miércoles, 16 de mayo de 2018

Ingenua Marilyn



“La felicidad está dentro de uno, no al lado de nadie”
Marilyn Monroe

Dentro de ti sonríen los caballitos de mar.
Un cuerpo sin memoria es la vida, un corazón noble
-si lo hallas- reluce como la infancia de los cometas.
A un cisne no le bastan las aguas del silencio,
quiere el mimo del arlequín navegando entre sus muslos
o un río en que la desnudez no resplandezca ni se yerga
inmortal la lujuria de los sexos encendidos. Tanta ternura,
tanto el alfil de los vestidos rojos y su jardín de cópulas,
tanta la avidez de aún ser tú la que entiende la virginidad
como un sol y el labio como un arrullo. ¿Y la frágil
mentira de los párpados cuando la pregunta hiere
y tu cadáver se anticipa a la gloria efímera que
sucumbirá en los espejos? Me conmueve la gracia
de las curvas volcadas al aire, la carne a la deriva
y el temblor de la niña que aún eres al volverte
hacia una cámara que sueña en paz los sueños más
fugaces. Hay una pregunta en tu boca que nadie conoce,
hay un pájaro que se duele por ti o por nosotros.
Un mito es un enigma de múltiples caras, al ver
tu noche infinita me reconcilio con los días azules
donde ya no existe el clamor, solo este fluido de agua
y residuos de llanto en la invencible caricatura del olvido.

lunes, 14 de mayo de 2018

Descubriendo tu belleza

Te sorprende y tardas en saber por qué. Una ráfaga
que incendia tu pupila, la armonía iconoclasta de un brote,
ese rayo con que persigues la fugacidad del éxtasis
para rendirte. ¿Será la maravilla del color o el estallido
de una perfección en llamas? Me duele como a un niño
feliz la huella efímera. Ven y cubre de espejos el muslo
que invita, traza con la inmadurez de tu nombre las escalas
que pisaré una sola vez y si el regreso es la luz no descubras
la señal que envejece ni el instante en que dejarás de ser abril
para convertirte en diciembre.

sábado, 12 de mayo de 2018

Mi sombra

Como ala quebrada, como nido de un pájaro ciego,
como la luz que, invertida, se yergue en el borrador
de los hechos inconclusos; así el retorno a mi sombra
triste, su memoria es la mía aunque ella anclada en la piel,
en el perfil sin densidad de este cuerpo encorvado, ya
no sea la amante de mi joven estatura, ni ría conmigo
al volver de las noches turbias, ni se acueste en mi cama
-algunas veces oscura- para susurrarme incendios,
libaciones, tacto húmedo de infinitud. Estoy solo,
con esta soledad de humo que huye hacia los huesos
del pasado(su ternura es mi edén o maldición o salmodia
de desamor) sin su compañía los pasos escriben sobre
el suelo aullidos de pérdida, un voz de falsa confidencia
se adelanta al futuro, mi destino amanece con un tenue
grisú en el espejo que no consigue reflejar a ese otro
cuerpo volátil, silueta que indecisa se agosta lejos
de mis frases de añoranza, de mi abrazo de aire
donde vivirá para siempre esta caricia sin envés
que soy yo mismo.

jueves, 10 de mayo de 2018

La huésped

En este instante, un pájaro vuela sobre ti, para

que al fin lo arrulles. El café duerme, tu sonrisa

es un mar difuso que acampa en el cristal.

Hay un color sin color que desconoces y un ritmo

suave de pianos adormecidos, sílabas

en el mantel, rojos estambres de amapola.

La noche vive entre los duendes del silencio

y una mirada cruje al bies del velador, vencida de luz.

Al tacto la piel sigue siendo la piel, aunque los carámbanos

de la edad hablen hoy sin pasado. El camarero

no sabe del mañana ni de la ausencia, solo escucha

las lágrimas de un reloj que escribe cada día su epitafio.

lunes, 7 de mayo de 2018

Versos sin alas

Y es que aún no sé decir melancolía, porque
encuentro el rastro de la piel, del murmullo
y el clamor a través de una habitación en sombra;
a la lumbre de un candil, arrojados por la virtud
del espejo al oasis de los cuerpos -brillo, nieve,
llama y crisol- hasta la mañana encendida y el mar
encumbrado sobre caballos de espuma, lánguido
en ósmosis el silencio, el aire y la duda entre vapores,
canesú, cenefas y un azul de mediodía. Claridad
en los signos del vestidor, el aura de un galope
hasta el fieltro hollado, como si los segundos
fueran pálpito de hojas alegres o un sur de magnolias
a los pies del éxtasis; una orilla donde escribir
los versos sin alas que en el instante del amor supuran.

domingo, 6 de mayo de 2018

Carta de nadie a Jean Baptiste Clamence


“Cuanto más me acuso, mayor derecho tengo a juzgarle.
Más aún: le provoco a que se juzgue usted mismo
(Jean Baptiste Clamence)
.”
La caída. Albert Camus.

Oh! señor, por qué no cesa de una vez la bruma,
sus palabras resbalan sobre mí como aceites negros.
¿Es, entonces usía, el héroe que amó la prístina virtud,
el excelso ejemplar que no sufre, la vocal en el discurso
que inflama los corazones necios? Si me dice que fue tan fácil
la singladura, que jamás los sentimientos encontraron
otro abrigo que el dulzor de su rostro, que la gloria
se encendía con la bondad acrisolada que tan eterna
brotaba de su ser, que los caballos salvajes bajo
su caricia leve al fin entendieron la parsimonia que nutre
de paz los silencios. ¿Cuál, entonces, el desamparo,
la huida y la noche? Usted me dice que es suficiente
la orilla de un mar de cristal, aquí en la llanura más llana,
entre los diques mudos, bajo la lluvia que moja los canales
de esta ciudad sin agosto. Deje que hable mi destino:
usted conoció la luz del triunfo, la vanagloria ambidextra
de todos los aplausos, el labio en su labio como flor de agradecimiento
y fatalidad. Bastó la risa para que un áspid royera la inmaculada
efigie de la virtud. Sí, somos iguales en la culpa sin disfraz;
cuesta aprender que la inocencia no existe entre los pámpanos
del día. Quien juzga no miente solo vira el sentido del espejo
y se retrata. ¿No está hermoso el canal? En el bar espera
un desafío, alzaré mi copa con la suya, toda la fraternidad
se resume en dos caminos universales que, sin futuro,
repiten los ecos de una canción hostil.

viernes, 4 de mayo de 2018

Añoranzas de nuestra vida paralela

Antes de que mis ojos fueran pájaro
yo habité en tu nido frágil.

Tu pisada de ayer es mi pisada de hoy:
la magia de un film,
la ternura intempestiva de un mar sin nombre,
el haz de un faro
que te ilumina, igual que a mí.

Y los sueños en el mismo escaparate virgen,
el poso del café que desentrañamos juntos,
la ilusión fantasmal de un latido alegre
que no traicionó su sístole.

El fluir unívoco en la memoria de un río impredecible,
la mirada que deja de ser mirada
para ser un espejo común de alas que sucumben
a la vorágine de la juventud.

¿Juega, entonces, la luz con la luz
en los trenes que nos visten
con horas de penumbra
e insólitos encuentros de sinsabor?

Hay un tejido de niebla
que borra tu imagen del cristal
-aún no sabes que el carmín escribe razones de púrpura
en la ansiedad del deseo imberbe-.

Es pecado de inocencia el abrazo en las esquinas
que una vez viajó hacia la noche sutil.

Detrás de los velos te peinas,
tú y mi sombra en el ataúd de un reloj
que grita pasado como quien grita nube,
humo, aire o infinito.