lunes, 6 de julio de 2020

El lobo en ti

A veces sientes que todo está hecho para ti.
La luz del día, el mar insondable, las palabras
que engarzan una nube con otra, el sol en la piel,
el amor que baña tu amor. Nunca miras dentro de ti,
en ese pozo oscuro al que regresas cuando la bola
de cristal se rompe. Está bien, los relojes son el consuelo
porque navegan hacia atrás como ríos locos, a ti te gusta
nadar contracorriente y desnudarte en la orilla. Crees
que todo es superficie, sentidos poblados por flores
en la nieve, lamentos que pasaran como hojas caducas.
No sabes que alimentas a tu lobo, en el agua gris
espera su noche de azabache desde el tiempo
inmemorial de tu nacimiento, procura que el rocío
de la vida moje tu edad con serpentinas que vuelen
sobre canciones sin memoria. Acecha el lobo tu caída,
sin horror, con la paciencia de un dios que retarda
el festín hasta la hora en que los murciélagos
se aposentan bajo el olvido que serás, ya
escucho tu voz y el aullido que un cuerpo
deja cuando las fauces del lobo muerden
el secreto de su inocencia.

domingo, 5 de julio de 2020

El pasillo

Ignoro la longitud, el candil, si tiene ojos.

Un río de mármol,
yeso en las molduras,
enjambre de gotelé en las paredes,
múltiples láminas que sudan.

Recorre este templo que es un pasillo entre gárgolas,
un suicido de cuadros te contempla,
el teléfono y su negritud,
plástico que sobrevive a la voz del miedo,
el mosaico babea los octógonos que pisas,
la luz cae de una araña rota en cristal.

En su cenit un espejo de cornucopia dorada
y dos sillas de caoba, la herrumbre de los ganchos
donde cuelgan los signos
recibe ropas y ropajes,
chalinas y dalias rojas.

El reloj alemán, pajarita blanca, agujas de oro,
ya no sueña, es el monstruo que contempla
mi cuerpo en fuga, el balón transparente
que rebota en los zócalos.

Transita, si puedes, este silencio de luz,
miasmas que se cruzan como besos pálidos.

Tú me dijiste que era un túnel sin salida,
pero yo sé que mi sangre triste reclama esta arteria de infancia,
cinco puertas cerradas y un frenesí de niños en la penumbra,
encendiéndose, como guirnaldas de todos los colores.

sábado, 4 de julio de 2020

El pájaro

La chica pelirroja no me hace ningún caso,
todavía me despierto con sus ojos de pantera
en mis ojos. Es una ciudad de agua, por eso
llora al atardecer cuando un resquicio de sol
la posee. Conocí la isla: tropical, ocre, dulce
como una madre. El amor es un relámpago que hiere,
nos vimos en un lugar que, después, fue el futuro.
Ya comienza a decaer el día, se vislumbra
en la enramada el cuerpo del pájaro que trina.

viernes, 3 de julio de 2020

Un día de vacaciones

El hotel nos llama con su palmera vieja.

Aún llevas el biquini azul bajo el vestido pret a porter.

Me encanta cuando el sol te encinta
y la habitación clarea.

Desnúdate sin pudor,
recorre el clímax indiferente
de los espacios usados.

Asómate a ese mar que escondes dentro
y dime dónde nadan las sirenas
que te han dejado partir,
sin un canto, envidiosas
de ser tú y tu cuerpo.

miércoles, 1 de julio de 2020

Aquel instante

En cada vida hay un instante crucial.
Su preámbulo no lo imaginas, lo has soñado,
eso sí, pero en otro lugar, en otro tiempo.
Y es que el tren era el viejo tren de siempre,
la noche igual a la última noche, el día
se repetía en el vacío, faltaba la palabra,
el decir de una fuente que nunca antes manó.
Recordarás el olor del aceite, la estación
en penumbra y las farolas de las calles
como una rebelión amarilla. En tu mirada
la desnudez de mi nombre pensé que existía.
Tu rostro, tan cerca como la familiaridad
del perfil en un espejo, tus manos blancas,
los sitios comunes que nos visten. Y ese adiós
de pájaro que volverá a su nido mañana, esa
sensación de que el futuro son nuestros cuerpos
en un rondo infinito. Nunca existió un relámpago
más dulce, un relámpago que sobrevive en la memoria
como una estrella que deja atrás su luz.

lunes, 29 de junio de 2020

Amiga muerte

Hay edades como esqueletos que sueñan.
Siempre estuviste ahí, en las primeras fotografías,
en el pulso del trabajo, en las conversaciones triviales
que repetimos una y otra vez, sin darnos cuenta.
Te refugias en los días felices como una máscara
que nadie invitó. Con los años te adueñas del pensamiento,
escarbas en la infelicidad, brotan de ti diamantes
oscuros que brillan en los cenotafios. Eres
la sombra que en mi vejez se arrima al corazón
del niño que fui, con la ternura del confidente
y una guadaña gris entre los dedos. Ven, habla
conmigo, dime las razones de tu amor despiadado,
tu amor que mata, ese amor donde ya balbucean
las últimas hojas de mi calendario.

sábado, 27 de junio de 2020

Mujer de invierno

A menudo me hablabas de la bruma y la escarcha,
del frío y los osos polares. De niña al ir al colegio,
el invierno-decías- eran bolas de nieve, verdugos,
abrigos y guantes de todos los colores. Ahora
me explico tu amor por el fuego, el por qué
se recogen tus piernas- calcetines rojos- como
alas de cigüeña, ante la chimenea encendida.
Nuestro hogar de montaña lo elegiste tú,
en verano hay flores diminutas y cantos
de cigarra; prefieres enero, sus copos
blanquecinos, sus cristales de hielo y estos leños
que, juntos entregamos, al rito ancestral
de darnos calor en las horas en que los lobos
buscan cómo alimentarse si no nos encuentran.