El cielo fulgurante es solo un recuerdo.
Descubrir otros círculos de oscuridad
donde la maquinación sea simple
y la monstruosidad vele.
¿Se aman así los cuerpos libres,
igual que un sonido que reverbera
en las partículas de la efigie?
Hay lentitud en esa atracción infantil,
las miradas se esconden en los patios
de un ayer destrozado, puntualmente
la luz fría de las tabernas
describe una red de sueños incólumes,
de aventuras tardías,
de pasos invencibles
sin crepúsculo.
Porque nace el cosmos
en las junturas de dos corazones desleídos
y se suman las horas del continuo viaje
y se visitan ríos, iglesias,
parques, las incendiadas olas
de un mar albino.
Y se entregan las manos como dones
mientras se busca en el placer
un nombre desconocido
que desvirgue
la luz.
Ya somos tiempo a la deriva,
bruñidos supervivientes del tránsito,
almas sin gloria
ni fe,
circunloquios
que el azar desnuda.
Hoy no nieva en la memoria de los peces.
domingo, 9 de marzo de 2014
jueves, 6 de marzo de 2014
Blancanieves se despide de los siete enanos(un poema de Leopoldo Maria Panero)

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.
miércoles, 5 de marzo de 2014
martes, 4 de marzo de 2014
La vida recobrada
Otra claridad,
menos metálica,
más amiga.
En las vallas la faz es un latido,
flores amarillas y olor a piélago,
mujeres cuya negritud enseña un ayer
conmovido, una razón oscura.
Este cuerpo reconoce la magia de la luz,
los paisajes como piel de un territorio recobrado,
la memoria dulce de las algas.
Ahora se trata de recobrar la huella,
tal vez de construir el signo
que adelante el futuro
o la cruz imaginaria que no pese
o la sombra que sea sombra
de un camino azul.
Y vuelve la madre
igual que una salmodia vespertina
que acaricia las manos rotas de la amistad,
y pide un oasis, una latitud, una quimera.
Y es allí, en el hemisferio de paredes afelpadas
que sudan el devenir de los códigos,
en la mirada que dice si y dice no,
en el saludo que la mudez corona
como liturgia de hermandad
donde el paso estéril del futuro
engarza sus hilos y teje
los símbolos del sexo,
el gen dorado y aún desconocido
de la historia frágil.
Nada hay más creíble que tus piernas esquivas
que giran bajo la falda del ensueño
ni existe otra verdad que no sea la locura
de este gira-mundo, nervioso y dúctil
como la noche.
Hablo del principio de un viaje astral,
en él sigue este aliento
que sufre la bondad del delirio,
que no acaba
ni comienza
en ti.
menos metálica,
más amiga.
En las vallas la faz es un latido,
flores amarillas y olor a piélago,
mujeres cuya negritud enseña un ayer
conmovido, una razón oscura.
Este cuerpo reconoce la magia de la luz,
los paisajes como piel de un territorio recobrado,
la memoria dulce de las algas.
Ahora se trata de recobrar la huella,
tal vez de construir el signo
que adelante el futuro
o la cruz imaginaria que no pese
o la sombra que sea sombra
de un camino azul.
Y vuelve la madre
igual que una salmodia vespertina
que acaricia las manos rotas de la amistad,
y pide un oasis, una latitud, una quimera.
Y es allí, en el hemisferio de paredes afelpadas
que sudan el devenir de los códigos,
en la mirada que dice si y dice no,
en el saludo que la mudez corona
como liturgia de hermandad
donde el paso estéril del futuro
engarza sus hilos y teje
los símbolos del sexo,
el gen dorado y aún desconocido
de la historia frágil.
Nada hay más creíble que tus piernas esquivas
que giran bajo la falda del ensueño
ni existe otra verdad que no sea la locura
de este gira-mundo, nervioso y dúctil
como la noche.
Hablo del principio de un viaje astral,
en él sigue este aliento
que sufre la bondad del delirio,
que no acaba
ni comienza
en ti.
sábado, 1 de marzo de 2014
Los dias neutros

A menudo el después no sobrevive.
Hay un único territorio que ya
no es azul. Los ritmos buscan
el pálpito de la noche igual que
gorriones sin cielo. Las palabras
dejan de ser luz, misterio y canción.
La terrible costumbre de los días
neutros se posa en la piel vistiendo
un humo senil como frío o tenaza.
Tal vez-te dices- otro paisaje, otras
lenguas, otro mar sirvan como don,
milagro o aurora. Pero es inútil habitar
la mentira, podrás mudar el rostro,
proseguir aún, lo mismo que un eje
que se atornilla a la madurez, encender
las espitas de la voluntad y destruir
el soliloquio de la inocencia. Seguiréis
siendo tú y la vida, la vida y tú.
Tránsito
La piel traslúcida del azar,
el vibrante frenesí de los
músculos, la imaginación
y el sueño, la historia que teje
la singladura de una vida,
el aliento que cae, la desnudez
de los años, la nostalgia
de un paraíso, la finitud
de los ojos grises, el ayer.
el vibrante frenesí de los
músculos, la imaginación
y el sueño, la historia que teje
la singladura de una vida,
el aliento que cae, la desnudez
de los años, la nostalgia
de un paraíso, la finitud
de los ojos grises, el ayer.
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