojos de Gabriel. Nunca había sentido aquello por ninguna mujer, pero supo que ese sentimiento tenía que ser amor. A sus ojos las lágrimas crecieron en la oscuridad parcial del cuarto y se imaginó que veía una figura de hombre, joven, de pie bajo un árbol anegado. Había otras formas próximas. Su alma se había acercado a esa región donde moran las huestes de los muertos."
viernes, 27 de noviembre de 2015
O noso sitio

A mesa é un cuadrángulo que non nos pertence.
O borboteo das palabras anuncia a sede de futuro.
Mirámonos sen entender o aullido da música, o vaso
que dilúe o seu arco iris cego. É curioso que un
admita a penumbra mentres a gargallada convida
a ser alcol entre nubes, grandilocuencia no mapa
que non sente a bágoa do día, só a calor das
noites eternas.
La mesa es un cuadrángulo que no nos pertenece.
El borboteo de las palabras anuncia la sed de futuro.
Nos miramos sin entender el aullido de la música,
el vaso que diluye su arco iris ciego. Es curioso que
uno admita la penumbra mientras la carcajada invita
a ser alcohol entre nubes, grandilocuencia en el mapa
que no siente la lágrima del día, solo el calor de las
noches eternas.
jueves, 26 de noviembre de 2015
Mi compañera
Es como abrir
un manantial que no cesa.
La visión de un cuerpo,
el lazo de la palabra,
la comunión de los ojos en la aventura,
el sinsabor de las horas muertas,
los espejos que no creen
en la virtud amable del hastío.
Hay zarcillos que nunca se ven,
aros imperceptibles,
miradas que deshabitan
el silencio del adiós.
Basta con que las sombras
aprendan a caminar juntas
igual que un recorrido por cumplir
o un misterio
que solo dos labios
saben pronunciar tras el eclipse de un rumor.
¿Qué somos? ¿una cruz
sin el álgido vaivén del abrazo,
un pilar que desdobla sus aristas de piedra
hasta un beso de eternidad?
¿Quizá la insolencia de compartir lo único?
un manantial que no cesa.
La visión de un cuerpo,
el lazo de la palabra,
la comunión de los ojos en la aventura,
el sinsabor de las horas muertas,
los espejos que no creen
en la virtud amable del hastío.
Hay zarcillos que nunca se ven,
aros imperceptibles,
miradas que deshabitan
el silencio del adiós.
Basta con que las sombras
aprendan a caminar juntas
igual que un recorrido por cumplir
o un misterio
que solo dos labios
saben pronunciar tras el eclipse de un rumor.
¿Qué somos? ¿una cruz
sin el álgido vaivén del abrazo,
un pilar que desdobla sus aristas de piedra
hasta un beso de eternidad?
¿Quizá la insolencia de compartir lo único?
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