sábado, 24 de septiembre de 2016

La lluvia en ti



Qué incierta es la lluvia. Solo caída
sin memoria, un eco que transparenta
caricias del pasado, una alfombra virgen
que llora en la medianoche febril. Amo el sonido
breve del agua tibia, quiero la ráfaga, el aliento
boscoso de las agujas mojadas, la luz velada
de la incertidumbre. Su ritmo, su música, su
espejo contrae el sol cuando los colores escriben
un gesto de piedad en el horizonte. Y la persistencia
del himno líquido cuando la piel se repliega en ti
como una niña rebelde que aún no sabe que la pureza
se escribe con el beso de un labio húmedo, frío, dócil,
germinal como una flor que se encumbra de vida.

La sincera gratitud

Hasta dónde tendré que regresar para encontrar
un corazón dormido. Gracias a ti que cuidaste
mi jardín cuando era erial, gracias al horizonte
que me dejó ver la luz de tantos cometas, de
microscópicos ejércitos que pugnaban con el miedo.
Hay gratitud en las caricias no anunciadas,
en la risa y en la costumbre de ser algarabía
en la media tarde, también en los ojos blancos del mar
cuando la mirada vigila el romper de las náyades
sobre crestas de espuma inmaculada. Es un ramo
de flor la vida, con sus hojas al viento y su color
imperecedero. Si en la sombra tu cuerpo ha buscado
el sabor de las esquinas y el orgulloso gesto de la
hembra se ha posado en el asombro, recuerda que
un don es el arbitrio de la noche, que las guirnaldas
y los espejos buscan los azules del sueño para darte
una verdad entre las saetas de un reloj fósil. Gracias
por tu piel que nunca fue ambigua, gracias por lo que
en su mudez calló el árbol de la genealogía imperfecta,
gracias por los caminos que recorrí a solas bajo la lluvia,
sintiendo la unicidad de mi yo. Y gracias por los errores
que enseñorearon el crepúsculo cuando la avanzada edad
trató de escribir un testamento en la niebla-como si unas
huellas pudieran ser dibujadas tras el álgido devenir de la vida -.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Fragmento de "El cine según Hitchcock" de Francois Truffaut



"Lo que me emocionó aquella tarde, al volver a ver todos esos trozos de películas que recordaba de memoria, pero por una noche aislados de su contexto, fue a la vez la sinceridad y la brutalidad de la obra hitchcockiana. Era imposible no ver que todas las escenas de amor estaban filmadas como escenas de asesinato y todas las escenas de asesinato, como escenas de amor. Yo conocía esa obra, creía conocerla muy bien y me quedé anonadado ante lo que veía. En la pantalla todo eran manchas, juegos de artificio, eyaculaciones, suspiros, estertores, gritos, pérdidas de sangre, lágrimas, puñetazos torcidos, y me pareció que en el cine de Hitchcock, decididamente más sexual que sensual, hacer el amor y morir eran la misma cosa. "

El recuerdo

Hay un pájaro huérfano en mi voz.
Me da la espalda y a veces huye.
Este pájaro es un recuerdo que
no sabe cuando nací, cuando
morí o dónde. Yo soy su jaula
o su noche, su dios o su penumbra.
Vive en mí como una garrapata fértil
que amamanto y quiero.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El espejo

Esa nitidez no es mía.

El brillo como un tótem
donde mi rostro cabalga.

Mensajes de luz en las esquinas cóncavas,
la sed de un signo
vuela como paloma
sobre la frente cáustica.

No hagas muecas, no pienses,
la atmósfera es un prisma de pensamientos
y no podrás hacer callar a tu hoy,
a tu primavera indómita.

Él te mira con el pulido eje del azogue,
no canta,
el silencio adorna la verdad del misterio
y así anticipamos el regreso,
la cadena que ata.

Cada día, cada noche, vigilo su doblez
pero no puedo huir de su arcadia que llora.

¿Quién es el yo que enciende la muda mueca del adiós?
El cristal lleva en su interior un viento de lujuria.

Buscaré en otro espejismo el pilar de la luz
como un extraño que no halla en su tez
la insignia del orgullo.

Quizá la ponzoña de lo que ha sido y no vuelve,
el eco invisible de la necedad,
tu yo en la memoria del tiempo
me salven.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Tú conduces

Solo mi cuerpo avanza. No hay conciencia
de un destino que se refugie en mis manos.
Leves colinas, colores amarillos y ocres,
el silencio de la mies, el azul de un horizonte
claro. Solo mi corazón exige el regreso porque
los minutos se pueblan de castillos encantados,
de mares agrestes, de faros que iluminan suelos
inenarrables, de palabras sin orilla en los labios
rojos. Con este rostro ajado que se apoya en el cristal
frío, pasajero de un vehículo triste, voy sumando
paisajes en mis pupilas viejas, sin nada que decir
en la proximidad de tus brazos. Miras al frente,
tensa como un árbol amante, no sé en que piensas,
no sé en qué momento has dejado de estar aquí.
El viaje es un sello de silencios y luz. Pronto
llegaremos a casa.

viernes, 16 de septiembre de 2016

El café

La transparencia de la lluvia escribe un sol.

Mira el robusto eje de tu paso
en el cristal líquido.

Detrás el anhelo de mi sombra,
los rizos del agua y su música.

Fue necesario alejarse del mar,
fue el designio que la ciudad elige
la piedra del musgo,
el canto que llora en los suburbios.

Ya sabia que no hay iconos en tu iris que vaga.

La juventud no reconoce las huellas,
ejerce la locura del viento en sus alas
y no entiende de párpados heridos.

¿Qué es lo nuestro,
quizá la doctrina que impone el día,
sus imágenes compartidas,
el circulo del regreso y de la nada
bajo el parasol ambiguo de la costumbre?

Si amar es una idea
que envuelve con su raíz el aliento de las horas,
reniego de la cicatriz
hasta el origen de no ser yo
sino el azul de la memoria.

Siempre consentí con los amaneceres del agua,
me podía el eco de la vida
con su soniquete de espumas.

¿Y si busco lo que perdí en los ojos del azar?

De nuevo
como un mendigo en las calles que soñé,
las que fueron, las que me acompañan
como un latido entre las cruces,
un sol amargo que puebla este café
de añoranzas.