miércoles, 7 de diciembre de 2016

Ayer tan próxima y hoy tan lejana

Los años son una canción perdida entre los ecos.
Aquel rótulo persiste, las calles aún vigilan tu sombra,
el desliz de los cuerpos crea fantasmas en la burbuja
ausente de los enigmas. Si te supiera hablar propondría
un acertijo para que en el misterio te anudaras como
una mariposa núbil que calla el dolor de la presa,
el ombligo voraz de las telarañas. A veces pienso
en los corales que no nacieron porque nuestra vida
pudo ser un mar cristalino, de un azul sin mácula,
fértil como las esponjas que se desnudan ante
las olas amantes. Pero no, tus ojos volaron hacia
el círculo de las ninfas, sin formularios, como
una flor que no admite cordura, en la senda de una
atracción prevista entre los redobles de músicas célibes
o entre manos que se anudan tras las imágenes comunes
de una historia compartida. Te veo extraña al tiempo,
acariciando palomas en el aire, fingiendo ser la raíz
de la infinitud- o la fuerza gris o los ríos o los bosques
que tapan tus sueños- tan múltiple, tan oscura que no
llego a comprender como una vez fuimos refugio
de una pasión que hoy descubro infantil.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Antepasados

Si miro dentro de mí. ¿Qué es lo que veo?
Una casa grande nunca en silencio, unos rostros
muy parecidos al mío- la tez levemente oscura,
los labios finos como cintas de carne- una voz clara
que se transforma en eco, los pasos de Milagros
al llegar el alba, el miedo en mis ojos de niño febril.
Nada de lo que me rodea hoy vive en la claridad
de la huella indeleble: voraces son los minutos,
rutinarios los atardeceres, las palabras en constante
fuga... Dentro de mí guardo un tesoro que susurra
nombres, sus alas de marfil brillan eternas, su imagen
es un faro de haz infinito. En lo más hondo de mi corazón
existe un teatro donde estáis vosotros, los que aún sois luz.
Que no cese jamás vuestro resplandor en mi negra sed
de hastío.

domingo, 4 de diciembre de 2016

La luz



Las cortinas no son mi rostro,
la cretona vive en su abismo de grecas hostiles
tras el penúltimo episodio de la rima.

Hay un rastro común que el ofidio conoce,
su longitud es la de la máscara,
su visión templa anillos y muerte
hasta llegar a la luz.

Si al fin la luz- no el nido de la incansable secuencia-
si al fin la luz dijera mi nombre
al levantar su manto;
si los caballos albinos
como una miasma sin razón
o una lápida de marionetas
escribiera en mis párpados la armonía ajena de los días,
qué haría yo con mi alma proscrita
y mis dudas que taladran la sed de los pasillos
cuando la aurora no es voz,
ni los pájaros entienden mi desazón de náufrago.

Solo levantarse como el aire que vive,
solo la ternura de un silencio claro,
para siempre,
para siempre
en la eternidad que me roce.




















sábado, 3 de diciembre de 2016

Astenia

Tantas veces llegó la claridad que ya es oscura.
Tiempo que se dobla en pliegues sucios como
un traje que ha perdido el color o una voz que
se refugia en el silencio de unos labios que articulan
aire. Otra luz tiene el mar, otros relámpagos visitan
la noche, su brillo es el brillo del crepúsculo enraizado
en mi piel ajada con su palidez de ceniza y su tatuaje
de muerte. Las imágenes son un sueño que me palpa,
me escupe, me da vida, me desnuda. Ya solo la espera
reconoce la canción suave de mi ayer, el giro breve
de las golondrinas anuncia el invierno, otro invierno
en las nubes que tapan el sol sobre un horizonte ya ido.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Contra el tiempo

¿Qué es lo oscuro?¿éste alambre donde habita el hoy
o quizá la memoria difusa de los días sin ojos? Suena
un motor en la noche, el pensamiento escribe sendas
de luz, la luna susurra un desliz en mi frente, el eco
de una radio graba sus capítulos en el cautiverio
de las horas. Vives y vivo en los minutos de la perfidia
como un sonajero que invita al rumor de la nieve y los satélites.
En las columnas de un reloj no habitan los instantes, solo una extraña
lucidez en el parpadeo de los números igual que un latido de piedra
en lo inolvidable, en tu secuencia gris, en tu corazón que naufraga
contra el silencio o contra la lentitud que ya eres, ya eres.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Caminar hacia atrás

Ser huella en la huella no parece que le importe a nadie.
Una familia se oculta con ramas de alabastro tras un jardín
de árboles sin sombra bajo un techo oscuro. Allí está mi
nombre, en el corazón de las paredes o en el marco abierto
de las ventanas.¿Cuándo suceden las cosas nimias, en qué
rompeolas escribe un verbo el latido de un reloj moribundo?
Salir del surco no nombrado-con sus bulevares de mar
o sus cristales siempre altivos mirando hacia la llave del sol-.
Si vengo es que existo en mi voz apenas músculo que calla.
Si vivo es por los raíles que cruzaron mi piel en inviernos
o veranos, en la lejanía de lo que no alcanzo cuando finjo
un ayer. Solo la virtud me conmueve, la claridad
en los ojos lánguidos de la aurora como una tempestad
en el iris ambiguo. No vendrá la lluvia a salvarme
con sus alas líquidas o su amor que me convierte
en río. Soy memoria de horas que se inflaman
en un segundo, el pensamiento gira y gira hasta
ser ceniza, ceniza libre que me amamanta como
un tótem que fluye hacia la luz o hacia el olvido.

martes, 29 de noviembre de 2016

La huella

Hay un orden que no quiero, en mi displicencia,
en la costumbre de no ser yo cuando me dibujo
en los espejos de la edad. Aquel niño murmuraba
algo: la impaciencia del futuro, su cuerpo como
la alegría de los pájaros imberbes, los estallidos sobre
los alambres de la vida tan febriles en su risa. A otro
verás al huir la luz en la caída de los trenes sin ayer
cuando los vagones son el misterio de un soliloquio
o la verdadera quietud de los que no saben morir.
Si en los ojos de lo que fui un párpado venciera
al fatuo gesto de la nada mil caracoles me arrullarían
unánimes. No existe otra huella que el amor del prójimo,
cálida, entretejida en mi yo como una identidad perpetua
donde viven las luces irreales del silencio.