martes, 30 de agosto de 2011

Junto al río

Ya no existe muro ni canción ni aventura.
El inmaculado puente anuncia el candil
de un templo. He visto el color como un
enjambre sin luz. Los pasos, los pasos que
nos llevan al cuello de la golondrina, a la
supremacía del cristal, a los ecos del sol
que navegan. Es bonito el símbolo de los carteles,
la mecánica de un brazo que roza la fibra
del emblema. Primero un galeón, casi analfabeto,
con su cobre dormido y su agua y sus laberintos
sin memoria. Después la orgullosa catedral
como una rama del inútil mercado, como un bonito
espejo en el azul. Me gusta la armonía de este ajedrez
donde crujen las especias y no existe el miedo
al sabor, a la luz, a los extraños olores de un país.
Y después la llama que el museo ha vestido de
nieve(adobe y jazmín, vidrios que inundan la paz,
escaleras mecánicas y cuadros escondidos
como nenúfares insomnes). Sí, la ciudad
me enseña su gran pecho blanco y yo cabalgo
sus vértebras y pienso en hombres de hojalata,
en escudos que han desnudado su invierno,
para ser ahora el río sin maquillaje o la
curiosa sombra de los horarios en sándwiches
de espuma. Volveré como vuelve el ruiseñor
a su canto, con mis heridas de niño y mis omoplatos
vacíos de añoranza.

lunes, 22 de agosto de 2011

Dormir contigo

¿Son estos los copos del frío? El tren se arrodilla,
es un cadáver en la atmósfera azul.

La noche duerme virgen sin un oasis en su luz roja.

Ha vuelto la mañana con agujas de plomo y hay voces
de dinosaurio que no exhiben un sol.

Soy carne que se desploma o la quilla de un buque
que amanece en un baúl de insomnios.

Es suficiente el filo de una palabra para encontrar la luz perdida.

Hablamos como caracoles que regresan al punto en que se cruzan
los orangutanes y el miedo, la sinrazón y el hechizo.

Tu risa divide el tiempo como un corazón sin algas ni marfil.

Después de la isla el combate de un guiño, los pasos de un ejército
que se agota en tu vientre. Como la imposible edad de las mandrágoras,
el mezcal de tu sexo.

sábado, 20 de agosto de 2011

Un poema de Miguel Labordeta(1.921-1.969)

MOMENTO NOVEMBRINO

Largos versos escribo con mi pluma de ave.
Llueve en la lejanía. Dieron las once en punto
en la vieja oficina.
En la esquina de enfrente llora un recién nacido.

No estoy triste ni alegre. Más bien un poco turbio,
un poco espada, un mucho vagabundo magnífico
profano de caricias.

Llueve en la lejanía. Dieron las once en punto
en la vieja oficina.
En la esquina de enfrente llora un recién nacido.

Todo se ha vuelto claro. Nada tiene importancia.
Mi apellido no existe, pues todo fue quimera,
y mi nombre marchitó los espejos dentro de cinco siglos.
Cada espectro de Luna
me voy muriendo un beso.
Cada gota de sol
surjo un instante de oro
de mi pus y mi sueño.
Rasgo todas mis máscaras con un signo de paz.
No quiero ya más templos donde roben mi vuelo,
sino intemperie pura que incendie mi caída.
No más engaños ya. Toda verdad es vana,
casi mentira sólo.
Tienen todos los labios un cárdeno regusto
a planeta perdido sin importarle cómo.

Miradme. Estoy sin amo. Como un perro sarnoso.
Mi astrónomo amigo ha huido.
No acudió a la cita de la cena.
Se enamoró del Polo de los Cielos.
Tuvo suerte en su lid.
Berlingtonia-Madre-Galaxia-Novia
le reclamo habitante del mar de las esferas
sin carta de llamada ni pasaporte fijo.

En la mágica caverna del cinema
cojo a mi amor la tierna mano fría:
Eres mi dulce odio, emboscada de instinto
hecho con látigo de hechizo tililante.
Mis lascivos propósitos riñe mi niña buena:
¿Por qué no acudes a misa de una y media,
sosito mío...?
¿Por qué no trabajas
como cualquier hombre decente
y ganas un sueldo honorable
con seguro de vida y una vejez tranquila?
¿Por qué escribes suciedades
que además nadie compra
si la vida es bonita
y hay meriendas tan ricas
donde se baila el vals?

Llueve en la lejanía. Dieron las once en punto
en la vieja oficina.
En la esquina de enfrente llora un recién nacido.

Fabrico espantapájaros. Al estío le sucede el otoño.
Doy clases de Historia a cretinos simpáticos.
Cada curso tengo un bolsillo menos y una calva más amplia.
A veces oigo música anónima y lloro como un tonto.
Ciertas tardes de fiesta me encierro con mi pena allá dentro.

Pero también acudo los domingos
a los campos de fútbol o a las plazas de toros,
y vislumbro en lo alto de las torres de anuncios
a la pálida doncella inexorable
sonriendo con su puñal de nube
a la ululante muchedumbre
de energúmenos en flor,
¡espléndida cosecha de calaveras para el año 2000!

Ha llegado un telegrama de cementerio-Aries:
«Sin hora liquidada. Astrónomo amigo
paso sin novedad toda orilla celeste. (Stop).
No volverá jamás. (Stop.) Hasta la vista. (Stop.)»

Llueve en la lejanía. Dieron las once en punto
en la vieja oficina.
En la esquina de enfrente llora un recién nacido.
Con mi pluma de ave escribo largos versos.

domingo, 14 de agosto de 2011

La añoranza

Añoranza. Qué palabra más bonita y qué palabra más triste, también. Rebuscando en el baúl de los poemas me encontré con éste que en su momento decidí no publicar. No me gustaba y sigue sin gustarme. Pero trata precisamente de ese tema: la añoranza. Así que no tengo más remedio que sacarlo a la luz. Doy las gracias de antemano a quien se anime a leerlo.




ES LA AÑORANZA

Quien vuelve a la ciudad antigua
ya no encuentra su nombre.

No hay eco en los pasos mudos
ni la oscura raíz dibuja un sueño
o su atardecer.

Nada se esconde bajo la luz de aquel cristal.

Mi memoria finge su nocturnidad,
mi memoria es un alfil que viaja al olvido.

Así los ojos crueles del huracán llegan lentos
y te rozan como una caricia o un abrigo
sin vértebras.

Es la añoranza.

lunes, 8 de agosto de 2011

Cada día es un milagro

Un hogar que se rompe en sábanas.
El llanto en la discoteca o el fulgor
de los trenes. Una voz en el plenilunio,
otra en la curtida raíz de un mapa.
La felicidad es cosa siniestra,
sin armazón, sin orgullo ni latido.
Vi plazas cuyo nombre desconozco
escritas en la piel del nómada.
Y palabras como golondrinas
que aletean un signo en el microscopio
del azul. Jamás lloré a pesar del olvido
que deshoja mi muerte. Porque cada día
es un milagro y cada noche un oscuro
murciélago nos regala su luz. Aquí continúo,
aquí persigo lo que ya no soy. La sombra
de mi sombra. El ayer de mi ayer.


viernes, 5 de agosto de 2011

Definir la pasión

Como ríos de magma en la sien.
Y a veces un cuchillo o un motor
que late sin horarios. Una imagen
que destruye la razón y la columpia.
Un sol sin ventrículos ni mar.
El espejo de los espejos, la sed
de la sed.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Seguramente conocéis esta canción de Silvio Rodríguez. Hoy, un dia de verano, en el que me siento algo triste y melancólico, me apetece ponerla aquí.