martes, 22 de agosto de 2017

Mi mar



Todos los mares están en este mar.
Caleidoscopio, vórtice, jungla de agua
donde habita mi infancia, paseos de luces
apagadas cuando el alba dibuja en las ondas
oscurecidas un hilo aurífero que sangra
en su vientre. Canción del verano en mi
cuerpo dormido sobre la arena que acoge
la sombra de una sirena lasciva, el coro
infantil de los tritones verdes, la impiedad
de un sol que vomita en mis pestañas
la luz cálida de julio. Hay una historia
escrita en la piel de la marea, son recuerdos
que huelen a sal y a marisma, un pasado
que ha perdido el color de la espuma álgida,
no la huella que en el corazón deja
su arpegio rumoroso.

domingo, 20 de agosto de 2017

La mañana

Cómo juega la luz en la mansarda.
Es temprano, no sé qué hora.
Voces de mercado, rumores de tráfico,
el olor de la fruta madura. Y tú
que traspasas el haz sin querer,
la toalla secando tu cuerpo húmedo.
Puede que el paraíso solo sea
este instante que ya se agota.

sábado, 19 de agosto de 2017

La sinrazón del terror(ocurra donde ocurra)

Un sol negro quema la paz de la tarde.
Se hace veloz la llama alucinada del dolor.
¿Qué voracidad salvaje humilla el corazón
del hombre? La inocencia se rinde al espasmo
violento de la barbarie. No existe un dios de paz
en su mirada, solo el odio inmoral de la locura
infinita. Han creado un paraíso de sangre
para sus almas y una mentira de la que
se nutre la ignorancia roja de la penumbra.
Son heraldos de la muerte, hijos de un vómito
sin luz. Solo les satisface la bondad herida
porque nunca aprendieron a ser libres.

viernes, 18 de agosto de 2017

Deseo incumplido

Porque quería ser algo más que palabra, pupila
que ansía compartir la doblez de dos sombras
fugaces, carnalidad de mano que necesita dibujar
tu cuerpo en los vidrios húmedos, lentitud al posar
mi huella en los arcos sutiles de tu piel en calma,
un crisol de sentidos más allá de la astucia de los
verbos latentes, una opacidad que se diluya
bajo los pómulos al dulce contacto de la sed
innombrable. Quería, en fin, la vida de otro.

jueves, 17 de agosto de 2017

El hogar pasajero

Un haz de decadencia ilumina su vientre.

Puertas de cristal pálido que baten
- el níquel sucio-
como olas de aire en un túnel perdido.

Quiero anunciarme
al rostro anacrónico de una voz melosa
con la interrogación del desamparo
en las comisuras tímidas.

La escalera y su tapiz,
ya sin dibujo,
la araña melancólica de luz amarilla,
el olor a historia vencida, a humedad acre,
la correcta distinción de las paredes,
ascensores que chirrían
igual que viejos juguetes oxidados.

Y un pasillo que quisiera abrirse al presente
pero no consigue despejar la urdimbre
de su fiel opacidad.

Hace frío en la habitación abuhardillada,
el camastro quiere cantar el soliloquio de la herida,
un espejo voraz vislumbra
mi cuerpo enmohecido.

Hotel sin alma que vuelve del pasado
como una bruja que ríe.

Te olvidé y te olvido en mi recuerdo
que huye de ti y de tu noche entretejida de susurros azules.

miércoles, 16 de agosto de 2017

La jauría

Hay en mí una nostalgia de paraísos invisibles.
Es lo perdido un agua vertida que ya no me roza.
Tu cuerpo ha dejado de ser hambre de labios húmedos,
táctil resurrección de areolas febriles en noches
sin meditar o mañanas en un jardín de piel cálida.
Lo que dijimos pobló segundos de serpentinas al aire,
lo que soñamos buscó la luz en las habitaciones
con espejos que devolvieran a la realidad su materia irreal.
¿Qué fue de los caminos, los lugares al sol, la aventura
de ser color, pájaro, tigres en la lejanía de una ciudad
poseída? Adentro, en nuestra casa rota, el tiempo muere
en el tiempo y ya no quedan dalias en un balcón tapiado
por la costumbre de abandonar la risa a una jauría sutil
que enarca el marchito estandarte de la edad.

martes, 15 de agosto de 2017

Feria en Ponte de Lima



Los automóviles descansan como islas de acero.
En la arboleda grandes hormigas circulan entre
el olor del cuero, los tejidos que morirán,
las voces que invitan al subterfugio de la falsa
verdad. Los pájaros huyen de los árboles hacia
un río en calma. Es firme la piedra del puente,
la torre almenada, el ejército secular que da
una razón a la persistencia y al origen. Quizá
en el recodo que imagina el horizonte un mar
altivo se yerga hacia la luz. Siento la quietud
de las horas del verano, su brillo de cáliz
sobre el agua tranquila, el sol que siembra
un oro candente y mortal, el aire vago
de una paz sin nombre.