sábado, 31 de diciembre de 2016

La enfermedad golpea y yo estoy lejos

Se había asomado el monstruo.

Fingía en las páginas del libro
una mordaza
o dientes que afilan su odio en mi cerviz.

Allí junto al ocaso
yo escribía un destino de sexo,
de vértebras, de luz ausente de mí,
lejos de la voz dulce.

Y se alzó el brazo incoloro,
me dijo: hay que ir a la casa de los duendes
donde se calcina tu ayer.

La carretera no existe,
ni el bosque, ni el carril de un solo signo
que me devora como un alud.

¿la casa?
sí, la geometría que yace en la profunda elipsis
de un sueño(un teléfono encendido, sonoro,
cuádruple, aquel espejo dorado
donde una vez vivió mi fe,
armarios cuya lágrima encendí en la noche del delirio
cuando los gendarmes llevaban caracolas en sus vientres).

Solo en la inutilidad del refugio entendí el sinsentido.

El pecado eres tú me dice su voz de meteoro,
la madre escucha el trueno del adiós
y todo es la inhóspita red de una mentira.

¿Quién atiende a la frase que deja una raíz en mi nombre?

Tan lejana de la razón,
tan fuera de esa verdad múltiple
que hay palomas que ya no vuelven a la plaza.

No, no soy yo el ejército que salvará la luz,
en otro-el innombrable-surgirá un sol,
en las heridas, en el futuro que aún no parió
mi ausencia.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Antes y después

Pesa el oro blanco de la piel. Su vestido
ocre abierto como una luz húmeda. Habrá
un futuro de mariposas y otro de labios tristes.
Habrá silencios, ojos sin fe, espaldas que sueñan.
Y una perversidad en el amor y otra en este lánguido
gesto que nos une en el adiós.

martes, 27 de diciembre de 2016

Perdido



Dónde la verdad que espera un refugio o una sombra.

Siempre creí ser otro tras este cuerpo
que va después de la duda,
que no piensa en la luz que vaga
como un pájaro fósil.

Siempre al bies del aire,
en los oráculos de la noche
o en los tiovivos de la costumbre.

Qué fácil el paso que persigue un signo
mientras estallan alrededor los ojos sin memoria,
los cánticos de una luna vacía,
las aves sin su piel dormida
olvidada bajo las estrías del deseo.

Hoy las nubes se acuestan en abecedarios rojos,
mi espacio se puebla de un sol barato
cuando ejerzo de abril en un noviembre
oscuro.

Sí,
mi dios es un rebumbio de estaciones sin mar,
una mixtura de países encendidos
por la claridad robada,
la niebla que surca las altas colinas,
los arboles blancos, o la floración del color
como un enigma que brota
bajo la garganta infantil de la tierra.

Es suficiente un segundo de tiempo
en la sinapsis que ignoro
para que un sueño de ángeles
derrote al sinsabor
de la nada.






domingo, 25 de diciembre de 2016

Estaciones

Qué río, qué azul, qué agreste flor perdida.
En la virtud de este tren hay un vacío. Mi sombra
se acerca a la estatua que finges ser, mis ojos lanzan
sus dardos hacia el orden que te habita como graznidos
de un ave encerrada en un nombre, como haces de luz
sin gobierno que rozan el silencio de tu piel, el ámbar
que concita tu altura. El viaje se llama ausencia, hoy lo sé,
su fílmica ansiedad es un reflejo de sed en los andenes,
un arpegio que busca el orgullo de las historias encendidas
por hermosos arcángeles o lánguidos espectros sin voz.
¿Cuál el cansancio de saberse longitud del deseo, en qué
rompeolas los latidos se alejan igual que delfines locos?
Morirá lo invisible entre estaciones varadas, así el estertor
de un aire sin destino en la oración de los violines mudos
que son tu cuerpo.

sábado, 24 de diciembre de 2016

El faro


Atrás el sabor de la isla, sus paisajes encendidos,
el silencio de un mar cansado. De nuevo los colores
húmedos que se aprietan entre ramas que el aire ondula
con su ritmo de lengua virgen. Y al fin la ciudad, el orgulloso
fémur que hiende la bahía hasta el faro que nunca duerme
como un tótem que olvida la tierra y se sumerge en la hondura
del agua, entregado a la líquida magia de las olas, fiel a su grito
de carne pétrea, yunque de rocas negras, espuma de nívea sed
sobre el seno de los pantalanes y la playa roída.¿Qué hay de similar
entre la calidez de un cielo azul y este gris de lluvia dulce que vela
mis ojos? Quizá ya no pertenezca a ningún lugar, soy ángel sin alas,
topo y pez, demonio que contempla la efímera luz de la consciencia
como un rayo de sol herido por la noche de las noches eternas.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Allí

Altos los seráficos ejes del tiempo sobre la testuz
de la infancia. Un ejemplo de lo que vendrá es la luz
etérea sobre las pisadas rojas. Solo la carne agradece
el verdor de la palabra cuando los labios entrechocan
sus vértices y un crujido de sílabas encuentra el terror
en el silencio. Allí está la camisa del padre y la enagua
azul de la madre, allí los cuadros que dejaron su ausencia
en la pared blanquecina, allí el metal y los espejos, los libros
nunca abiertos y los muebles callados, allí mi sombra aún
reflejada en el jaspe del mármol o en las molduras de alpaca
con las que soñé o viví. Voy a la línea donde mueren las hojas
sin médula, su piel rugosa hiere el tacto de mis dedos amantes.
Siempre la quietud se viste de voces mientras susurran los fantasmas
heridos su plegaria infinita. A menudo me paro a escuchar los pensamientos
que aún no han nacido, cómo emergen de sí, cómo se arrojan al agua
de la luz, sin saña, sin miedo, sin edad ni presencia.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Ósmosis

Ven a explorar el silencio de mis alas como
un pájaro de ojos tristes en un cielo blanco.
Ven al dormido eclipse de la sangre y levanta
olas que atraviesen la duda y la muerte con la risa
intacta de tu ser. Conquista el territorio de la mandrágora
con tu voz de sirena, haz que el aullido escriba el canto
de un ruiseñor ciego sobre mi edén, sobre tu rostro
que también es el mío cuando amanece la piel y ya
no pregunto por un solo cuerpo.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Jaime Gil de Biedma recita su poema "No volveré a ser joven"

La memoria eterna


No necesito más que la luz encendida de un recuerdo.

Un relámpago apenas nacido,
el sabor,
la fría sed del contacto
y ya está...

La piel,
el niño alimenta su dulzura
con el orgullo de una familia húmeda,
los juegos o la eternidad en las falanges
que no paran de lanzar su propósito indócil
hacia el azul sempiterno.

¡Es la vida, dice el corazón sin hojas,
es el resplandor sobre el océano herido,
son los cielos poblados de pájaros multicolores
o la flecha sin regreso de la ilusión
en bandadas de amor!

Tú ya conoces el camino que retorna a ti,
tú no bendices el presente
te alejas con los caballos vencidos
hacia la noche del pasado
y no quieres una llave
que ilumine la metamorfosis del futuro.

Aún vivo en el pálpito,
mis escamas son ascuas inmortales
que se anillan a mis ojos
para no sentir el macilento gong de los minutos,
su ignota ausencia de mí
en los balcones
de
la
huida.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Hablamos

Yo me abrí a ti como un columpio roto.
Yo calculé el sonido de las palabras pero
no su eco, yo elegí la duda de un tren, la noche,
los ojos blancos de la esperanza. Qué dirá
la armonía del misterio, qué la luz que indaga
hacia lo oscuro con la inmadurez de los silencios.
Te escribí al hablar, quería una historia sin reflejos
en el párpado incandescente de la eternidad. Hoy
recuerdo los laberintos de las palabras amigas
como un enjambre de mariposas en la dulce
quietud de lo efímero. Y no sufro porque
con los años todos los dioses son uno,
todas las mujeres un adjetivo de curvas
álgidas hacia lo invisible, hacia ti que ya
no eres, hacia mí que ya no existo.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Final de "Ensayo sobre la ceguera" de José Saramago



"La mujer del médico se levantó, se acercó a la ventana. Miró hacia abajo, a la calle cubierta de basura, a las personas que gritaban y cantaban. Luego alzó la cabeza al cielo y lo vio todo blanco, Ahora me toca a mí, pensó. El miedo súbito le hizo bajar los ojos. La ciudad aún estaba allí".

viernes, 16 de diciembre de 2016

Aprendiendo a quererme

Sí, aún vendrá la estación de las hojas resplandecientes.
Sí, aún vendrá el presagio del azar como una risa náutica.
Sí, en las horas vividas, en los retales que se abren sobre
los muslos del tiempo, en los laberintos que solo tú y yo
conocemos se escribirá la luz en mis ojos ajados. Es el
tiempo de las margaritas azules, del unicornio marrón,
de los ángeles que se niegan a encontrar un cielo que no
responda a la claridad. He dicho una sola palabra y esa palabra
me hace libre, es un yo que ha entregado su piel a la duda,
al silencio y la caricia. Es un yo que que ya no se ve en los espejos,
solo crece cuando las telarañas estrechan su red sobre la isla
que ha construido mi pasado de sombras. Es un yo que se viste
con las huellas de un mar de cristal o con las raíces de un soliloquio
sin héroes.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Bombillas en mi rostro

Qué próxima la luz.
Qué beso en mi pupila rota.
Qué enjambre de estrellas
en los brazos de la noche.
Qué incendio ilumina
el recuerdo de otro lugar,
otra historia, otro candil.
Qué eco en la piel lúbrica.
Qué sin fin de flores caídas
entre el deseo y la incertidumbre.
Qué resplandor herido
cuando los ojos
miran hacia el abismo
y solo encuentran la nada.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

La mañana

Ya no hay reflejos en la curva de la pared.

Solo insomnio en la habitación eterna
porque allí viven los carruajes de la incredulidad
con sus símbolos de caoba,
marfil y nácar.

Allí en el territorio de la penumbra
las arañas de la luz escriben un diario de rezos
y melancolía, de círculos y amparo.

Yo desde la altura del pálpito
ejerzo mi oración de numen,
yo que soy ojos que nadie ve
sucumbo al crespón de los muebles,
al espejismo del mercurio,
al hombre de noche
completamente desnudo,
completamente roto.

¿Y qué si en un frenesí
la mañana deslumbra con su vientre de sol
y cubre las colchas,
el crujido de la madera
que se alinea en rectángulos
bajo los pies de mi ausencia?

¿Y qué si busca el párpado del cristal
para encender la historia de una risa
en los hoyuelos vencidos
de mi hermana?

Tras el parteluz de los armarios
viven papeles y conciencias
y es como si lo oculto
se dibujara en una cortina gris
por no perjudicar la claridad
que incita al descubrimiento,
a la pura lucidez de escarnio.

En el músculo del boudoir
aún conservo las horas de mi deshonor,
con el eco triste de la luna
en las ventanas
y un pensamiento que huye
hacia los faros caídos
entre los arrabales de mi inseguridad
y la histeria azul de las sombras.

Ángel González recita su poema "Cumpleaños de amor"

martes, 13 de diciembre de 2016

Como tú

Ya no finjo el sutil
maquillaje de la huida.

He luchado contra el futuro,
contra la sed
y la amargura.

He luchado
por la infancia que muere en los hoyos
infames de la ubicuidad.

Igual que tú
cuando te elevas
para ser
un espejo de aire.

sábado, 10 de diciembre de 2016

El tiempo es un animal sin patria

En qué territorio se escriben los versos de la noche.

El primer recuerdo es el último
porque se fingen historias,
se enlazan laberintos,
las palabras retumban como ecos sin futuro.

No hay un nombre dentro del mar,
solo la burbuja del instante que lame la quietud
con la lengua bífida de la serpiente.

Un hogar sin el fondo inmóvil de las fotografías,
la lluvia que regresa en los meses de otoño,
la costumbre de los cruces
cuando los cuerpos se olvidan de su ayer
y son lobos sin alma.

Me nombro en la perdida,
sufro la argucia de los hilos invisibles
o el gong del reloj acostumbrado al sol
y no a la nostalgia.

Vivo en los pasos que no dí,
en las dudas que flotan en vasos de ginebra
mientras se engarzan las historias,
las mentiras y el silencio.

Nada que no sea común a las lágrimas del tiempo,
nada que no irrite los conciliábulos amargos de una doctrina
que esculpe sus ritos en las horas de la penumbra.

Lejos del misterio de volverse uno,
de ser uno con las imágenes que marcan la piel
entre los gritos de la nieve,
tan ausentes como este pensamiento
que revive la metamorfosis de una esperanza
en fantasías de mármol.

Hogueras que no iluminan la oscura magia de una evocación tardía.

Fragmento de "La rana viajera" de Julio Camba



"Cada vez que cae un Gobierno, yo experimento un sentimiento de liberación. El aire me parece más puro; las mujeres, más guapas; los manjares, más sabrosos.

—Trabajillo ha costado—exclamo—; pero, al fin, somos libres. Ya no tenemos Gobierno. Hemos realizado nuestro ideal...

Desgraciadamente, está en nuestra naturaleza el no poder nunca darnos cuenta de la felicidad presente. Por esto, la felicidad es inasequible, y por esto, acaban resolviéndose todas las crisis ministeriales. Al cabo de dos o tres días, el Gobierno caído es siempre sustituido por otro, y de nuevo hay que dedicarse a la tarea de demolerlo. Totalizando las diferentes crisis que, poco a poco, logramos obtener, apenas si España llegará a vivir al año un mes entero sin Gobierno. ¡Un mes entre doce! No vale la pena.

Por mi parte, yo no ayudaré ya nunca a echar abajo a ningún Gobierno, como no me garanticen que luego no van a sustituirlo con otro. Mucho más cuando al otro es seguro que ya habíamos tenido también que echarlo abajo anteriormente. No veo en qué puede convenirle a un hombre soltero, que ejerce una profesión liberal, el que le gobiernen el Sr. Dato o el señor Maura, el Sr. García Prieto o el Sr. Sánchez de Toca. Probablemente, les interesa mucho más a estos señores gobernarme a mí de lo que pueda nunca interesarme a mí el que me gobiernen ellos.

Y si un pueblo no puede vivir sin Gobierno—premisa a la que no le concederé ningún valor mientras, como ocurre ahora, tampoco pueda vivir con él—; si un pueblo no puede vivir sin Gobierno, y si los gobiernos constituyen «un mal necesario», entonces, por lo menos, debemos exigir que las crisis duren un poco más. Una crisis de tres o cuatro días no compensa el esfuerzo necesario para arrancar del banco azul a estos ministros que parecen lapa".

viernes, 9 de diciembre de 2016

No detengas tu río

La risa, la risa y la inocencia de aquel abril en los ojos de la maldad,
su acento de águilas, su veneno frágil en mi cenit. Esos ríos que van
por dentro conocen tinieblas, acantilados rojos donde vive la sed del olvido.
No es aquí su puerto, en mi carne, mi recuerdo, el ancla que persiste en su afán
de ver noche, abismos que son raíz, puente de mi existencia. Callaron necesidad
los años vírgenes hasta que un sol encendió el camino con las alas del viento
nuevo. Que no sea mi ejemplo la cicatriz que ahoga el manantial, otros surcos
bendijeron el agua que corre simple hasta el ojo blanco del mar, su seno
que no cesa de recibir flor, su voz que brilla igual que un murmullo de plenitud.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Ayer tan próxima y hoy tan lejana

Los años son una canción perdida entre los ecos.
Aquel rótulo persiste, las calles aún vigilan tu sombra,
el desliz de los cuerpos crea fantasmas en la burbuja
ausente de los enigmas. Si te supiera hablar propondría
un acertijo para que en el misterio te anudaras como
una mariposa núbil que calla el dolor de la presa,
el ombligo voraz de las telarañas. A veces pienso
en los corales que no nacieron porque nuestra vida
pudo ser un mar cristalino, de un azul sin mácula,
fértil como las esponjas que se desnudan ante
las olas amantes. Pero no, tus ojos volaron hacia
el círculo de las ninfas, sin formularios, como
una flor que no admite cordura, en la senda de una
atracción prevista entre los redobles de músicas célibes
o entre manos que se anudan tras las imágenes comunes
de una historia compartida. Te veo extraña al tiempo,
acariciando palomas en el aire, fingiendo ser la raíz
de la infinitud- o la fuerza gris o los ríos o los bosques
que tapan tus sueños- tan múltiple, tan oscura que no
llego a comprender como una vez fuimos refugio
de una pasión que hoy descubro infantil.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Antepasados

Si miro dentro de mí. ¿Qué es lo que veo?
Una casa grande nunca en silencio, unos rostros
muy parecidos al mío- la tez levemente oscura,
los labios finos como cintas de carne- una voz clara
que se transforma en eco, los pasos de Milagros
al llegar el alba, el miedo en mis ojos de niño febril.
Nada de lo que me rodea hoy vive en la claridad
de la huella indeleble: voraces son los minutos,
rutinarios los atardeceres, las palabras en constante
fuga... Dentro de mí guardo un tesoro que susurra
nombres, sus alas de marfil brillan eternas, su imagen
es un faro de haz infinito. En lo más hondo de mi corazón
existe un teatro donde estáis vosotros, los que aún sois luz.
Que no cese jamás vuestro resplandor en mi negra sed
de hastío.

domingo, 4 de diciembre de 2016

La luz



Las cortinas no son mi rostro,
la cretona vive en su abismo de grecas hostiles
tras el penúltimo episodio de la rima.

Hay un rastro común que el ofidio conoce,
su longitud es la de la máscara,
su visión templa anillos y muerte
hasta llegar a la luz.

Si al fin la luz- no el nido de la incansable secuencia-
si al fin la luz dijera mi nombre
al levantar su manto;
si los caballos albinos
como una miasma sin razón
o una lápida de marionetas
escribiera en mis párpados la armonía ajena de los días,
qué haría yo con mi alma proscrita
y mis dudas que taladran la sed de los pasillos
cuando la aurora no es voz,
ni los pájaros entienden mi desazón de náufrago.

Solo levantarse como el aire que vive,
solo la ternura de un silencio claro,
para siempre,
para siempre
en la eternidad que me roce.




















sábado, 3 de diciembre de 2016

Astenia

Tantas veces llegó la claridad que ya es oscura.
Tiempo que se dobla en pliegues sucios como
un traje que ha perdido el color o una voz que
se refugia en el silencio de unos labios que articulan
aire. Otra luz tiene el mar, otros relámpagos visitan
la noche, su brillo es el brillo del crepúsculo enraizado
en mi piel ajada con su palidez de ceniza y su tatuaje
de muerte. Las imágenes son un sueño que me palpa,
me escupe, me da vida, me desnuda. Ya solo la espera
reconoce la canción suave de mi ayer, el giro breve
de las golondrinas anuncia el invierno, otro invierno
en las nubes que tapan el sol sobre un horizonte ya ido.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Contra el tiempo

¿Qué es lo oscuro?¿éste alambre donde habita el hoy
o quizá la memoria difusa de los días sin ojos? Suena
un motor en la noche, el pensamiento escribe sendas
de luz, la luna susurra un desliz en mi frente, el eco
de una radio graba sus capítulos en el cautiverio
de las horas. Vives y vivo en los minutos de la perfidia
como un sonajero que invita al rumor de la nieve y los satélites.
En las columnas de un reloj no habitan los instantes, solo una extraña
lucidez en el parpadeo de los números igual que un latido de piedra
en lo inolvidable, en tu secuencia gris, en tu corazón que naufraga
contra el silencio o contra la lentitud que ya eres, ya eres.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Caminar hacia atrás

Ser huella en la huella no parece que le importe a nadie.
Una familia se oculta con ramas de alabastro tras un jardín
de árboles sin sombra bajo un techo oscuro. Allí está mi
nombre, en el corazón de las paredes o en el marco abierto
de las ventanas.¿Cuándo suceden las cosas nimias, en qué
rompeolas escribe un verbo el latido de un reloj moribundo?
Salir del surco no nombrado-con sus bulevares de mar
o sus cristales siempre altivos mirando hacia la llave del sol-.
Si vengo es que existo en mi voz apenas músculo que calla.
Si vivo es por los raíles que cruzaron mi piel en inviernos
o veranos, en la lejanía de lo que no alcanzo cuando finjo
un ayer. Solo la virtud me conmueve, la claridad
en los ojos lánguidos de la aurora como una tempestad
en el iris ambiguo. No vendrá la lluvia a salvarme
con sus alas líquidas o su amor que me convierte
en río. Soy memoria de horas que se inflaman
en un segundo, el pensamiento gira y gira hasta
ser ceniza, ceniza libre que me amamanta como
un tótem que fluye hacia la luz o hacia el olvido.

martes, 29 de noviembre de 2016

La huella

Hay un orden que no quiero, en mi displicencia,
en la costumbre de no ser yo cuando me dibujo
en los espejos de la edad. Aquel niño murmuraba
algo: la impaciencia del futuro, su cuerpo como
la alegría de los pájaros imberbes, los estallidos sobre
los alambres de la vida tan febriles en su risa. A otro
verás al huir la luz en la caída de los trenes sin ayer
cuando los vagones son el misterio de un soliloquio
o la verdadera quietud de los que no saben morir.
Si en los ojos de lo que fui un párpado venciera
al fatuo gesto de la nada mil caracoles me arrullarían
unánimes. No existe otra huella que el amor del prójimo,
cálida, entretejida en mi yo como una identidad perpetua
donde viven las luces irreales del silencio.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Detrás de lo efímero

Hilos de una sola luz. Los márgenes que dudan,
la sensatez del miedo, el orgullo debajo de las sábanas,
la cicatriz incolora de las heridas. Aquí esta mi cuerpo
que es un mapa o un río que se muestra. La primera llaga
y el primer grito en la noche, los juegos eternos-en el presente
o en el ayer-como sangre que fluye en un reloj olvidado.
Mi oración que subyuga los horarios, las serpentinas
en el aire sin raíz ni alas.¿Qué es uno cuando escribe
sobre su piel los latidos ante un rostro inmóvil, qué es uno
cuando abraza la lluvia o escucha un sol que se divierte
haciendo cosquillas a la senectud? Como la invisible huella
de un recién nacido en los espejos busco lo que no permanece,
el himno de la sinrazón en la frágil arquitectura de las nubes,
los pasos que ya no existen en el borroso horizonte del mar.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Idealizándote


Más allá del cuerpo,
en la gloria de los columpios,
en el cenit de lo inabarcable,
junto a la perfección de un día
que se abraza a ti como una fogosa luna.

Al transcurrir el paso de las estaciones
antes de que tú fueras todavía tú,
estrella galáctica entre colinas,
suburbios y mar.

Como el artificio que vuela solo
sin entender el dominio del aire,
la física simple de unos ojos que acompañan la luz
en los septiembres hostiles.

Pájaro que no conoce razón,
un labio que busca el territorio de la quietud
en el reflejo de lo cristales
o en la caricia de unos ojos
prematuramente adultos.

¿Quién augura el tiempo breve de las flores ciertas?.
¿Adónde la estética de los corazones
ultrajados por el rubor de la lluvia
y sus silencios?

Una rotundidad de juegos te espía,
es la doble inmanencia de ser carne o alma,
ceniza o brillo en la pátina de una memoria
que no se desnuda en mi voz.



jueves, 24 de noviembre de 2016

Abrazado a ti en el plenilunio

Del deseo de aparecer quedan sílabas desnudas.
El arte de los cuerpos es el arte de la memoria.
Como superpuesta la luz perfila tu seno. Estás
aquí como una llave infinita que no cesa de abrir
el surco de la noche. Ante la luna los monstruos
crecen, son labio húmedo, la cruz de una palabra
sin regreso, una cohorte de hormigas que han perdido
la fe. Me entrego al mar de tus alas y finjo que no
soy la estatua pálida de una isla que sufre el huracán
altivo de tu nombre, el desorden náufrago de un amor
celeste entre tus piernas de esmeralda.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Los otros

Soñamos con lo que no tuvimos.
Tu imagen de mí, mi imagen de ti.
Como cadáveres de la posibilidad
todavía existimos. Yo dentro de ti,
tú dentro de mí. ¿Qué historia
de la historia no sucumbió?¿la real?
¿la incógnita del presente? ¿el
fugitivo trasluz de los cometas?
Yo te nombro si me nombro.
El recuerdo vive azul en las horas
del futuro y ya no hay hambre,
ya no hay sed en los espejos
rotos.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Cicatrices

Han nacido como oscuros gusanos de tiempo.

Llevan escrito el responso de una oración.

Te acompañan como versos amigos,
resisten a los atardeceres de tu piel,
son los hongos dulces de la perseverancia.

Tú las muestras
porque hay historias que solo se imaginan calcinadas.

Yo huyo de sus párpados ardientes
cuando la memoria que encubren se dibuja en ríos de nostalgia.

Y sin embargo aún dudo de su exactitud,
pese al oro de sus cenizas
y el signo que cuelga de su testarudez de sombra.

Qué terror de mapas sin definir cubre el lenguaje que ocultan,
qué abismos de amor, odio o desidia
vigilan los surcos sin fechas
que te llaman hacia el azul que ya no eres
al mirar en los espejos el silencio hostil
de las cicatrices blancas.










viernes, 18 de noviembre de 2016

La inocencia resiste

Se alimenta de qué.

Del suave tacto de los dedos sin voz
o es un sueño de elefantes y golondrinas
entreverado por mapas,
paredes de estrellas y colores
de un imposible azul
o un ceniciento rosa.

A dos segundos del nido los enjambres mueren,
solo las alas de los ángeles
escriben sobre la piel
mensajes que flotan en el aire sin tiempo.

Así te entregas a la noche
como si la fraternidad abrazara los gestos
y nada en los hemisferios encendiera antorchas de dolor
o golpes que aún no han nacido en su sed.

¿Cómo surge la ventana que ya no miras,
en qué trasluz el mundo dejó de ser árboles
que engalanan las ropas que te visten
bajo las pérgolas o el viento,
en el sudor de la alegría
o en los cromos que aprietas entre tus manos
para no olvidar la lujuria de la vida,
su canción que arrulla?

Detrás de la calidez hay un cristal que llora;
si pudieras volver a ti
no sabrías cómo encontrar la luz,
pues la gloria del laberinto es la de la máscara,
en ella se dibuja un rostro que huye
con la bondad del algodón entre sus ingles,
una caricia que resbala sobre las horas que no son pasado,
barniz de un termómetro de piedra.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El interior deshabitado


Desde dentro,
desde aquí dentro yo me miro.

Es el esófago del tiempo lo que veo:
partituras breves, soplos de aire,
enigmas sin rostro,
una secuencia de huellas azules
que vagan entre el acento infantil de mis pupilas.

Alguien hereda los paisajes
y no sabe qué cuerpo finge como un fantasma
la caricia del silencio.

Así mi corazón
-perdido en la losa que no grabé
por no ser tú jazmín de piedra-
vuelve a las calles donde la simetría existió
como una canción desconocida
o un suburbio alimentado de luces
que nadie ve.

¿Serán éstas las llaves de un paraíso disconforme,
la imagen que busca el latido de un perfil próximo
y se acuesta en la luz de dos sinónimos
sin ocaso?

No volverá la lluvia que agitaba tu nombre,
tampoco las ciudades que a menudo habitamos
en el parpadeo de un presente.

Si regreso a los días del tren
es para escuchar la voz que nunca hablaste,
una mirada que prosigue
más allá de la opacidad de mi sombra.

¿Hacia qué frenesí
o en qué símbolo de paz
se arrodilla la palabra que rozó un significado
que, insomne, oí?

Lentamente tus labios se abren
hacia el marfil de mis sueños

Ya no dicen nada,
ya son nadie.

martes, 15 de noviembre de 2016

Hijo del pasado

Cuando me doblo al fin soy yo.
Bajo la lluvia o bajo la nada
me dejo caer. Hasta la tierra,
hasta el centro de mi nombre,
en el lugar en que ya no existo
convoco a lo que fui. Y en ese
espejo sin voz transcurro o muero,
ya ni lo sé.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Estar aquí

Soñar es transigir con lo que uno pierde.
Pongo ante mí las horas alegres y se reflejan
en las esquinas los nombres, las fechas, los diarios
y las partidas. Cuando vivo en ti rememoro las aguas
dulces, el mínimo cariz de un rostro, la voz del mar,
el paso breve de tu cintura bajo la luz. Yo no sé si
los recuerdos se encienden en la noche como una
linterna que llama a los párpados, ni sé si el instante
transita a imagen del viento y solo roza mi piel tan
a menudo escarlata. Estar aquí y no ser yo- o ser la lectura
de una historia o el trampolín a lo desconocido-qué más
da si las cigüeñas ya volaron y la realidad se escapa
igual que una niña temerosa de no poder abrazar
tu cuerpo en un segundo.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Transeúnte

Salir al instante del otro,
verse en la encíclica del tiempo
con el cristal empañado
por las huellas de la vida.

Sentir los sucesos en el aire,
su peso es el peso del presente,
su singladura la mano que te atrapa
en el vaivén agitado de la celeridad.

Todo ha sido un eco sin orillas,
este caudal nunca pareció quererte
-se ausentó de ti anhelando un horizonte difuso-.

Las compañías latieron en el breve anuncio de su existir,
las manos viajeras azuzaron sus alas
sobre otros cuerpos
que ya no eran el mío.

Levedad del sol y del agua,
cercanía del frío y de la destemplanza,
surtidores en los labios cuando el beso fue ola quieta
en el secreto de nosotros.

Vuelve el idioma: látigo que corroe la espera
de querer un significado entre las fugas del deseo.

Queridos fantasmas no me enseñéis el rito del olvido,
acudid con vuestros vientres azules
hasta mi camastro roto.

Susurradme las canciones de la alegría
mientras el vendaval acuna mi desapego
(que sea la noche el espectáculo que no viviré,
la luz iluminada por la herida)
bajo esta cicatriz
que es un racimo de cálices derrotados.

Inicio de "Malone muere" de Samuel Beckett



"Pronto, a pesar de todo, estaré por fin completamente muerto. El próximo mes, quizá. Será, pues, abril o mayo. Porque el año acaba de empezar, mil pequeños indicios me lo dicen. Tal vez me equivoque y deje atrás San Juan e incluso el 14 de julio, fiesta de la Libertad. Qué digo, tal como me conozco, soy capaz de vivir hasta la Transfiguración o hasta la Asunción. Pero no creo, no creo equivocarme al decir que dichas fiestas, este año, se celebrarán sin mí".

jueves, 10 de noviembre de 2016

La memoria opaca

Es la vida una suerte de ramas que sucumben.
Tú, hijo has llorado antes de tiempo, sabes
de la penumbra y de los días claros, del azul
de agosto y de la fría sed de enero. Todo se
columpia igual que las agujas del azar. Siempre
aquí y siempre allí buscando un horizonte
sin lejanía en los ojos blancos que sufren
el estigma secreto de la edad.¿Y si ya no
existen estrellas y la simulación es el regreso
a la memoria, a la quietud que no conmueve?
Existe una ilusión llamada sombra, su raíz
se dibuja en la piel como un círculo insaciable.
Muchas huellas serán una sola huella cuando
pregunte al pasado y no sea yo mismo la respuesta.

martes, 8 de noviembre de 2016

Rumores

Están aquí antes de que asome mi voz como un alud.
Hablan pero no hablan, escriben en las paredes
el idioma del tiempo, imaginan luces que duermen.
Yo escucho la canción de las palabras amables,
otras veces el grito y otras el silencio. El silencio
es la música del perdón, la misericordia de los ángeles.
Veo bocas, labios que pintan el aire, indeciso no me acerco
porque hay niños que susurran como gardenias blancas
aunque sean la misma locura que miente.¿Quisieras tú
que yo fuera el alguacil de esos verbos que no construyen
frases nobles, un emisario hacia la inquina, un roedor
de sentimientos, el decreto que proscribe la libertad
de decir? Me llegan murmullos aquí y allí, juntos
pudieran ser un mapa de olvidos y renuncias, de misterio,
apoteosis, candor, odio, mansedumbre, hastío o felicidad.
¡Qué importa si solo es música su calibre en el caos, esta oda
que me traspasa por no entender su latitud, el significado
oculto de unos adjetivos que transcurren voraces igual
que la fugaz caricia de la noche!

domingo, 6 de noviembre de 2016

Nido de luz

En qué esquina la noche. El mundo inverso
cruje y yo no entiendo su ser. Telarañas
inmóviles me persiguen. Busco el margen
donde el crepúsculo se encienda como un sol.
Y habitar ese nido, en silencio, igual
que un topo alegre o un gusano de luz.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Queridos fantasmas

La tranquilidad de la luz en mi cama desnuda.
Los objetos que lloraron cuando no hubo ayer
ni mentira. Sin quererlo miro el reloj y no sé
a qué día viene. Las alfombras cubren la sed
de los pasillos como una piel bendecida o un ósculo
dorado. Estáis vosotros-vuestra ternura, el diagrama
de un silencio que aún recuerdo-. En el zócalo no
existe mi voz, puede que todavía no haya nacido
o que en la luz viva el único sueño que conozco.
Dejadme ser la casa que os cobije, venid junto
a mí, con la dulce levedad de lo que no ha sido,
ni será ni es.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Nostalgia de tu silueta

Apretujé entre tus senos
una gota de lluvia,
la cárcel de nosotros, la memoria del agua
para siempre.

Pero en ti la calidez era un signo,
amapolas bendecidas
por el sol de abril.

No me busques en los laberintos que desconoces,
enciende la calle que es nuestra
o dirige tus pasos hacia lo inconcebible
para que sea un músculo el deseo.

Viajas en la singladura de los libros,
te acercas a las fachadas rotas,
al cáliz de un dibujo que te llama.

Yo regreso al perfil de tu ausencia
como un ciervo sin fe
o un dromedario triste.

Me asedian los ejércitos de la juventud,
ah! de la noctámbula efigie del ayer,
los ojos bendecidos
por la lujuria alegre.

En la oscuridad brincan palomas
y suda el confín que alerta
a los viejos fetiches de la noche.

Tú vendrás aunque sea frágil el perdón,
¿dejarás el maquillaje en tu oratorio
o cada poco enseñaras tu carne al azul,
a mí, a mi voz de ventrílocuo?

A veces el mar te nombra,
su murmullo sacia los ecos
y escribe un himno sin gloria.

Te veré o me verás
con esa sed que ensimisma el destino
y seremos las hojas de un páramo
que reverdecen como un maquillaje
en los días o en las horas del recuerdo.

martes, 1 de noviembre de 2016

La música del agua



¿Escuchas la lluvia?, no pertenece al mar
ni al sur ni a tu nombre. Su disciplina
consiente en el color, elige la arquitectura
del silencio, se enciende con la melancolía
de las nubes, cae en gotas viejas como el sudario
de un planeta vencido. Aquí estamos, cubiertos
de penumbra, mientras el cristal envejece y espesas
lágrimas de vida dibujan gusanos, diamantes de agua
en la solidez de un vidrio seco. Ven, que no sea
tu memoria lo único que imaginas, deja que el ritmo
de la música cálida envuelva al ser que ya no
eres, un futuro de ríos, de aguaceros blancos,
de siembra en la piel que engalana tu desnudez.
Desde la cama en éxtasis olas de agua abanican
las calles, un lloro múltiple invade el corazón
de los mendigos, ajenos a la noche y al día como
un cielo oscuro en el que tú y yo destilamos
misterio, hojas mojadas por los eclipses de la luz.

domingo, 30 de octubre de 2016

De la desesperación y el éxtasis

¿Cómo empezó la huella virgen de la felicidad?
¿Entre el aire que tres dedos atrapan para decir
un nombre o en la silueta que ha nacido para ser faro
o en el traspiés de una ciudad toda mojada de silencios
cuando los cuerpos se clavan en la baldosa ínfima
del instante.? Lo que vino después fueron puentes
por transitar, hermosas calles que no habitaron la luz,
escombros donde tú y yo desnudamos el hastío.¿y el delfín
de la palabra alegre, qué de su rumor de intrépidos peces
en el acuario de nuestra hermandad? Solo el peso breve
de las imágenes luminosas, solo la singladura de los barcos
que no encuentran el sur en sus horarios tristes. ¡Que llueva
la negritud junto al árbol que calcina el mercurio que huye!
Somos los acróbatas que en la carpa de la duda se alejan
y mueren en el asfalto frágil, dos rombos que ejecutan
en el cielo una acidez de palomas aciagas, el reverso
de mil lunas en la ilusión cómplice de los desesperados.

sábado, 29 de octubre de 2016

De lo que escribo

A veces pienso en un mundo imposible,
flores muertas, la estrategia de no saberme
yo ni nada. Como un fantasma que hereda
los vocabularios, un hombre que inclina
sus versos hacia la razón sin conmoverse,
lo mismo que una estatua que rememora
la infantil duda de su creación, así yo
en el circulo de los espejos, así nosotros
cuando callamos tiempo.¿Hay un vestigio
que herede su máscara?, ¿hay, acaso, fieras
lúgubres que impidan la luz en las horas
del mar?Yo escribo sobre la raíz que encuentro
en mis silencios, escribo con dos notas que sufren
la inclinación del árbol o la ventisca que todavía
crece en mi memoria. No lucirán mis palabras
el resplandor que esperas porque ya no soy la llama
ni la fiebre, solo un ascua que se refugia en tu nido de paz.

Fragmento de "La mujer de papel" de Rabih Alameddine




"Me produce ternura recordar cómo estaban distribuidos los muebles en la habitación principal, cómo ponían la gran bandeja de latón encima de la otomana redonda de lona a la hora de cenar.Pero también siento nostalgia de los paseos por el camino de Swann, así como por el camino de Guermantes; del momento en que Charles Kinbote sorprende a John Shade bañándose; de cómo se sienta Ana Karenina en el tren.
Una vez conocí a una secretaria, la madre de una compañera de clase. Una mañana acompañó a su hija al colegio y la dejó junto a la puerta; el portero armenio, un hombre de cabello entrecano, salió de su caseta para saludarlas, como hacía siempre que aparecía algún padre.
¿Era Hércules el portero del Cielo? Sea como sea, no describiría a aquel anciano armenio como Hércules. Su trabajo consistía en asegurarse de que ningún alumno saliera antes de que hubieran terminado las clases y de que solo entraran alumnos y maestros, de modo que, aunque se acercara a la madre servilmente, en realidad estaba llevándose a la hija y prohibiendo a aquella entrar. Así que no, nada de Hércules. Por mucho que me gustara y que me sintiera como en mi casa dentro de aquella jaula, el colegio se parece más al Hades que al Cielo; en el colegio se lleva a cabo un asesinato ritual de la infancia, se da muerte a los niños. El vigilante era el barquero.
Tras entregarle a su hija, la madre le dedicó una sonrisa patricia. Llevaba un vestido hecho a medida que parecía prestado, como si se hubiera propuesto crecer dentro hasta que le quedara bien. Era un vestido gris, de un tono un poco diferente del gris peltre del cielo amenazador de aquel día. Se cubría los hombros con un chal de color azul intenso. A diferencia de los maestros que iban llegando, todos afectados por una epidemia de desinterés, ella parecía interactuar con el mundo que la rodeaba, alerta y participativa. Mientras escribo esto recuerdo lo maravilloso que era observarla, una madre que parecía tan joven, que todavía conservaba cierta vitalidad infantil.
Yo observaba el momento de la entrega desde detrás de la valla del colegio, mirando entre los barrotes (sí, barrotes metálicos por los que el año anterior podía pasar la cabeza). Los barrotes estaban cubiertos de varias capas grumosas de pintura amarilla barata, color canario enjaulado, que se desconchaba y desprendía, y la herrumbre que asomaba por debajo combinaba bien con el amarillo. Yo miraba fijamente. Tenía las manos agarradas a los barrotes, la cara aprisionada entre ellos, los pómulos pegados al metal.
La hija, mi compañera de clase, vino hasta mí. Observó a su madre, que intercambiaba unos cumplidos innecesarios con el barquero. Nosotras, en cambio, no nos dijimos nada. Su madre nos vio y se acercó. Me preguntó educadamente quién era yo, si era amiga de su hija, una pregunta breve y amable que solo requería un sí o un no por respuesta."

viernes, 28 de octubre de 2016

Los momentos vividos


Bienvenido al delta que no conociste,
a esa sola huella que cautivó tus días.

Hoy sabes que no había llamas,
ni fulgores ni payasos
para reír.

Hoy sabes
que el silencio escondió precipicios azules,
héroes invencibles,
hadas que mostraban pechos de espuma.

Algo así como una noria
donde veías imágenes doradas,
lentos crepúsculos, ácidas atmósferas
de alucinación.

Soplan vientos sin mensajes,
escuchas la doctrina airada de lo perdido
en la cruz de la noche
y algunas veces
en la flor del ocaso.

Me dirás del cansancio
y de no reconocerte.

Quizá en la virtud de los espejos
adivines aún la añoranza
de tus músculos innobles.

Pero no hay recodo,
ni infancia, ni nubes blancas
ni tampoco un hábil trasluz
que te devuelva al sueño.

Desde el altar de un instante sombrío
ejecutas las piruetas que te nombran,
así eres,
piel escrita por dentro,
crisol mínimo en un mediodía
sin ojos claros con que mirar.





martes, 25 de octubre de 2016

El tiempo acabado

Esos pasos, esos pasos que aún no son ayer.
La virginidad es una flor perfecta que muere
en su éxtasis igual que un ladrido en los ojos
del tiempo. Alas, sí, alas que no vuelan, historias
que vendrán como dragones amables, luces en la luz
de un futuro de guirnaldas. El amor cocina versos
en la ciudad que imaginas, los hijos, el instante
que confunde estrellas con la dulzura de escuchar
el silencio de los copos, la magia de las mariposas,
el placer que huye de ti igual que un felino asustado.
Todavía creo en los días, en la sed de la aurora, en los ojos
tristes del crepúsculo. Sé que vendrá una orilla despoblada
o un círculo donde ya no esté. Y, sin embargo, en la cruz
de este misterio que es el el devenir acabado yo no claudico.
Sigo y persigo la añoranza de mis horas álgidas,mientras sueño
una muerte dulce entre las rosas que nunca se marchitaron.

sábado, 22 de octubre de 2016

Días de colegio

Qué atmósfera sin un trino, la luz herida del neón,
el silencio y los arabescos de la tiza, esas manos
que abarcan lo múltiple como un río que no muere.
Son fotografías de aulas cansadas, ventanales que nos
miran, la voz inquieta de un profesor que no sabe qué
o quién es su ayer.¡Y la magia de los rostros siempre
con su perfil áureo, el pensamiento que viaja, los dibujos
en papeles ya muertos, libros que no conocen el sabor
de una pregunta!.Y tú cuyo nombre aceché con la rabia
de la inseguridad, a lo lejos igual que la locura en su origen,
colmada de tiniebla. No recuerdo la semilla que tal vez brotó,
solo la certidumbre de los horarios, el signo y su trazo infantil,
la fe del asombro, las horas grises o el reloj que tantas tardes
calló.

Fragmento de "El mito de Sísifo" de Albert Camus

"Todas las grandes acciones y todos los grandes pensamientos tienen un razonamiento irrisorio. Las grandes obras nacen a menudo a la vuelta de una esquina o en la puerta de un restaurante. Y lo mismo la absurdidad. El mundo absurdo extrae su nobleza, más que ningún otro, de este nacimiento miserable".

jueves, 20 de octubre de 2016

Yo te miro y tú ves a otro

Lo importante son los labios,
la voz, lo que a veces no se dice.

Da igual la distancia
pues el pensamiento elige los símbolos,
el perfil o la noche.

En un amanecer caben mil ventanas
igual que el rojo del día en la piel cansada.

Yo espero y espero la virtud
¿qué es la virtud?
¿la sonrisa de las mariposas,
la mirada eternamente vieja del caracol?

Tú has llorado, lo sé, has llorado por otro,
se nota en el libro que no lees,
en tus alas caídas que dibujan abismo.

Hay espejos que mienten,
luces que acicalan tu piel
sin que sientas el abrazo.

Sería más fácil el arrullo de este cantor
que descubre la música de tu huella
como un adolescente que pliega los párpados
al mirar hacia dentro
con el horóscopo desnudo
y las cien rosas que sudan
el dulce presagio de un sol en éxtasis.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Desconocida

Retornas con el tren como un mensaje roto.
Enseñas la máscara de un libro, la piedad
del cristal, la luz amarga. Como una invitación
al olvido bajas los peldaños del silencio. Afuera
llueven pájaros, adentro la armonía crece antes
de que la voz susurre un nombre. El temblor
se acicala en los poros lúbricos, la certidumbre
se entristece con el relámpago, la nuca agita
su latitud como un faro ambiguo. Nos debemos
un café o quizá cien palabras perdidas. En el oasis
de la medianoche los cuervos y su círculo blanco.
Habrá rosas que no nazcan, rubís que se astillen,
la desazón que sobrevive al misterio de no ser ya
nosotros.

domingo, 16 de octubre de 2016

El retrato

¡Qué difícil la arquitectura del ser! Un incendio,
la nieve, la tangencial existencia de mil siglos
de rutina en la piel curva, en el gesto y su desdén,
en la prisión de la magia y del color que sangra. Allí
la historia de unos ojos que son mar, aquí la comisura
de los vértices en la sonrisa hospitalaria. Una frente
altiva, los cabellos que no hablan, oídos impares perdidos
en la memoria. Y la ambigüedad que teme al perfil,
por eso se enseñorea el rostro con la paciencia de un sol.
¿Y los brocados, el tul, la seda, la insignias y la plata,
el yelmo y la rosa, los miriñaques sin duende, el caniche
que juega a no ser él bajo las faldas ahuecadas? No buscaré
la verdad en los reflejos de un poema, tampoco en la escultura
que vibra en la noche, en la sed de un óleo que no halló en mí
otra voluntad que el silencio o el trasluz de la contemplación.


viernes, 14 de octubre de 2016

Su sonrisa

Podría dibujarla pero no sería real.

Porque se mueve en el instante,
porque la expresión calla al fin
como un manantial dulce.

Te alegra cuando el silencio dormita en su voz,
te salva si en un adjetivo has puesto la noche,
elige por ti la felicidad de los cruces,
el estampido de las venas que buscan un mismo río,
la garganta y su derrota
en los labios fruncidos por la luz de la fiebre.

¿Qué misterio deriva hacia la hoguera
donde los cómicos eligen un símbolo
que ha sido fraternidad
o el paso breve del hastío?

Que reluzca como una prenda de Arabia
la rojez de sus alas, para mí,
para otro,
en la locura vibrante de la fugacidad,
hasta el ayer,
hasta el hoy que la mira
y encuentra allí
un paraíso.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Tu piel



Nunca quise dibujar un mapa. Veo la ondulación,
el recodo, las largas venas del amor, tu corazón
palpitante entre las vertebras y siento la armonía
de los cuerpos cuando se asoman al otro con la entrega
de la quietud. He besado la rugosidad de un pecho amable,
los hombros y su cónclave de abejas, el infinito que hay
detrás de mil hojas en tu cabeza noble, como hogares
de tu pensamiento, como el deseo que te alcanza. Deja
que roce la lisa espesura de tu desidia, que se vuelva
el rostro un jardín sin que el labio desnude la flor
o la lágrima de un iris interrumpa la luz que te recorre
y te bendice como agua fértil. Es el blancor un sueño
donde los diamantes de la lujuria espejean y mueren.
Si lo efímero no se cruza con la permanencia que añoro,
que sea la superficie que te adorna la magnitud de un mar,
el increíble don de saberte aquí como una nave triste
que busca un punto sin regreso, hacia la vejez o hacia
la ausencia, hacia lo que fue un día nosotros o nada.

martes, 11 de octubre de 2016

Pasajero de tu ausencia

Hay lluvia agreste, la firme argucia del volcán,
todos los días de todos los días que mienten.
Plenitud, sí, con la piel henchida y los músculos
atentos, gloria, sí, cuando es de noche y aún puedes
esconder las monedas del flujo. En tu mano el anillo
quema el cobre, quizá un símbolo vuele sin un porqué
o la identidad no cubra el vestido que acostumbras
a mostrar. Nunca vibran los relojes si estás presente,
el color acicala el verbo que no dices y en una máscara
los labios se encienden como álbumes o estrellas. Sé
que no habrá misterios por descubrir, sé que un eco
nunca será lombriz de la luz. Guarda para mí la penumbra
de un portal herido, su sombra, su armonía en el silencio
convierte mi rostro en un adiós. Todavía en las mariposas
verdes encuentro la orilla, el suburbio donde vivo, la muerte
y sus aceras. Hay un resplandor oscuro que es un nombre
o un ardid, el bravío incienso de tu piel deshabitada.

domingo, 9 de octubre de 2016

La conversación

Es un corazón sobre otro corazón, el azabache
del tiempo no nombra la aurora solo la magia
de una belleza transparente y efímera, un símbolo
fugaz. Sus brazos escriben en el aire notas breves,
aullidos de simpatía.¿Y sus ojos?, un resplandor
que interroga al espacio como una campana perdida
entre los ecos de la jungla. Son las palabras una verdad
sin memoria, basta el amor a la plasticidad(troncos
como hembras tendidos al azul, el río sin pertenencia
que llueve y llueve en los ojos heridos). No quiero
su nombre en el mío, solo una paz que se insinúe
en la piel, que roce el áspid del deseo, que devuelva
a la finitud su sentido. Hoy hablo del instante de la luz,
su párpado imberbe en mi boca, la calidez de un diálogo
que regresa para morir en esta noche sin luna.

Fragmento de "Muerte en Venecia" de Thomas Mann

"Nada resulta mas extraño ni mas irritante que las relaciones que se establecen entre hombres que sólo se conocen de vista, que diariamente, a todas horas, se tropiezan, se observan, viéndose obligados, por la etiqueta, o por capricho, a no saludarse ni cruzar palabra, manteniendo el engaño de una indiferencia perfecta. Se produce entre ellos inquietud e irritada curiosidad. Es la historia de un deseo de conocerse y tratarse insatisfecho, artificiosamente contenido, y, en especial, de una especie de estimación exaltada. Pues el hombre ama y honra mientras no puede juzgarle. Y el deseo se engendra por el conocimiento defectuoso"

La flor de la herida

Con los pilares firmes del sueño
el niño construye mundos.

Ayer mira al hoy,
el hoy es un cúmulo de invencibles estrellas
en la simpatía del círculo.

Juegan los fantasmas con semáforos alados,
juega el fuego con la sed
tras el día de los días
en su fulgor intemporal de margaritas dóciles.

Pero nada se parece a la virtud
cuando la rapiña del mal se adueña de las calles
y sopla miríadas azules
con un resplandor falsario.

Se abre entonces el poro limpio de la herida
y surgen los gusanos del miedo.

Y en un desamparo de flores calvas
la duda se convierte en acusación
de homilías y templos,
de verdades sin hojas
en las alamedas rojizas.

¿Para qué el mapa de los asteroides,
la nebulosa de un futuro,
el silencio que se mixtura con la pólvora
antes de ser diversión de color
en los cielos del anochecer?

Así es cómo se forma la herida
-que en su despertar regará los años -
la exactitud de los orificios que son permanentes
como un río que nace tras la culpa simulada,
y se aleja y se aleja de la identidad
que amanecía con la risa de los enjambres
y el sonido alegre de los pájaros.

jueves, 6 de octubre de 2016

El papel

El blanco, ¿no es pureza?¿Por qué mi oscuridad,
mi fondo, el arbitrio, la insensatez de una línea,
la grafía que no amo, escriben los signos como
un imán desnudo? La gloria de una frase simula
la muerte. Los renglones del poema saltan igual
que olas hacia el rostro que no eres. Un mensaje
en azul, la tinta y su relieve, la ausencia del filo,
la fragilidad de un pensamiento que se escapa
sin un sol. El papel es una mano abierta sobre
un cielo interior. Crepitan los músculos de una
inspiración sin cadenas sobre los márgenes
que sufren. Se arma un deseo o una quimera
o una razón o quizá la naturaleza de unos versos
incólumes para que alguien derrote a su abismo
y encuentre el paraíso en los pétalos de un párrafo,
en la concatenación de una coma, en los puntos
suspensivos del sueño.

martes, 4 de octubre de 2016

La proximidad

El tren bajo el invierno crece.

Una similitud de copos no escribe el ayer,
solo redondea la noche
y su ejército de luciérnagas.

El silencio, sí,
el silencio es un dogma que se recita en las farolas
como el adiós de un viento inexistente.

No hay dudas
cuando un ojo revienta la piedad de las islas
y ya son sueños las horas
y el mercurio anuncia las destemplanza
de una madrugada que no se siente.

Un silbido, la memoria de los arboles,
la infinitud de un cielo abstracto,
mil panteras que comen de mi carne herida.

¿Y tu voz?¿vendrá, otra vez, a escuchar mi muerte,
o el diálogo será un cruce de rodillas
en el esmalte de unos ojos nunca pintados?.

El vagón te ampara,
lees un libro o quizá rememoras la ausencia
de no ser tú.

Yo callo con mis uñas alegres
que rozan la materia de un asiento carcomido
por la ceniza de cigarrillos fósiles.

El espectro que dejó su huella en el estampado azul
se escarcha.

Si miras o me miras
encontrarás la clave de un silencio de flores,
algo que en el fondo de tu iris se anuncia
como el lúpulo en la mañana
como mi yo cuando te siento.

viernes, 30 de septiembre de 2016

La consciencia

Poco entiendo porque hace mucho que no consigo ser yo.
La ilusión teje, la juventud escribe caminos, el hombre
adulto piensa y ejecuta el sonido diario de un reloj ciego.
¿Cuándo surge la lucidez, en qué omóplato el ácido se santigua
como un beato antes de la muerte? Hay una cordura que brota
como semilla en la piedra de los días y hace daño con su insolencia
de cuchillo. Es la verdad que cuelga en los párpados del tiempo.
Que vuelvan su cara los espejos cuando mi rostro se mire,
que nadie me hable porque le hablará a un fantasma.
Respiro sin saber que respiro mi ausencia.

jueves, 29 de septiembre de 2016

El beso

Antes la especie, el ciclo perpetuo. Luego el alud,
las serpentinas, el verano en una ola de carne,
los fuegos en un espacio rosa, líquido, febril.
¡Qué misterio el de un roce, la sangre y el deseo,
la memoria de la descendencia en un segundo de gloria!
Todo, ¡todo! en la humedad de los ojos, cerrados, fríos
como un sello de luz. No hay pliegues ni sinrazón,
la armonía es el agua que rompe los cielos, el suave
cariz, el surco de los días para ser festividad de locura,
la huella del éxtasis en la incertidumbre de la noche.
Que sea mi labio la llave de tu húmedo desliz, un sol
que propone diademas de futuro, la luna en el instante
exacto en que soy luz que crece, comunión de ti.

martes, 27 de septiembre de 2016

El pasajero

Llueve y hace frío.

Lo imposible es un sol en mi desnudez,
una isla blanca.

El tren envejece, transita o no,
viaja en el ayer con exactitud disconforme
mientras las horas, los minutos
no ansían el regreso, solo la luz.

Estoy,
soy
un pedazo de memoria.

Algo que no entiendo me mira como el ángel
que ya conoce el porqué de la aventura
o el perfil imaginado de una cruz en la roca,
el símbolo que nunca ejerce
su condición de añoranza.

Lo cierto es lo incierto
-los grises de la mañana,
un sonido que cubre de aire los maizales,
la yerba azul,
sí, azul,
como tu cielo-.

¿Quién me podrá juzgar desde el metal de un tren,
sin traje, desnudo como un héroe amargo,
mendicante sin quererlo
bajo las pupilas de un reloj que no cesa?

Si aún recuerdo el tránsito es para no desdecir la luz,
si el mar fue un oscuro edén no lo vieron estos ojos,
la latitud de mi vida no exige noches,
solo una claridad que ilumine
y de sentido a mi hoy.

De lo contrario la existencia sería olvido.



sábado, 24 de septiembre de 2016

La lluvia en ti



Qué incierta es la lluvia. Solo caída
sin memoria, un eco que transparenta
caricias del pasado, una alfombra virgen
que llora en la medianoche febril. Amo el sonido
breve del agua tibia, quiero la ráfaga, el aliento
boscoso de las agujas mojadas, la luz velada
de la incertidumbre. Su ritmo, su música, su
espejo contrae el sol cuando los colores escriben
un gesto de piedad en el horizonte. Y la persistencia
del himno líquido cuando la piel se repliega en ti
como una niña rebelde que aún no sabe que la pureza
se escribe con el beso de un labio húmedo, frío, dócil,
germinal como una flor que se encumbra de vida.

La sincera gratitud

Hasta dónde tendré que regresar para encontrar
un corazón dormido. Gracias a ti que cuidaste
mi jardín cuando era erial, gracias al horizonte
que me dejó ver la luz de tantos cometas, de
microscópicos ejércitos que pugnaban con el miedo.
Hay gratitud en las caricias no anunciadas,
en la risa y en la costumbre de ser algarabía
en la media tarde, también en los ojos blancos del mar
cuando la mirada vigila el romper de las náyades
sobre crestas de espuma inmaculada. Es un ramo
de flor la vida, con sus hojas al viento y su color
imperecedero. Si en la sombra tu cuerpo ha buscado
el sabor de las esquinas y el orgulloso gesto de la
hembra se ha posado en el asombro, recuerda que
un don es el arbitrio de la noche, que las guirnaldas
y los espejos buscan los azules del sueño para darte
una verdad entre las saetas de un reloj fósil. Gracias
por tu piel que nunca fue ambigua, gracias por lo que
en su mudez calló el árbol de la genealogía imperfecta,
gracias por los caminos que recorrí a solas bajo la lluvia,
sintiendo la unicidad de mi yo. Y gracias por los errores
que enseñorearon el crepúsculo cuando la avanzada edad
trató de escribir un testamento en la niebla-como si unas
huellas pudieran ser dibujadas tras el álgido devenir de la vida -.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Fragmento de "El cine según Hitchcock" de Francois Truffaut



"Lo que me emocionó aquella tarde, al volver a ver todos esos trozos de películas que recordaba de memoria, pero por una noche aislados de su contexto, fue a la vez la sinceridad y la brutalidad de la obra hitchcockiana. Era imposible no ver que todas las escenas de amor estaban filmadas como escenas de asesinato y todas las escenas de asesinato, como escenas de amor. Yo conocía esa obra, creía conocerla muy bien y me quedé anonadado ante lo que veía. En la pantalla todo eran manchas, juegos de artificio, eyaculaciones, suspiros, estertores, gritos, pérdidas de sangre, lágrimas, puñetazos torcidos, y me pareció que en el cine de Hitchcock, decididamente más sexual que sensual, hacer el amor y morir eran la misma cosa. "

El recuerdo

Hay un pájaro huérfano en mi voz.
Me da la espalda y a veces huye.
Este pájaro es un recuerdo que
no sabe cuando nací, cuando
morí o dónde. Yo soy su jaula
o su noche, su dios o su penumbra.
Vive en mí como una garrapata fértil
que amamanto y quiero.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El espejo

Esa nitidez no es mía.

El brillo como un tótem
donde mi rostro cabalga.

Mensajes de luz en las esquinas cóncavas,
la sed de un signo
vuela como paloma
sobre la frente cáustica.

No hagas muecas, no pienses,
la atmósfera es un prisma de pensamientos
y no podrás hacer callar a tu hoy,
a tu primavera indómita.

Él te mira con el pulido eje del azogue,
no canta,
el silencio adorna la verdad del misterio
y así anticipamos el regreso,
la cadena que ata.

Cada día, cada noche, vigilo su doblez
pero no puedo huir de su arcadia que llora.

¿Quién es el yo que enciende la muda mueca del adiós?
El cristal lleva en su interior un viento de lujuria.

Buscaré en otro espejismo el pilar de la luz
como un extraño que no halla en su tez
la insignia del orgullo.

Quizá la ponzoña de lo que ha sido y no vuelve,
el eco invisible de la necedad,
tu yo en la memoria del tiempo
me salven.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Tú conduces

Solo mi cuerpo avanza. No hay conciencia
de un destino que se refugie en mis manos.
Leves colinas, colores amarillos y ocres,
el silencio de la mies, el azul de un horizonte
claro. Solo mi corazón exige el regreso porque
los minutos se pueblan de castillos encantados,
de mares agrestes, de faros que iluminan suelos
inenarrables, de palabras sin orilla en los labios
rojos. Con este rostro ajado que se apoya en el cristal
frío, pasajero de un vehículo triste, voy sumando
paisajes en mis pupilas viejas, sin nada que decir
en la proximidad de tus brazos. Miras al frente,
tensa como un árbol amante, no sé en que piensas,
no sé en qué momento has dejado de estar aquí.
El viaje es un sello de silencios y luz. Pronto
llegaremos a casa.

viernes, 16 de septiembre de 2016

El café

La transparencia de la lluvia escribe un sol.

Mira el robusto eje de tu paso
en el cristal líquido.

Detrás el anhelo de mi sombra,
los rizos del agua y su música.

Fue necesario alejarse del mar,
fue el designio que la ciudad elige
la piedra del musgo,
el canto que llora en los suburbios.

Ya sabia que no hay iconos en tu iris que vaga.

La juventud no reconoce las huellas,
ejerce la locura del viento en sus alas
y no entiende de párpados heridos.

¿Qué es lo nuestro,
quizá la doctrina que impone el día,
sus imágenes compartidas,
el circulo del regreso y de la nada
bajo el parasol ambiguo de la costumbre?

Si amar es una idea
que envuelve con su raíz el aliento de las horas,
reniego de la cicatriz
hasta el origen de no ser yo
sino el azul de la memoria.

Siempre consentí con los amaneceres del agua,
me podía el eco de la vida
con su soniquete de espumas.

¿Y si busco lo que perdí en los ojos del azar?

De nuevo
como un mendigo en las calles que soñé,
las que fueron, las que me acompañan
como un latido entre las cruces,
un sol amargo que puebla este café
de añoranzas.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La noche

Volverá la noche a cubrirme.
Es mi amante sombra de pájaros.
El silencio oscuro crece hacia el olvido.
Me entrego a la soledad, al culmen de la luna náufraga.
Como un astro núbil lloro en la caída.
¿Hasta dónde, hasta quién
la evidencia de no ser
luz?

martes, 13 de septiembre de 2016

La perdida luz

Qué margen te das.

¿El de la historia que vuela noche tras noche sobre el abismo?.

Los recuerdos crujen cuando la imagen no puede regresar
a la sed inhóspita del delirio.

Dónde, y en qué los rastrojos inmóviles
que te catapultan hacia el mañana,
cuál su raíz de hojas perdidas,
desde qué rubor el aliento crece hacia el sur,
deja un ovillo de soles en la claridad múltiple.

La luz, la impenetrable luz es lo que busco,
su robusta memoria de días y días,
su ferocidad que quema los visillos amables,
el resplandor en la caoba
o en los espejos que quisieran tan solo un cuerpo,
una ceniza o un milagro.

¿Es que hay una traición en la desventura,
es que quién no trasluce sus recuerdos
los ama con el frenesí loco de la ausencia?

En esta pared donde la soledad dibuja un nido,
yo descubro la candidez como una llaga alegre.

Que vuelva el compás de la música que no conocí,
el ritmo que halló en mis venas la forma ágil de vivir,
el corazón que existe más allá de la irrealidad
de ser presente o nada.

lunes, 12 de septiembre de 2016

"Cursé mis estudios universitarios en Santiago y en aquella ciudad de piedra y agua fui feliz. Ahora lo sé. Tenia ilusiones como cualquier otro joven. Tenía amigos que compartían una forma de vida abierta y sin compromisos. Allí idealicé todo: mi pasado, mi presente y mi futuro. Estudié poco, viví lo que pude, dejé que el tiempo me llevara a su guarida engañosa, y busqué el amor en los ojos cómplices de una compañera ausente. Cada día lo sentía como un privilegio, ya que nada se repetía, o eso creía yo en mi ingenua visión de las cosas que nunca me parecían iguales, aún cuando los gestos , los modos y los lugares fueran los mismos que los de ayer o los de mañana. Tal vez era yo el que cambiaba a cada momento, virgen de experiencias, viviendo entre la realidad y la ficción, creyendo en ideas y sentimientos que solo tenían sentido en los libros; y como yo, los otros, aquellos que sumaban sus vivencias a las mías; mis familiares: próximos pero extraños, queridos y ajenos, figuras poliédricas de múltiples caras que se anulaban hasta el infinito; mis amigos: escépticos, soñadores, visionarios. Me pregunto si aquello sirvió para algo, si los juegos solo fueron juegos, si no fue únicamente la necesidad lo que nos unió para finalmente extinguirse como si nada hubiera existido".

sábado, 10 de septiembre de 2016

El niño ante el espejo

Qué recuerdo sino la luz.

Una claridad de nubes
(hiperbórea, celeste, ambigua).

El espacio donde el yo es un átomo
y la duda vuela sobre los altares de las horas.

El tiempo dormita en esquinas rojas,
cuadros que se mueven,
arañas en los caireles
como sorprendidas musas del fragor.

Y un enigma
que recupera los bordes de esa fuente de porcelana
donde los jardines mueren
y no hay espectros
voces que amar.

¿Y los sonidos,
es que acaso su soledad no parece un ardid,
la dimensión de unos espejos
que repiten las mañanas blancas?

Tú me preguntas si está allí el niño que no conocía el futuro,
sí,
su voz se agrieta
cuando los muros no responden a la sinfonía de los ecos,
a la trampa gris del ayer.

No volverá la magia de unas pisadas,
tampoco el episodio diario de un mensaje que no llega.

Detrás de las ventanas
el tiempo imagina una noche eterna,
de un día a otro nada cambia
hasta que no eres tú el que ve
sino el que sueña,
hasta que las heridas se escriben en tu piel
como tatuajes vespertinos,
hasta que en el crepúsculo alguien diga
que ya está bien,
que la muerte es la única respuesta al olvido.

Cita de "Caperucita en Manhattan" de Carmen Martín Gaite



"A veces lo que sueño creo que es verdad, y lo que me pasa me parece que lo he soñado antes... Además, lo que ha pasado no está escrito en ninguna parte y al fin se olvida. En cambio, lo que está escrito es como si hubiera pasado siempre".

viernes, 9 de septiembre de 2016

Tu caricia

Los sonidos de la casa aúllan. Ven, madre,
a ese abismo que enternece la noche. Aquí
juegan los niños, ríen cuando mi rostro
se hunde en la tierra como un sol perdido.
Afuera la luz quiere abrazarte, adentro
las mariposas aletean sobre el cuarzo,
crean un murmullo de fraguas. No es
el miedo, créeme, lo que anticipa la locura.
Son los ángeles que te aman, su protectora
voz de amparo que nos cubre. Solo quiero
la virtud breve de los cometas, el estallido
de un resplandor mortal en la red de los días,
el desvaído gesto de tu fugacidad amante.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Vivir el encuentro como se vive la luz

Es imposible unir lo que habita detrás de nosotros.

El silencio que se recoge en el círculo de la amistad
o las costumbres aparentemente simples
que no se aman.

Tú eras tren, mar,
aire que cesa ante el cristal del ensueño.

Hay heridas que agitan un nombre en sus ingles
o esquinas en que la lluvia roza el deseo,
lo vuelve líquido, eterno, inmutable.

Así los principios
cuando el azar se cuadra como un soldado inmortal
y parece que en la luz se escriben latidos
que se unen como sombras sin dueño.

¡Qué inmensidad en el desliz de un segundo
cuando estalla en las venas y guía un cuerpo
durante los años de la juventud
hasta las orillas del éxtasis!

Podría ser que dijéramos lo mismo
o tal vez que las palabras nacieran viejas
como una máscara usada
o un teatro de títeres
en los designios de la noche.

Fue un tiempo de plenilunio en la piel sin años,
fue la voz que no quiere hablar,
la tiniebla en los dedos que se tocan.

¿Dónde está la luz que prendió en las sienes?

Aquí, allí, en el lugar de la vida
que regresa con las alas mustias
del pasado.

domingo, 4 de septiembre de 2016

La luz en las cosas

En la edad adulta los sonidos envejecen,
el antiguo reloj, los pasos levemente sonoros
en los pasillos de mármol, una voz tras otra voz
solo inscritas en la memoria.

¿Hasta dónde quiero hoy invocar la luz?

Serpentinas en el aire,
claridad en los zócalos,
un cristal que recoge en su seno
toda la lujuria de una primavera voraz.

Y el estallido de los objetos
a los que nadie hace caso:
la plata que es relámpago,
la porcelana y su vientre azul,
el tafilete en los guantes
como un huella arcaica de otro siglo
o sueño.

Hay mariposas que no vuelan
cuando un rayo fósil ilumina los rincones
donde los libros piensan su dulzura
o los ancianos eclipses de un cigarrillo
dejan en la sombra huellas de adolescencia,
un secreto en los labios.

Otras veces, cuando la noche se agacha,
brillan las luces en mi hombro
y camino hacia el sol que no existe
y quiero ser el alma
que nunca se ha marchado de un ayer sin oráculos.

Toda la presencia que los murciélagos anuncian
con el aleteo gris de sus alas
está en mí o en ti
cuando, al fin, somos recuerdo.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Negación de la casa

La casa nos pertenece como un abrigo o un sueño
donde nada es exacto, solo la música de un reloj
escribe los puntos de las horas pausadas, ajenas
a nosotros, dobladas como sutiles armonías
que imponen el ritmo, la mecánica de los minutos
en los cuerpos rebeldes que no se reconocen
en el alud de los ecos sino en el aire que escapa
por los ventanales cerrados hacia el calidoscopio
de un futuro libre, extraño, multicolor. Aunque
la casa nos pertenece no tiene significado porque
la duda queda atrás y son los latidos un camino
abierto hacia los lobos del porvenir donde ya no
hay patria, ni hogar, ni un recuerdo al que volver.

Inicio de "La deriva"

"Berta sostenía un cigarrillo entre el dedo índice y el corazón de su mano derecha. Su muñeca se apoyaba mansamente sobre la mesa forrada de hule; llevaba así cinco minutos, mirando como se consumía: dio una primera calada profunda, y después la brasa enrojeció todavía un instante para convertirse en ceniza que avanzó todo a lo largo del cilindro, pausadamente, ganando terreno, aproximándose a los dedos nudosos como si les fuera a dar un beso. Berta no movió un músculo cuando notó la quemazón, en realidad era lo que estaba esperando desde hacia cuatro minutos y medio, desde que comprendió que tenia que aprender a aguantar el dolor de una vez, porque ya era hora se dijo, porque a los treinta y dos años no se podía andar con remilgos como si fuera una adolescente que cree en cuentos de hadas, porque estaba sola y la soledad duele más que un millón de brasas asesinas".

jueves, 1 de septiembre de 2016

Paseando por la ciudad que fuimos

Ah! sí, has pisado el epicentro de tu nombre
en el lugar en el que no puedes vivir.

Y, sin embargo, el viento gira igual,
la luz viaja lenta hasta ti,
en los atardeceres de febrero,
un olor a salitre llega del sur
lo mismo que un aroma blando
en la piel oscura.

Pero no,
pero no vive aquí el maquillaje de tus sueños
ni la infantil ternura de verte en un cristal
cuando te alejas, ni esa voz,
quizá música, que acompaña cada matiz
de tu ausencia.

Esta ciudad tiene un corazón amargo,
lo sé porque no hay sonidos
en la memoria de mi ayer
y las dormidas plazas no anuncian regresos
en la noche de la aurora.

Han cambiado las nubes,
su reflejo es igual a un abrazo,
su algodón detiene la lluvia
antes de que mi estatura invoque el asombro.

Nada queda de los pómulos
que inventaron luces de ámbar.

No importa que los dibujos de los empedrados
ya no persigan mi huella,
no importa que sea un extraño
entre las lunas de escaparates ambiguos,
un traidor sin patria.

Te veo y te veo
aunque las calles nieguen el artificio
de un cuerpo que divide en metáforas
la sed que fuimos,
el canto que asombra a los árboles que ya no existen,
el misterio que fue instante o eternidad.

¿También lo recuerdas tú?



miércoles, 31 de agosto de 2016

Mudos

Ya no hablamos.

El río pasa como un tren desnudo
y es la costumbre un mapa de flores
que muere en el tránsito.

¿Fue así la góndola de fiebre azul,
el Rossio de luces y mosaicos
en la plaza cubierta de sol?

Los cuerpos pertenecen a los cuerpos
y no hay lugar que escriba en la piel
el momento del ardor.

Cada ciudad es un mensaje oculto,
llegas, pisas sus silencios,
sus calles pobladas
de un algo que suda
en los labios de la multitud
pero que no se parece a lo que en ti imprime
su aliento de universalidad, de cantos prohibidos,
de historia que no envejece
en tu dicha.

¿Lo piensas tú también?

Dime si aún buscas la sombra del castillo,
un mar que sea plata
y a la vez imagen de los días que serán pasado
o los murmullos de países que entregan su luz
al viajero amante
que solo entiende la vida
como un secreto compartido en la noche.

Ya no hablamos de la juventud
y sus alas de viento frágil,
qué de los paraísos que el neón disculpa,
qué de los pisos compartidos
cuando el deseo inunda los portales
con el agua del amor.

Todas las raíces son una sola raíz,
una raíz de piedra, un poso que deja fluir los ecos
de una luna inmortal
en los ojos simples del presente.











lunes, 29 de agosto de 2016

Un ejercicio de nostalgia

Ya he vivido este instante sin hojas.

La musculatura del tiempo se vuelve elástica
cuando la memoria busca un ancla, un oasis,
un púlpito al que volver.

Me pueden los dinosaurios que transitan lentos
en los monólogos de la luz.

He visto playas sin banderas,
plazas completamente grises
bajo un manto de preguntas
en cualquier fecha o estación.

La mirada regresa al ayer
como el eco de un grito en la noche de las noches
o el susurro blanco de las palomas
en el invierno de la inexactitud.

La vida crea atmósferas sin resplandor,
su lluvia es breve porque al darnos cuenta de la sombra
ya somos flor caída, trébol amargo del azar.

Mi yo quiere racimos perennes,
aunque sea el artificio su médula.

Quiere el mar donde habite el mar,
el viento y su eternidad de bocas o aullido,
de lobos hambrientos en cruces sin alma.

Es poco lo que pido, una calle blanca,
limpia, donde mis huellas me nombren,
un latido acompasado
que brille en los cristales,
una herida que fluya en mí
igual que los rostros o las palabras
de los días mudos.

Cuando los años se escuchan en los años
un ejército bravío enloquece,
son los espejos que me miran,
mi juventud que habla,
la infancia en las fotos que acarician mis manos,
ese vivo gesto de los duendes
antes de que duerma el hoy
en las almohadas del olvido.






sábado, 27 de agosto de 2016

Acompañado

Es un mueble alto y estrecho igual que un dedo
que pregunta. El color no acaba en el color, se derrama
en el aire hasta poseer la luz con sus hilos invisibles.
Los objetos-un plato de porcelana, un cuadro sin titulo,
la maceta vacía, la lámpara dormida-dialogan entre sí
y a veces callan. El silencio es un sonido mudo que escucho
con los ojos cerrados. La mañana va creciendo mientras
los recuerdos me agotan con su luz. Quisiera descansar
de mí, ser un yo sin patria. El día gris es una luna de acero.
Como otro día de otro día que fue, la vida pasa.

jueves, 25 de agosto de 2016

La casa ya no duele(soneto)

Hay un silencio febril en las cosas
como si nada fuera real. Luz
que habita el porvenir, un contraluz
que no mira al pasado, aquellas rosas

que un abril marchitó. Sol del futuro
y de la languidez de las mañanas
cuando el aire golpea las ventanas
con su voz de metal y en el maduro

espejo se desnuda el tiempo vago.
Mi espera no se rinde porque hay luces
que moran en los zócalos, reproches

que niegan el ayer como un aciago
recuerdo en los pasillos, como cruces
que reviven por ti cada mil noches.

martes, 23 de agosto de 2016

Amantes

Se cubre los pechos con lentitud
como si sus manos quisieran retrasar la desnudez
antes de convertirla en olvido.

Su mirada ríe, sus labios no,
su piel brilla en el interior con palabras de encanto,
sus pies me buscan como felinos sin madre,
su ayer no existe ni el mío tampoco
cuando el abrazo nos une en la luz
como mariposas antes de la noche.

Yo no sé si este día es igual a cualquier otro
ni si la habitación de un hotel
es el lugar donde los cuerpos mienten.

Nos amamos otra vez
mientras la claridad arrulla con su voz de oro
la cadencia de un reloj varado.

Veo como se agrietan las telarañas de sus ojos,
ya nada es tiempo entre los dos,
solo zumo de vida,
pasión que encuentra un sol en la memoria.

























lunes, 22 de agosto de 2016

La brisa amante(soneto)

Donde el aire es abrigo, una manera
de que sientan mis pasos el murmullo
de las bocas que no hablan, el arrullo
vencido de los cuerpos tras la espera,

un poso de canción que nunca muere.
Como una sombra fértil que no calla
atraviesa los rostros, la muralla
que la vida dispone, lo que fuere

tiempo y no la cadena de lo inmóvil.
Siempre sonido estéril en las plazas
o beso en los alares o caricia

sobre las verdes copas, la voz móvil
que susurra a las grecas. Las mordazas
que desata su sed son mi codicia.

domingo, 21 de agosto de 2016

Nace el día



Atraviesa la luz a la luz en un gris de azul.

Ya no mienten las gárgolas
cuando el agua escribe tu nombre en las aceras.

Duerme tu cuerpo en un ovillo de paz.

Yo escucho el cristal que llora,
la suave música de una lluvia
que entretiene mi iris.

¿Volverán las palomas y su zureo
que anoche arrulló las sombras?

Sobre el carmesí de la sábana
dibujas una memoria que quisiera guardar,
para siempre,
para cuando las golondrinas
sean sueño sin retorno
y tú el manantial donde mi razón se nubla.

Dicen que los centauros acosan a las hembras
entre relámpagos verdes.

La lluvia dibuja en mí
el perfil de un amante,
la emoción de las horas que no volverán,
que no volverán a mirarte.









sábado, 20 de agosto de 2016

Encuentros

Podríamos hablar, si quieres, de porqué
los sentimientos nunca se reconocen.¿Cuál
era el rostro que había detrás, el que no tenia
ojos, el que solo era noche? Dime si las cosas
pueblan los días con rumores mudos. La luz,
una calle compartida, el mar que apenas se escucha
y la otra ciudad de lluvia y piedra donde viven
los cuerpos con alas azules, sin un pasado
ni un futuro en los labios.¿Por qué las palabras
se escuchan primero en nuestra voz, fluyen
amantes hasta un corazón entregado o bien
se dibujan en un cielo amorfo como fuegos
de artificio? Un río solo puede trazar su destino
con la fe del iluso, un río que se amamanta
de amor hincha su caudal hasta el éxtasis
que desborda el día. Después de tanto tiempo
podrías decirme cuál fue el latido que no
compartimos, en qué estación se bajó tu
mirada, dónde quedaron los encuentros
rebeldes que me hicieron concebir espejos
en el aire, tigres en las nubes. O si lo prefieres
no digas nada.

viernes, 19 de agosto de 2016

El soñador(Soneto)

A veces pienso en la huida pero dudo,
otras veces camino sin frontera
como un viejo sonámbulo que espera
una mano infantil, un loco embudo

que le lleve al olvido. Solo el viaje
nos enseña la luz, el ciego paso
por un sol sin relojes, el acaso
como libre destino, sin bagaje

igual que colibrís que se despiden
en un cielo sin nubes. Hacia el día
que no conozca noche, hacia otro mito

que encienda la raíz de los que miden
el sueño con clamores de utopía.
Solo soy la pasión muda de un grito.

miércoles, 17 de agosto de 2016

La pierna

Hay un calvero justo encima de mi rodilla.
Sé la causa pero no entiendo el porqué
de la isla. Alrededor la maraña es una jungla
donde trepan los monos del subconsciente.
A veces miro mi pierna y pienso en océanos
por descubrir. Otras veces, pregunto, ¿dónde
está ese mar, viejo Ulises? “Es la aventura
de la vida, el viaje que aún sueñas. Descubre
en esa piel sin fronda el perfil de tu rostro,
el mañana ahíto que te espera”. Siento
que soy futuro en una carne herida.

martes, 16 de agosto de 2016

Fragmento de "Los siete locos" de Roberto Arlt

"Ustedes saben mejor que yo que para ser diputado hay que haber tenido una carrera de mentiras, comenzado como vago de comité, transando y haciendo vida común con perdularios de todas las calañas, en fin, una vida al margen del código y de la verdad".

El turista disconforme

Bajó el sol hasta los tobillos del día.
El oro es blanco como un algodón perfecto.
Este rostro no es el otro ni el otro ni el otro,
la flecha indica el río de los cuerpos
y no hay sudor en la memoria.
No he pensado en los edificios cuando lo oscuro
vive en mí y me desespera.
Llevo un pan en la espalda que roza los músculos,
se entrega al aire
como un maná desahuciado.
Brilla la luz¿brilla la luz? en los ojos de la urbe .
Nada abre su corazón al mar
(no existe el sonido ni el margen ni el pálpito de las olas).
En el cauce de un río muerto
las jirafas escandalizan al marcapasos virgen.
No hay sombras ni sonido
ni volar de pájaros
ni aliento.
Habla el hombre del autobús con las silabas en éxtasis,
me río, nos reímos
porque la verdad es como una cebra herida
en los omoplatos del salario.
Al alejarnos de la ciudad un minúsculo eje de miasmas
nos reconforta
y quiero regresar, sí, quiero regresar
a las líneas marcadas,
a mi destino de hormiga
que prosigue y prosigue.





















lunes, 15 de agosto de 2016

Sublimación del amor(Soneto)


Debo un sueño al azar. Tu paso lento
florece en las aceras como un pino
de brillante color. ¿Será el camino
que me lleve a la luz, el fundamento

de un sereno existir, el vivo faro
que en la noche me guíe? Hay en la espera
una extraña añoranza, una manera
de entregarse al deseo, sin amparo,

como un niño perdido en la ternura
de unos brazos amantes, como miel
que se derrama fértil sobre el día

en que sentimos juntos la locura
de unos cuerpos en paz, la dulce piel
que se hace eternidad en la utopía.

domingo, 14 de agosto de 2016

La incongruencia

¿Por qué me sigue este perro?
Todos los comercios callan un nombre.
¿Por qué me sigue este perro?
Tus ojos no son los ojos del tiempo.
¿Por qué me sigue este perro?
La mujer desdentada ríe.
¿Por qué me sigue este perro?
Se oyen mis pasos sobre el frío.
¿Por qué me sigue este perro?

viernes, 12 de agosto de 2016

¿Qué somos?(soneto)

Hay un trozo de luz en los espejos
donde la claridad tiene tu forma,
hay ventanas sin voz, cuerpos sin horma
en las paredes fósiles, reflejos

que pueblan los pasillos con la herida
de los recuerdos rotos. Hay veladas
en que fuimos tapiz, horas pasadas
entre paredes mudas. Una vida

que no mira al futuro, un hoy esquivo
que permanece fiel tras la callada
imagen de la luz. Somos edad

que vive sin memoria, un sol cautivo
de alado resplandor. Una mirada
en el rostro senil, la levedad.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Los labios salvajes

Un aguijón de hambre construye mundos sin medida.

Basta un cuerpo que se alza
en las calles pretéritas,
una soledad que irrumpe con el dulzor en los tobillos
como un ángel sin nombre.

No pensé en las heridas,
solo el calor de unas piernas que no hallan el símbolo
o la fantasía inútil de la armonía en las calles pobladas
puede describir un sol que pasa.

Me veo en la quimera de los escaparates
y no odio al que fui,
la juventud escribe insomnios que no mienten,
su urgencia es la de un latido
en la fiebre de los túneles.

Quiero, quieres, una razón,
no la hay,
quiero el rayo verde(sí, el rayo verde)
que sea encuentro de noches,
alquimia en mis dedos,
mansedumbre en los labios.

¿Me llevarías, acaso, hacia el exceso que llora en las esquinas
por no perder el angosto equilibrio de los sueños?

Te has entregado como una diosa frágil,
las últimas calles
escuchan el tibio ardor de tu edén.

¡Qué trasluz cuando el equívoco recibe el eco de los pasos
y un río es la sed
y otro río la deriva
de un deseo sin orillas!

Hasta aquí,
hasta el tiempo que roza el abismo de un mañana
que no huye, que eres tú y soy yo,
que aún somos nosotros.

lunes, 8 de agosto de 2016

Lo justo



Dedicado a mi padre que quiso ser juez

En el fondo es una forma de querer al hombre.
La cercanía, la confidencia,
una suerte de amistad universal,
quizá la comprensión de nuestra condición humana
se llevan en el corazón como una bandera.
¿a qué llamamos lo justo?
A las palabras vacías, no,
al texto abstracto, frío, que describe una actitud
sin tener en cuenta los sentimientos, las razones,
a veces ese laberinto sin salidas
que nos obliga a elegir el mal menor,
tampoco.
Lo justo exige ocupar múltiples espacios,
ser uno y todos, vivir a la vez en la herida y en el daño,
usar el lenguaje como un código
que interprete las emociones, la razón,
los impulsos, la meditada fuente del porqué
y sus enigmas, el rencor, la duda,
la mecánica viril del dolor..
Tú sabías que a un hombre se le reconoce
por su lucha y su fidelidad,
el arraigo pone luces en el corazón
convierte la vida de alguien en su destino
(porque cada amanecer ve la tierra seca o fértil,
el cielo sobre él como un designio,
los animales sosegados o bravíos,
o bien el mar infinito que da la vida y la muerte,
las olas golpeando las amuras como el aliento iracundo de un dios..)
le da sentido a cada paso, pensamiento o deseo
que surge, día tras día, como un horizonte inmóvil.
Tú sabías que la probidad solo es tal
cuando ahonda en las razones últimas del ser.
Por eso les comprendías, hablabas con ellos
en la cercanía de los lugares
donde no hay otra nobleza, otra distinción,
que la de los cuerpos próximos,
sin jerarquías, sin otra verdad
que la de quienes se abren a la noche
y se confiesan como dos niños que sienten miedo del mañana.
¿qué es lo justo?Ni tú ni nadie podría decirlo,
porque el bien y el mal son dos columnas ciegas
que te obligaste a sostener con la fe y la conciencia
de un náufrago.
Gracias por haber existido como ejemplo
de esa lucidez imposible
a la que aún llamamos justicia.

domingo, 7 de agosto de 2016

Verano

Es la boca de la playa un cabello verde.
No ha crecido todavía el oro de la arena
-mis pies sonríen, intactos-.
A un lado y al otro las sombrillas se tocan
como párpados de color. Ya comprenderéis
que hay risas y cuerpos dormidos,
un aire de sal como una ley o dogma.
Yo busco la caricia del mar en mi vientre suicida
-no hay gaviotas cerca del faro-.
Me cuesta el ímpetu de las olas,
su indómito desdén.
El agua adormece las mentiras de mi ayer
y pienso que si no estuvieras aquí
tu piel sería otra, con la verdad en los labios
y la mirada sin rencor. Es un día de playa
que corrompe el azul.
Mis pasos me siguen como una cometa rota.
Si cierro los ojos el día muere,
y ya no estás,
ya no estás a mi lado.

sábado, 6 de agosto de 2016

Orfeo o la inutilidad de la música



¿De qué sirve el canto si un alma no escucha?
Campos que amanecen vírgenes mientras la lira
convoca al dulzor, al éxtasis y al olvido. Tú, Eurídice,
no sabes caminar porque te elevas sobre los ríos,
las fuentes, los almendros, con la transparencia
de una diosa. Ven, que no sea la noche una miríada
de estrellas, que la armonía penetre en ti como un sátiro
sin excusas, como un sol salvaje. Algunas veces juegas
en un jardín amargo, sin la protección de las esferas celestes,
sin que mi música cubra tu cuerpo de niña. Hay maldad
en el surco que la serpiente va dejando, se aproxima como
un veneno que necesita dueña, te muerde con su yugo
infame... Has muerto, así, igual que un rayo en la densidad
del ocaso. Lloran los ojos, gimen los cánticos por rescatar
tu pálido gesto. Sígueme entre el hedor de esta laguna insana,
mi promesa son dos leones ciegos que suspiran por tu imagen
sin heridas. Volver el rostro en el laberinto que mata, ¡no puedo,
no puedo sostener la pasión con los hilos del tiempo!. Te has ido,
solo queda una flauta entre los árboles, lo que vendrá es la muerte
que ya no vengará la luz.