miércoles, 20 de enero de 2021

Sombra mía

 


Tu sombra habla y no miente.

Susurra: quiero ser carne, voz,

palabra. Tu sombra existe en la pared,

en la acera, en los muros de cal.

Tu sombra no duda en perseguirte,

en fingir tus pasos, en oscurecer el sol

que filtra tu esqueleto, en morir por ti

si es necesario. Tu sombra es una isla,

un istmo, un país donde nunca viviste.

Entonces, qué tiene que ver contigo

tu sombra. Dímelo tú, sombra mía.

 

 


El revés de mis manos

 


No sois gemelas, ni espejos que se miran.

Os surcan ríos, os alzáis en promontorios de carne,

hondonadas de piel, el roce de la vida consume

vuestra juventud. En los dedos pliegues antiguos,

bisagras frágiles, asideros que buscan los hombros

del amor. Dicen que os habitan líneas celestiales,

que las horas del destino se dibujan, entrelazadas,

longilíneas, tejidas al insomnio y la erosión de los días.

El lado oscuro, el sudor, la tangibilidad son bandera

de vuestro existir. Y si toco otra piel sois un labio,

una raíz que no quiere desprenderse en la noche.

 


lunes, 18 de enero de 2021

París

Barcas en el cielo, un río de cristal en los ojos.
Telúrica la piedra, la colina emerge, blanca,
en óvulo, los tejados o el colmenar, la enfática
quietud, je ne sais pas, a la orilla del Sena. Versos
azules en las estaciones del tren, en las plazas
el adoquín gris, bajo los puentes el clochard,
los soportales y los museos como cisnes rotos,
ofuscada la nostalgia, espejos con sombra y laberinto.
Ciudad de cristal, ciudad donde los jardines son alma,
cementerios no sacros, farol de leve luz. La luna
en el bulevar Saint-Michel como ceniza de neón,
parterres y pérgolas sin nombre, el músculo
del misterio que cosquillea en la faz del turista,
velados sus ojos de amor y eslóganes.

La dama negra

Yo que sé de la dama negra,
la dama negra,
paloma de lluvia,
alféizar de musgo,
latitud de azabache
bajo el carcaj de un violín roto.

Nada sé de la incógnita de los planetas elípticos,
nada de los bosques sin flor,
ni de los verbos que transitan agujeros de granito,
suburbios de un aceite sepulcral.

Apenas intuyo el misterio canoro,
la luz antigua de los hospitales,
bibliotecas ambarinas,
el azúcar en la sal de los inviernos.

Mi ignorancia desprecia las máscaras,
surge de la claridad,
geiser de vida,
sin escrúpulos,
sin la lágrima de los cobardes,
sin el corazón tímido de los oficinistas.

Sé que el mercurio se iza cuando los pájaros viajan,
sé que dos labios fingen un eco,
sé que hay rodillas que sueñan con ser alas
como navíos en un mar de aire.

Mi indiferencia es un canon sin oratoria,
he visto un lunar en la sombra
y deduje que la ósmosis del color
ayuda a que crezca la nieve,
al rayo lo desdobla,
al pedigrí del reloj le devuelve el signo de la luz y de la noche,
como un papel traslucido en el fondo de un mar negro. 

Lo que descubro se parece demasiado al olvido,
deja que la amnesia infinita ilumine mis axilas
y después háblame, de lugares perdidos,
de un hombre que boquea luz oscura,
de mí que he llovido en los sueños
sin entender nada,
extraño a la razón
igual que un loco que confunde su voz
con la voz de un dios inexistente.


domingo, 17 de enero de 2021

Todavía es tiempo

No hay posibilidad de enmudecer, mis palabras
son historia, la huella de los actos es una cicatriz
perenne, la inercia que nos distancia prosigue su deriva.
Quizá, todavía, logre decirte algo nuevo, hacer que sonrías
por un gesto que no esperas, el perdón es un pájaro
que jamás olvida su origen. Créeme, aún podemos ser
la misma sombra, una única voz, dos partes de un solo
cuerpo, que aspire, igual que el bosque, a vivir en armonía.

sábado, 16 de enero de 2021

Oscurece en la habitación

 


Yo te presto mis alas y tú el sólito ocaso de la luz.
Aquí vive mi sueño, su naturaleza no es mineral,
frota su carne con la mía, nos ilumina, nos escucha
con sus torres viejas. Asómbrate de la esencia,
tu desnudez virginal sacude las cortinas, vuela
en los espejos, se confunde con las palomas
que zurean inmóviles en el alféizar. La tarde
ya no admite horarios, miríadas de ceniza,
murciélagos que arrojan la noche en tu cama,
en tu vientre, en tu ojal perverso. Ahora sé
que cuando sueñas no nace el sol de ti,
son los eclipses, la memoria del día, la acidez
de la amargura, el infeliz cardumen que emana
de la nostalgia como una marea de hojas negras,
tu razón. Enséñame el cisne bajo tu sien, muéstrame
el candor de un iris que vibra, asiente a la magia
que nos une en este crepúsculo sin voz, donde
los cuerpos se rozan y ya nada existe que niegue tu sed,
tu ardor, en la atmósfera próxima del plenilunio.


jueves, 14 de enero de 2021

Tus ojos verdes

A P.

Hace tiempo del trino solitario,

de las esponjas húmedas en el barco triste,

hace tiempo de aquel oasis sin palmeras,

brisado de mar entre oráculos de viento.

 

Luce en mi rodilla la cicatriz del ruiseñor,

hay ramas en tus ojos y una verdad roja

que se acerca a mi como una estela.

 

Poderoso el iris,

faro que vierte su luz de esmeralda,

de hoja fértil, de prado monocolor

cerca del agua donde se esconde tu pupila.

 

Es curioso que, jamás, la luna te nombrara,

tú, ser incorrupto, girasol en las cornisas,

sirena en el asfalto donde nadan mis sueños.

 

Sin ropaje

eres la crisálida de un corazón que flota en las ventanas,

en los cristales del vértigo,

azulean los nombres que dejaste en el olvido

porque los caminos se encienden en tu duda

como yesca febril, como madera de boj en brasas ciegas.

 

Al verte comprendí que las horas vírgenes no existen,

el laúd de tu cuerpo, la música que es un halo invencible,

deja rastros de ceniza en mis ojos, redes e incógnitas,

un telar que instigas con las olas que desnudan mi primavera.

 

Tú sabes del misterio,

pero no del impío jardín de la costumbre,

sus ovarios como raíz de hielo en la prisión del cenit.

 

Y si bailar fuera un círculo sin vísperas,

el núcleo del ardor, la fisión de todos los eclipses,

la aurora de un fotón herido,

yo danzaría, eje híbrido,

noria del aire, turbina sin agua,

aspas donde el alisio llora, maremotos del azar,

modos concéntricos de la locura,

hasta tu rosa verde,

tu pérgola infinita de flores inútiles,

no para mí, no para el deseo que día a día

te persigue.