miércoles, 13 de diciembre de 2017

Habitaciones

¿Cuál es su distancia o medida,
la geometría improbable
de su alma?

Paredes limpias
pronto enlutadas por recuerdos,
afiches, olores,
huellas efímeras.

Son como un cofre que guarda héroes desnudos,
allí la luz de la pintura
en un cuadro que es metamorfosis álgida
del éxtasis,
aquí fotografías enmarcadas en la plata
de rectángulos que quisieran ser
ajenos al olvido y al silencio.

Papeles pintados con nenúfares vírgenes,
espejos que idolatran a los transeúntes,
estanterías que sostienen el tiempo
con las alcayatas de un ardid.

Y muebles completamente deshabitados
-aunque luzcan en su vientre el albor de las enaguas,
el algodón que se aproxima
al círculo amante que mi voz susurra-
sordos al reloj que miente a las horas
para que nada cambie
en la gimnasia invisible
de sus metros cuadrados.

Habitaciones hermosas o sucias,
enjalbegadas o cubiertas
con títeres de porcelana, marfil, oro o ensueño,
sois un receptáculo de vida multicolor,
un jardín íntimo de rosas siempre en sazón,
el equilibrio que me acerca al paraíso de la memoria,
de la magia y de aquel misterio
que, todavía, reconozco.







domingo, 10 de diciembre de 2017

Resumen

La insatisfacción cae de mí
como una lágrima herida.

Desde los ejemplos o desde la virtud,
desde la rutina del no ser yo,
hacia los paralelismos
de quien forma una imagen de vanagloria
o la escultura que lleva inscrita
las palabras sin raíz,
el sueño de los profetas
con su voz antigua
y sus preguntas nuevas.

Fácil presentir el claroscuro de la música
cuando el cielo vence su dominio
y los ojos voraces agitan la negrura
de lo que pasa en los relojes
siendo campo artificial de antagonismos
o contradicción; de firmeza en la hegemonía
de esos tambores sin nombre
que acucian la dormida insensatez
y envuelven en metáforas la hiriente hospitalidad
del fracaso.

¿Y la rebeldía que ha mostrado las uñas del salvaje,
dónde la densidad de su músculo
que rompió las venas de la luz
en los orificios de la incansable sinrazón?

Me lloro en las aristas de los vidrios
y persigo ese desfile de hormigas
que han dibujado el esqueleto de mi transcurrir
-apenas salvo la intranquilidad de los ríos,
la orgullosa sed del mar, un faro,
un azul, la primavera de las rosas,
el mármol que suda agua como un elixir de vida-
hasta la orilla desde la que hoy escribo,
sin saber si soy yo el que recuerda estos paraísos imaginados
o es tan solo la noche
el precipicio que me ama.



sábado, 9 de diciembre de 2017

Abril no fue un sueño

La noche está dormida y no quiere estarlo.

El frío, la música,
el brillo de las copas
son igual que el sonámbulo latido de un reloj.

Las palabras se repiten
como piezas rehechas
en el mecano inacabable de los días.

Es lo que pienso
al verme en el cristal insomne
cuando los altavoces escupen
las letras orgullosas
de una canción alucinada.

Al principio vi tu sombra
desplazarse por el espejo,
a mi lado las pieles se conocen
antes del arrojo y la musculatura
de la danza.

Vuelve la noche a recogerse
bajo el ancestral murmullo de la luna,
la vieja ciudad ama el silencio de los perros,
el dulce cáliz de la lluvia.

¿Cómo separarnos si en el arrebol de las calles
hay efluvios de deseo, rojas amapolas
en tu vientre aún intacto?

Solo los labios susurran entreabiertos la demora,
mañana será la voz el lenguaje de la carne
que copulará con el futuro.

De ti no olvido la primavera que me diste
ni el perfil de tus piernas
cuando lejos del sexo me llamabas.

Parece que ya nunca más existió abril.


viernes, 8 de diciembre de 2017

La cartera

Es un rastro o una huella que no deseas.
Ajada por el roce su piel ennegrecida ha
perdido el olor de la pureza, el salvaje
orgullo del cuero indemne sufre ahora
la inanición del enclaustramiento en los
rotos bolsillos del misterio y la oscuridad.
En su vientre el plástico y su dureza mercantil,
la fotografía de un grupo familiar, cuartillas
deshojadas con signos, números y olvido,
billetes que zarparán como sucias balsas
de papel hasta el puerto casi vacío de una
caja registradora. Y, también, un trébol reseco
oprimido por diez monedas gastadas, tu teléfono
anotado bajo el dibujo a lápiz de un rostro juvenil,
desvaída ya la tinta en el arabesco de tu nombre
que una vez fue, para mí, símbolo de eternidad.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Aquel fue el escenario del deseo

Ahora entiendo la escenografía donde creció
el amor. Como un país en el que no importaran
las estaciones o que en ellas la excepción fuera
magia constante, los trenes, las plazas, el mar
un decorado en el que transcurrir sin miedo,
libres de nosotros y de la palabra del adiós,
eternizando la constancia de los lugares en
que el encuentro es la unión del ansia y de la luz,
en la mirada el hambre de los silencios, en la piel
el rotundo magnetismo del roce que enciende
los latidos hasta el grito y la febril necesidad
de acercarse, de palparse como pájaros sin cielo,
ni horizonte, ni alas para subir al edén. Quiera
la música arropar nuestra huida, la claridad
entender la ausencia que seremos, después
del espacio en que las hojas ocres murieron,
tras aquel otoño interminable.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

El espejo

Me da miedo acercarme a su ojo símil.
Evito el susurro que deja en las paredes,
el arco iris con que entretiene a la luz para
que yo olvide el adiós, el reflejo en la piel
de Antonio cuando ensimismado es ya solo
uno con el azogue. Los días que habitan
en las bombillas encuentran allí la noche
estrellada, quizá un sol que se alumbra
a sí mismo como un tímido amanecer
o el espacio que hallará la doblez al
asomar mi cuerpo frágil, la imagen fugaz
de un espíritu que simula mirarse y negarse
sin querer. Hay mañanas en las que me
atrapa el sonido inaudible de su voz,
entonces me arrojo y me obstino ante
la pulida piel del cristal y desnudo las
horas, el porvenir, la armonía de esa pasividad
que nos convierte en extraños que rehúyen
el fluido y lo inane de su expresión cautiva,
así llega el asombro, al fin, el entendimiento
de lo que soy y ya jamás volveré a ser.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Añorándote

En qué momento el círculo perdió su faz,
su enredadera blanca, su jardín de hojas
fértiles o la bondad de la nieve blanca.
He escrito en la frágil canción de los días
christmas azules, amé la curva de los pájaros
y el insomnio del mar. Cada imagen rodó
por mis adentros como un agua dulce
que fluyera perdida en un magma de sal.
¿Y el verdor detrás del ayer?, porque sabes
que la huella es un signo, mientras las campanas
inaudibles concitan lazos entre la ternura y la fe.
Soy ardor y tú eclipse. El misterio navega más allá
de la tiniebla y los niños acarician la senectud
mortal del silencio. Lejos, en la añoranza,
los crisoles del invierno relucen, que caigan
sus hilos, que los maquillajes olviden el color
y un solo centro sea la deidad que olvida
el lugar exacto donde habita tu ausencia.