lunes, 22 de junio de 2015

Orestes o la venganza imperfecta



¿Por qué hay sombras en los pechos más puros?

La victoria es un árbol
que magnifica el desencuentro.

Mi orgullo sin pasión recuerda lo que no vi
en las tempranas rocas del dolor.

Lejos, en las áridas praderas del exilio,
incauto como un lobo entre las vides de la dulzura
hasta el brillo y los eclipses que saludaron mi puñal
con hojas de acanto y muerte.

Oh,tú! hermana que no lloras,
lánguido el tronco de tu verdad
como presagio de un destino necesario y múltiple,
como largas túnicas que se visten de sangre
en el aullido del no ser.

Mi victoria recibe ecos de incansables páramos,
de gritos que hieren mi razón con coros de penumbra.

Las Erinias, sí, espantosas como caballos sin bridas,
rojas igual que dentelladas de un sol inclemente.

Me seduce el mensaje que dice no al misterio.

Hay una travesía hacia templos sin mar,
en la cúspide dormita la diosa,
arrodillada en la piedra,
desnuda como un mapa de sal.

Yo no entiendo el clamor de las llaves oscuras,
en el seno de mi raíz perdida
surge la estación de la dicha
con coronas de añoranza.

Y volver a la ciudad, al reino, con dalias negras
sin entender que el sacrificio es una mentira
para que en los confines de la igualdad
yo sea el último espejo que revienta la lógica
y encumbra el abismo
como una huella ignota.

sábado, 20 de junio de 2015

Palabras

Te dí mi verbo como un corazón roto.
Hablaba el títere con voz de margarita,
herias con las manos el aire fértil para
concebir las horas que no existieron.
Hay magia en esta taza que yace fría
sobre el mantel bordado. Como un chicle
las palabras se estiran en tus labios de azul.
La noche es un búho que se aleja, se aleja.

jueves, 18 de junio de 2015

En mi ventana

Yo te dejo la palabra en mi sed.
Juegan las manos con el solsticio
tras el crepúsculo de la luz. Es asi el
vidrio, una luciérnaga o un espejo
sin edad. No sé de la memoria de
otras voces, el silencio es un don
o una muerte o la aguja de las horas
inconfesables. Afuera llueve, responden
las arañas de este candil con lágrimas
de insomnio, música sin éxtasis en caballos
de agua. Volveré a tu huella como un camaleón
que subió las escalinatas impúberes antes de la
iluminación del incienso y los círculos. Siempre
hay jazmines de orgullo bajo cítaras sin luz.
A menudo es tarde en los ojos de la lluvia.
No existe otra interrogación que tu adiós.



miércoles, 17 de junio de 2015

Fragmento de "Calígula" de Albert Camus



"CALÍGULA: Piensas que estoy loco, ¿no?

HELICÓN: Sabes muy bien que no pienso. Soy demasiado inteligente para hacerlo.

CALÍGULA: Ya. Bueno. El caso es que no estoy loco, y hasta te diré que nunca he estado tan cuerdo. Sencillamente, he sentido un anhelo imposible. (Una pausa) No me gusta cómo son las cosas.

HELICÓN: Es una opinión bastante extendida.

CALÍGULA: Cierto. Pero hasta ahora no lo sabía. Ahora lo sé. (Con la misma naturalidad.) No soporto este mundo. No me gusta tal como es. Por lo tanto, necesito la luna, o la felicidad, o la inmortalidad, algo que, por demencial que parezca, no sea de este mundo.

HELICÓN: El razonamiento tiene coherencia. Pero, en términos generales, no puede llevarse hasta sus últimas consecuencias.

CALÍGULA: (Levantándose, pero con la misma naturalidad.) Qué sabrás tú. Precisamente por no llevarlo hasta sus últimas consecuencias nunca se logra nada. Pero quizá baste con que sea lógico hasta el final. (Mira a HELICÓN.) También ahora sé lo que piensas. ¡Cuánto lío por la muerte de una mujer! No, no tiene nada que ver con ella. Creo recordar, es cierto, que hace unos días murió una mujer a la que yo amaba. Pero ¿qué es el amor? Poca cosa. Esta muerte no supone nada para mí, te lo juro; simplemente me indica una verdad, una verdad que me lleva desear la luna. Es una verdad sumamente clara y sencilla, y aunque sea un poco tonta, cuesta descubrirla y también sobrellevarla.

HELICÓN: ¿Cuál es esa verdad, Cayo?

CALÍGULA: (Mirando hacia otro lado, en tono neutro.) Los hombres mueren y no son felices".

lunes, 15 de junio de 2015

"Una sola nota musical para Holderlin" poema de Pere Gimferrer

Si pierdo la memoria, qué pureza.
En la azul crestería la tarde se demora,
retiene su oro en mallas lejanísimas,
cuela la luz por un resquicio último, se extiende
y me delata
como un arco que tiembla sobre el aire encendido.
¿Que esperaba el silencio? Príncipes de la tarde,
¿qué palacios
holló mi pie, que nubes o arrecifes, qué estrellado país?
Duró más que nosotros aquella rosa muerta.
Qué dulce es al oído el rumor con que giran los planetas
del agua.

domingo, 14 de junio de 2015

La playa al amanecer



Como una mentira azul
que el mar tiñe.

Aún recuerdas el paseo y la bruma,
las mañanas de aprendizaje
con el olor salino
y la inquietud por vencer.

¡Qué frágil la aventura del suspiro,
del rayo y la balaustrada que llora!

No deja rastro el áureo desliz,
tus pies olímpicos lamen las llagas
de un océano amable, crepitan las banderas
como hojas de musgo
sin entender el símbolo
ni la historia
ni el desdén.

La luz es otra en el ombligo del faro,
baila, elige el teatro de las sirenas
donde brilla el ósculo infantil de Ulises,
la mirada agria de los peces.

¿Cuántos quilómetros de sed afloran en mi,
qué ambivalencia iluminará las calles,
las esquinas del suburbio?

Hay un río de plata sobre la estela del mar,
un reflejo de collares en tus labios de espuma,
crestas de marfil en las caracolas que titilan
bajo este amanecer sombrío.

Dicen que dios
dormita entre las nubes como un pífano rojo,
pienso en ti cuando dibujo las aletas
de la callada noche
y te creo anfibia,
rosa de agua,
clavel de navíos
en mi pupila inmortal.

viernes, 12 de junio de 2015

El extraño

Quiero ser yo y no puedo.

Me desvivo en lo que vive
como un fanal sin luz.

Detrás
la góndola de un país no conocido,
los puentes que cruzan sus brazos de árboles rotos
o rios de un verde que no atisba la raiz
del color.

Su tiniebla.

Todos los países son este rubor que me acompaña.

Como un perro las huellas transitan el latido,
el amor constante de la muerte.

Mi sed desactiva el paisaje imperfecto de los relojes
(quisiera tu voz en una plaza desnuda
bajo el manto de los desagues,
en el incendio de las baldosas
cuando la música hereda el racimo
de lo que huye hacia sí
como un oráculo).