Hay una rutina inverosímil en cada objeto,
una duración que no ha pedido ser,
una permanencia que contradice
la raíz y el don de fluir.
Alrededor mi carne es tránsito
que da vida a la casa
porque los recuerdos invaden
con su telaraña maliciosa
la quietud fría
de la materia.
Si miro la fragilidad de la porcelana,
el cristal y sus aristas,
la majestuosidad de las figuras de caoba,
el lapislázuli irisado,
los souvenirs de piedra oscura,
las camisetas con dibujos de dragón,
las fotografías en países sin memoria
ni identidad; todo lleva como una orla mi vivencia,
mi paso volátil entre los días
que una vez fueron piel y verdad
en la encrucijada del deseo.
¿Por qué, entonces,
apenas me fijo en su curvatura,
en su peso y sus formas,
por qué siempre es el sonido,
la urgencia, la inmediatez de los vicios diarios
quienes absorben la energía débil del futuro?
Hoy, sin embargo, existe un tiempo que vaga
junto a la objetividad simple de las cosas,
les da razón, las convierte en camino poblado de risas
y de amor, de experiencia instalada en la sangre
como un retrato inmanente, como una huella
de pálpitos que se hace oír con su trote imaginario,
con su voracidad por recobrar la fe perdida.
Los objetos me salvan de mí,
son el territorio que destruye la prisión del existir
con sus alas de adiós, con la claridad nunca estéril
de un sol interior que se sabe tan eterno como mi ser,
tan real como este presente
que tan a menudo me niega.
martes, 21 de julio de 2015
sábado, 18 de julio de 2015
Once confesiones al padre
I
La palabra entre los dos es un círculo roto.
II
¿Quién puede gobernar el miedo
desde los pilares de la justicia?
III
Desconocer la piel
es no conocer lo simple.
IV
Hay pasos que siempre son de ida,
hay mariposas que jamás se dirigen al sur.
V
Tu sombra se aleja como un témpano
en el calor de la tarde.
VI
Tu rotundidad se escribe en los diarios,
en las manos que se posan sobre hombros ajenos,
en la lectura de libros irreales
bajo cúpulas abstractas.
VII
¿Y si vuelve el hilo a ser madeja de amor,
semilla en la longitud
de este árbol desahuciado?
VIII
Quien mira en lo próximo
sabe que la luz crece
en los metros cuadrados del susurro.
IX
Puede que en ti
aún exista la bondad
de los hombres mínimos.
X
Tan mínimos como el universo de los rincones azules,
confín de estrellas, emoción que late
en la cercanía del amor.
XI
Hoy tus hijos te escriben
desde la caricia olvidada.
La palabra entre los dos es un círculo roto.
II
¿Quién puede gobernar el miedo
desde los pilares de la justicia?
III
Desconocer la piel
es no conocer lo simple.
IV
Hay pasos que siempre son de ida,
hay mariposas que jamás se dirigen al sur.
V
Tu sombra se aleja como un témpano
en el calor de la tarde.
VI
Tu rotundidad se escribe en los diarios,
en las manos que se posan sobre hombros ajenos,
en la lectura de libros irreales
bajo cúpulas abstractas.
VII
¿Y si vuelve el hilo a ser madeja de amor,
semilla en la longitud
de este árbol desahuciado?
VIII
Quien mira en lo próximo
sabe que la luz crece
en los metros cuadrados del susurro.
IX
Puede que en ti
aún exista la bondad
de los hombres mínimos.
X
Tan mínimos como el universo de los rincones azules,
confín de estrellas, emoción que late
en la cercanía del amor.
XI
Hoy tus hijos te escriben
desde la caricia olvidada.
Inicio de "La peste" de Albert Camus
"Los curiosos acontecimientos que constituyen el tema de esta crónica se produjeron en el año 194... en Oran. Para la generalidad resultaron enteramente fuera de lugar y un poco aparte de lo cotidiano. A primera vista Oran es, en efecto, una ciudad como cualquier otra, una prefectura francesa en la costa argelina y nada más. La ciudad, en sí misma, hay que confesarlo, es fea. Su aspecto es tranquilo y se necesita cierto tiempo para percibir lo que la hace diferente de las otras ciudades comerciales de cualquier latitud. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra? El cambio de las estaciones sólo se puede notar en el cielo.La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire o por los cestos de flores que traen a vender los muchachos de los alrededores; una primavera que venden en los mercados. Durante el verano el sol abrasa las casas resecas y cubre los muros con una ceniza gris; se llega a no poder vivir más que a la sombra de las persianas cerradas. En otoño, en cambio,un diluvio de barro. Los días buenos sólo llegan en el invierno".
lunes, 13 de julio de 2015
Fragmento de "Una temporada en el infierno" de Arthur Rimbaud
" Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que todos los corazones se abrían, en el que todos los vinos se escanciaban.Una tarde, senté a la Belleza en mis rodillas. - Y la encontré amarga. - Y la cubrí de insultos.Me armé contra la justicia. Escapé. ¡Oh brujas, miseria, odio: a ustedes les confió mi tesoro! Logré que se desvaneciera en mi espíritu toda la esperanza humana. Sobre todo la alegría, para estrangularla, salté como una fiera, sordamente".
Tarde de otoño
Nadie puede equivocarse
cuando camina tantas veces
entre columnas,
pilares, árboles
que guardan una simetría atroz.
Ni siquiera la lluvia
va a borrar el mapa de abril
ni las hojas tristes del invierno
volarán hacia otra ruta
que no sea el cálido eco del ayer.
A menudo te veo en el mismo parque
con la lectura indescifrable del silencio.
Hay un ángel sin rodillas
que cubre tu atmósfera de monja núbil.
En fin, son imaginaciones mias
las lineas donde escribes tu sonrisa,
lo mismo que los pájaros
cuando agitan sus alas
ante el temblor de la alegría.
Estas calles roban al sol su símbolo,
se estrechan igual que laberintos
que besaran mejillas inalcanzables.
A veces la luz crepita en las gotas
y crea simulacros de amores encendidos
que imaginan la penumbra
en futuros ignotos.
Y es fácil comprender
cuál es el episodio
que navega en los párpados del devenir.
Surge el brillo en baldosas sin nombre,
yo escucho las oraciones de este viernes lánguido,
mientras pienso que no existen otoños
en la humedad de mi ansia.
Alli vive el resplandor
de los dieciséis años cumplidos.
cuando camina tantas veces
entre columnas,
pilares, árboles
que guardan una simetría atroz.
Ni siquiera la lluvia
va a borrar el mapa de abril
ni las hojas tristes del invierno
volarán hacia otra ruta
que no sea el cálido eco del ayer.
A menudo te veo en el mismo parque
con la lectura indescifrable del silencio.
Hay un ángel sin rodillas
que cubre tu atmósfera de monja núbil.
En fin, son imaginaciones mias
las lineas donde escribes tu sonrisa,
lo mismo que los pájaros
cuando agitan sus alas
ante el temblor de la alegría.
Estas calles roban al sol su símbolo,
se estrechan igual que laberintos
que besaran mejillas inalcanzables.
A veces la luz crepita en las gotas
y crea simulacros de amores encendidos
que imaginan la penumbra
en futuros ignotos.
Y es fácil comprender
cuál es el episodio
que navega en los párpados del devenir.
Surge el brillo en baldosas sin nombre,
yo escucho las oraciones de este viernes lánguido,
mientras pienso que no existen otoños
en la humedad de mi ansia.
Alli vive el resplandor
de los dieciséis años cumplidos.
viernes, 10 de julio de 2015
La pitonisa
Tus ojos son blancos, Casandra.
Recuerdo tus rizos,
tus mejillas sin nubes,
tu mirada inalcanzable
al orgullo y la muerte.
Es fácil cuando se conoce la verdad,
es fácil el designio, el verbo tránsido,
las rosas sin fin como luz herida.
No llores aunque la plata desnude tu nombre,
no pienses en la memoria del sol,
tu fantasía de relámpagos,
de brillo y dulzor.
Tú sabes que es un cataclismo la claridad perfecta
y sabes que no existe otro reloj
que la saeta que adivina
la duda grave de un corazón.
Caerán las murallas,
la cicatriz de tu hermano será júbilo
en otra piel de conchas y mar,
en el occidente de un imperio,
en la gravedad de la caída.
¿Quién conforma tus silabas,
a qué ave negra sucumben tus oráculos
de grito y dolor?
Nada, nadie(quizá el titere que ambiciona las islas
o la lucidez de un destino sin raiz ni sueños)
podrá elegir la calavera
de este tiempo de dagas invisibles,
de sudor en los patios
de una clarividencia
que no ha encontrado aún
su ayer victorioso.
Recuerdo tus rizos,
tus mejillas sin nubes,
tu mirada inalcanzable
al orgullo y la muerte.
Es fácil cuando se conoce la verdad,
es fácil el designio, el verbo tránsido,
las rosas sin fin como luz herida.
No llores aunque la plata desnude tu nombre,
no pienses en la memoria del sol,
tu fantasía de relámpagos,
de brillo y dulzor.
Tú sabes que es un cataclismo la claridad perfecta
y sabes que no existe otro reloj
que la saeta que adivina
la duda grave de un corazón.
Caerán las murallas,
la cicatriz de tu hermano será júbilo
en otra piel de conchas y mar,
en el occidente de un imperio,
en la gravedad de la caída.
¿Quién conforma tus silabas,
a qué ave negra sucumben tus oráculos
de grito y dolor?
Nada, nadie(quizá el titere que ambiciona las islas
o la lucidez de un destino sin raiz ni sueños)
podrá elegir la calavera
de este tiempo de dagas invisibles,
de sudor en los patios
de una clarividencia
que no ha encontrado aún
su ayer victorioso.
jueves, 9 de julio de 2015
Inicio de "La metamorfosis" de Franz Kafka.
"Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos".
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