viernes, 18 de octubre de 2019

Bajo tu paraguas

Dicen que aquí los minutos son húmedos
como un violín que llora. Semillas en el cristal
de iris traslúcido, zumo de brevas bajo el dintel.
Qué ciudad rompe las estrías de la luna
y se viste con el rumor de la piedra y la caricia del agua.
Pasos de niño sin un reflejo de luz,
olores de mercado en las branquias de la noche.
Me acostumbré a no soñar con palomas
y fui un lagarto contra el gris de la nube,
un ruiseñor en los balcones de la juventud.
Hubo jardines de púas blancas y una imagen solitaria
de pájaros comiéndose el corazón de un hombre.
Me nacieron alas de orgullo y, sin querer,
piaba en los trenes como un loco que no cree en su locura.
A fuerza de imaginar un sol, seguí las huellas de tu piel
hasta el confín de la música y me oculté en la piedad
de los antros oscuros, solo para ser tu sombra o tu delirio.
Y llueve, llueve aquí, en los lugares sin alma,
en la ceniza del desdén. Cada vez que el cielo agita
su catarata ángeles líquidos, yo recuerdo
que bajo tu paraguas había luz, un hogar de hojas secas,
un desliz y un nido tan dulce como la inmortalidad de los sueños.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Pasajeros

Nada, ni humo, ni silencio, ni bocinas en los ojos.

Domingo estéril como un pájaro que cae tras el vuelo,
domingo de rezos invisibles en las solapas negras,
domingo de trenes agonizantes en el suburbio de un andén.

Tanto pedí a las horas que en un círculo de luz
durmiera tu seno, estación húmeda en la tarde de noviembre
con hilos de escarcha en la testuz de viejas locomotoras,
con la fe del gusano en los vagones de letras desleídas
y un rumor de ejes arcaico.

No esperaba tu presencia
porque yo era fiebre en un baúl de objetos sin edad,
era la prisión de los relojes
o el turbio destino de los mercancías
después de gritar su nube.

Pero te acomodaste junto a mi sombra,
perfil blanco en el cristal, el redoble del vagón
como un caballo herido entre tus piernas.

Y ya todo fue tránsito,
locura de arpegios en la quietud,
una estatua que llora
o se ensimisma
sin querer
perdida en los paisajes
y en el tiempo.

A menudo me recuerdas
a un gorrión que agoniza entre las vías
después de haber pasado
el último tren de la noche.

lunes, 14 de octubre de 2019

Aquel río tuyo

Puede que el día escriba un signo blanco en la herida,
puede. Está la luz de las horas, limpia como un árbol inverso
que asoma su raíz, está el viento adulto y su olor de flores
escarchadas. Tú quieres un río, el río de tu infancia,
lóbrego y gris, ausente de pájaros, vestido de niebla.
Yo quiero la insolencia del mar sobre un espejo de algas,
relampagueante, en su cenit de ola, el haz de un faro antiguo.
Nos buscan los laberintos que encubren el pavor de la araña,
también los rostros más viejos que atisban tu andar
bajo una lluvia impenetrable. Es curiosa la vida si lo piensas,
hija del agua y su transparencia, junco que brota en la arena de mi playa,
nunca supe que tú eras la ninfa de sal y yo el pez dorado
que se ancla a la corriente de aquel río tuyo
que ahora, por última vez, siento en mi boca.

sábado, 12 de octubre de 2019

La visita de Morta

Te acercas con el olor a incienso de los calendarios,
sin telarañas en los párpados, como un ave desnuda
que pía luz. Conoces la caída de la noche y el orgullo
de los murciélagos, has roto la ceniza de los visillos
con la luna triste de tu seno. Si abres las alas
me encontrarás dormido y seré tu isla, tu ruiseñor,
tu hoguera azul. Y me llevarás a lo oscuro donde
al fin escucharé el latido de los muertos.

jueves, 10 de octubre de 2019

Historia de un mendigo


*Fotografía de Lee Jeffries

Aquí no hay un espejo, cuánto hace que no me miro
en un espejo, seré tacto, barba hirsuta, olor de chaqueta
muerta, de ropa muerta, de muerto en andrajos. Salir
a la orilla del esputo, el que dejé ayer junto a la alcohólica
que ríe con dientes podridos, isla y agujeros, invierno
de dragones, viento que es un amigo, igual que la lluvia
o el hambre, tuve país, hogar y futuro, hoy las ratas
me acompañan mientras arrastro el violín de mis zapatos
sobre un suelo de voraces gusanos a los que alimento
con el orín que, lentamente, corre, como vena o río azul
hasta el desleído oráculo de las baldosas. Quise, amé
el rojo océano desde el lugar incontinente de una ciudad ardida.
Para qué venir a poblar los sueños, hay rastros y gotas
de sangre y varices sobre las farolas, hay estómagos
desvirgados que cuelgan de los frutales, y túneles
de alcanfor con cartones dibujados por falsos profetas.
Humo de colillas, alcohol de garrafa, mugre y vicio
como un chicle que se escupe amargo. Perdí el reloj
y ya no sé el día, conozco un refugio bajo una roca
donde el mar no llega, ni llega el claxon de los mercedes,
ni el oro blanco de los mentirosos, ni el fétido aliento
de los ricos, ni la dulce rutina de los que mueren
en sus trabajos. Soy un mundo subterráneo
en un acuario de abalorios, pero es tan mía la luz,
tan mío este instante, que solo con el desprecio reirá mi ser.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Lo qué le diré al tiempo

¿Qué decirle al tiempo que no sepa?

Dios de agujas y arenas, microscópico ser,
rutina que gotea una luz sombría. Yo le diré
que mi vida está guardada bajo la nieve,
le diré que lo efímero es un jardín de flores inolvidables,
que un soplo de quietud, el éxtasis de un beso,
el sol de la experiencia, el amor entregado
sobreviven al eclipse, al sudor de la piedra,
al maldito puñal de las horas.

En este singular instante en que respiro tiempo,
inconsciente del segundo que me lanza, lentamente, a la caída,
yo mixturo letras, letras infantiles, anárquicas, torpes,
letras que divagan y mienten, letras sin ayer ni mañana
porque las llevo escritas en la piel, en el corazón y en el silencio.

Quisiera un alud cuajado de historias sin futuro,
nada significa la verdad de otro si no hay un roce,
una comunión o un desengaño. De mármol y acero
mis vivencias sin sombra, vestidas de suspiros y humo.

Le diré al tiempo, que vive en mí una inmortalidad
que no es la de las fotografías, ni la de las estatuas
ni la de los vídeos furtivos. Una inmortalidad
que fluye con la sangre y amenaza al rutinario existir
con su locura. En ella está la savia gris de la especie.

Sabed, amigos míos, que sois inmortales.
Tal vez lo descubráis un día en la breve lucidez
de un pensamiento.

sábado, 5 de octubre de 2019

Analítica sensorial

Vista:

Película que no acaba,
espejo de la vida en pasos dormidos,
cercanía de lugares que rebotan en mí,
la eternidad en un segundo de paz
cuando los ojos se abren a la luz



Tacto:

La huella del frío o del calor no sirve,
áspera la lija o el esparto,
suave la seda y el algodón,
desnuda tu piel se entrega a la caricia
donde mueren, al fin, mis dedos.


Olfato:

Tu perfume me provoca un aullido en la memoria.
El olor de un seno tan próximo,
el humo en las costillas incubando noche,
el aroma salino de un mar en calma,
un pan recién horneado entre las manos.


Gusto:

Dulce tu pezón como leche que mana,
acre el sabor de la mentira,
agrio el poso de la sangre en la boca,
picor del ovillo que oculta tu vientre.


Oído:

Se adivina tu ser por los tacones ágiles,
voces de mercurio, motos que invaden la luz
con estrías de carámbano,
música que escucho a solas
en una habitación sin alma,
el murmullo de los espejos,
el silbido del hombre libre.