Cuánta ternura en la nieve que cae bajo el asombro del día.
Así eres tú, silencio en la quietud que se disgrega
formando pétalos de agua, flor lívida tu piel blanquecina
con racimos de escarcha en los pechos, rocío que moja
el ardiente flujo de la pasión y deja un rictus en el rostro
de filamento herido por la fría nube de un pálpito helado.
La nieve calla su historia de tapiz y nombra la cadencia del aire
donde baila la hilatura de los ejércitos mudos,
aquellos que colonizan los paisajes de marzo
con las flores frágiles de su cabellera alba.
Nieve sin arpegios, nieve de ángel en mis ojos que lloran nieve.
Luna, ven a mí, no dejes caer esta lágrima de hielo que asoma
en las pestañas como un dibujo de cristales hexagonales
derramándose por el jardín sin abrigo de la hipotermia.
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