lunes, 26 de junio de 2017

Despertar contigo

Es solo una imagen lo que espero, una imagen tuya
que se superponga a esa otra imagen de ti que llevo dentro.
Me desnudo en lo cotidiano: la llegada de Milagros,
ese cuadro de luz que besa la geometría de los azulejos,
el silencio como un tapiz blanco, el olor del café que invade
mis sábanas. Pero siempre tú con la imagen de ayer
o la que el sueño me trajo desde los lugares que fuimos
(playas, cascos históricos, la lluvia lenta sobre tu piel
cuando las calles ensombrecen)como nubes en los techos
que son paisajes vivos. Este es mi día a día, sin calendario,
sin frío ni calor, eterno en su luz, pálido si tú no estás,
dulce cuando llegas a mí como una imagen alada.

viernes, 23 de junio de 2017

Misiva al padre

¿Qué pensarías ahora de mí? No lo sé, quizá si tratara de ponerme en tu lugar, como padre que soy, comprendiera los motivos, las ilusiones, las esperanzas que un día pudiste concebir. La vida no se deja modelar, los hijos son como plantas que crecen hacia la luz cada uno a su manera, les trazamos un camino que a menudo recorren al revés, queremos que sean lo que no hemos sido o tal vez mejores de lo que somos ignorando que no hay valor ni referencia ni meta prevista para un alma libre. Seguramente te hubiera decepcionado saber en qué me he convertido, soy profesor en un Instituto de secundaria, no quise ser jurista como tú, recuerdo mis dieciséis años cuando me regalaste las obras completas de Albert Camús, entre las que descubrí la novela “El extranjero” cuya lectura me decidió a no seguir tu camino de juez(qué ironía, no, que fueras precisamente tú quien me abriera esa puerta de salida), y el hastío, la desorientación, la extrañeza que entonces sentí ante la existencia, tan joven, tan frágil, tan perdido ya. Y sin embargo la luz aparece en las cuevas más profundas, la amistad, el espacio inmenso de un más allá por descubrir, un germen de responsabilidad, la cercanía del sexo abierto a un futuro sin compromiso, orientaron mi norte hacia los espejos convergentes de la magia. Porque magia es amanecer después de la caída, y seguir en la circunstancia de un mundo desconocido hasta los paraísos temporales del ardor y la razón, mezclados como niños débiles que se abrazan sin tregua ni premura. Gracias, padre, por entregarme a las sombras, mi brújula creció más allá de la vida estéril que me diste. No soy nada, no soy nadie, sobrevivo entre recuerdos, en la mudez hospitalaria de lo que fui pero a veces miro a ese otro yo que enciende la descendencia como un faro antiguo. Y me ilusiono igual que ayer aunque ya no sea mi cuerpo el que transita la noche sino el de tu ignorado nieto, mi hijo.

miércoles, 21 de junio de 2017

Claudio recuerda su vida



“Aequam memento rebus in arduis servare mente”
Horacio

¿Quién es el que me aún ve así? sordo, tartajo, débil como un gorrión
enfebrecido. ¡No, la sibila que anuncia la increíble magnitud
de mi destino!. Ser pato triste entre garzas, calandria muda,
oropel que anuncia una deidad mutilada. Todo eso ya no existe,
mi niñez de bromas y desprecio, mi juventud entre pergaminos
cuando hallaba en la República una justificación a la insensatez,
la lengua y su veneno que acecharon otros soles pues mi virtud
fue la llama breve de un error. La locura en la isla de aquel emperador lascivo,
la otra locura del impredecible dios que no era dios sino cáscara de mortalidad.
Y la noria o el azar que subyugaba la voluntad de compartir con los hombres
lúcidos la imagen aristocrática de un Roma restaurada. “Soy César,
soy la noche en mis adentros”, le hablo a la sombra de ese Agripa
que al fin traicionará mi amistad , “sé fuerte, sé digno, salva al Imperio”
me susurra al oído el omnipotente Augusto desde las orillas del Hades.  
Años y años tratando de salvaguardar la memoria de la civilización,
quise la justicia, me volqué hacia los instintos más puros del pueblo,
amé a una mujer disoluta, lasciva, entregada al placer más estéril
del goce desmedido. Y fui conquistador, como mi padre, como
ese ágil hermano que en las pantanosas tierras de Germania escribió
su leyenda en la profundidad de los bosques, en la barbarie conquistada
por la luz. Mi razón fue Bretaña, la isla de la que Julio César renegó,
los agrestes acantilados que asustaron a Calígula, aquellos hombres
azules que amamantaban duros inviernos. Llega al final esta vida, tú
que nunca fuiste mujer amable manejas desde hace tiempo mi voluntad.
Sospecho que una extraña tormenta de fuego y música asolará al fin
este imperio despiadado. He cumplido, sin quererlo me han adorado
como a un dios, un Vulcano débil, cojo y mortal . Hoy sé que entre
los dioses no sobrevivirá el orgullo, pues somos mármol que la historia
ajará con sus dedos firmes de cariátide cruel.






domingo, 18 de junio de 2017

Padre pájaro

Padre pájaro que vuelas lejos y no te paras en mí.
Si algún día cuando ese otro pájaro de la muerte
vaya a visitarte un recuerdo de mí te llegue, no
me busques pues ya no estaré en tu morada, yo
también me habré hecho pájaro, pájaro de olvido.

Volar

Me gustaría que aprendiéramos juntos a volar.
Pero no ese vuelo que todos admiran del pájaro
ni el artificio metálico de un avión que cruza
el horizonte con sus alas de titanio. No, yo hablo
de esas líneas de aire que se crean con las palabras
que no dijimos, el lugar en el que el pensamiento
es una selva de árboles entrelazados y la vida
se escribe con emociones leídas bajo los focos
de las madrugadas sin sueño, ventanales donde
la luz nos habita como un duende mágico. Y es
que aunque tú no lo sepas los grandes tornados
giran en silencio después de asolar las vides, lo mismo
este corazón que tantas veces volvió al mar de la infancia,
a esas trenzas que columpiaban tu alegría de ser,
al aire que absorbí como una serpiente roja que juega
con su destino fatal, a las risas que una vez compartí
con los otros, sintiéndome yo también otro para
que tú me pudieras mirar. ¡Qué fría se vuelve la noche
cuando los recuerdos no cesan de venir! Escribo
renglones en un vidrio que siempre leerás al revés,
quizá así entiendas la inteligencia de no buscarte, mi
muda sinopsis de huida que ya no te alcanza ni quiere.

sábado, 17 de junio de 2017

Conversaciones

Así aprendí
con los pasos entre calles angostas,
bajo la humedad perpetua de un invierno sólido
como una bendición heredada.

Íbamos en grupo
unidos por el ansia de hablar de cosas irreales
-letras escritas en páginas
o comentarios oídos en ambiguas clases repetidas-
hacia el refugio de los soportales
como rebaños indóciles o náufragos
de los días con sus horas sin voz.

Y de repente comenzaba la canción de los vasos,
en bares de melancolía,
en cuevas donde la absenta brillaba
igual que una diosa en la piel del licor amargo,
lo mismo que un arma
donde la lengua escribiese leyendas irrepetibles
de un solo segundo pasajero.

Y después la arbitraria sed de penumbras envueltas
en alcohol y humo,
sin conocer la astucia de quien habla hacia la noche
para invocar su ayer.

En la lineal arquitectura de los mármoles
las palabras se vuelven mito, misterio,
hojarasca que aún no ha caído.

Me atrevo a dibujarte
cuando en el furor de la música sobrevive tu frenesí.

Todo lo dicho planea como un absurdo abecedario
que olvidaré enseguida.

Porque soy otro y ya no existo en el poso
de este vaso insomne.



miércoles, 14 de junio de 2017

Nuestros recuerdos

Lo que hemos compartido es manantial de vida
y sin embargo hay un agua
que no cesa de morir.

Somos cómplices,
nos duele la ausencia de la felicidad,
no nos acostumbramos al miedo de extinguirnos cada día
en los espejos que son una verdad sin luz,
en las fotografías para las que un rostro significa
el desdén de un presente que ya es ayer.

Hablaremos de los jardines prohibidos,
de ciudades donde creció la flor del éxtasis,
quizá de la ternura de un hijo
o del fulgor que concibió para nosotros
mil y una noches sin alba.

Todo son recuerdos que no nos necesitan,
su razón vive en la nostalgia
de dos círculos perennes.
Dos círculos que se entrecruzan
aún después de habitar el olvido.
Dos cuerpos que ya no se reconocen
más que en la memoria
frágil de la senectud.

domingo, 11 de junio de 2017

Carta de Lord Henry a Dorian Gray



Nunca pensé en la perfección o la inmortalidad.

Un cuadro es solo un dibujo
que la inconsciencia del pintor dimensiona.

Si fuiste tú este dios de perfiles de asombro,
si la vanagloria del pincel encuentra un mito en la noche
y rescata de los misterios
la insoluble candidez de lo eterno
no me culpes.

Tú que entre las frases has adquirido
la forma del mármol,
tú que ambicionas una máscara
que no elija entre el hoy y el mañana
podrás inventar una luz que nunca llore,
que sea la linterna que resucita el mundo,
con su fulgor sin sombra
y sus cánticos alados.

Todo jardín necesita la plegaría de la vida
y qué es la vida sin un don,
el placer que se arrodilla ante un labio,
la proximidad de los cuerpos
que buscan su centro incólume,
quizá la insolencia de la humana desdicha
o la debilidad que asoma
en los corazones entregados.

Ninguna de esas mujeres
comprendió la felicidad de una llama eterna,
solo fueron candor o deseo,
el insomnio tras la aventura de poseer
una piel que va a morir
después de haber probado tu ceniza.

En la memoria de este cuchillo
quedará la locura de una belleza sin molde,
la sospecha de que existe una doblez
que te mira desde el suelo,
roto el lienzo donde la muerte confunde
el frenesí de un pacto que al fin arrastra
en su alud tu miseria.

jueves, 8 de junio de 2017

Cierto mar

Está tan próximo y a la vez tan lejano,
es el mar de mi infancia, la arena cálida,
la olas cansadas, días de aventura y soledad,
faros que convergen en un horizonte difuso.
Me desperté con su armonía, atardecí con su espuma
silenciosa, anochecí con el crepúsculo que dibujaba
en las colinas su color de púrpura y azul. Yo soy
todo bahía cuando paseo entre sus rocas y no pienso
en la voz de las sirenas que agachan su canto
bajo las rompientes, tímidas como un silbido
que nadie oye en la barbacana. Sí, hay un aroma
de fosforescencias, un rumor antiguo de barcos
que se alejan con el filo amargo de sus espadas
resplandecientes al sol. Aquí aún se escucha el eco
del berberisco que venció a sus demonios. Nada
importa si no te veo junto a mi corazón en calma.
El mar es un espejo de algas transparentes donde
viven los sueños clandestinos, con mi rostro
y mi ceniza de arcángel, con mi voz que brota
de la bruma prisionera de este oleaje amigo.

domingo, 4 de junio de 2017

El Minotauro asume su destino



Ni yo sé donde vivo. Hace tiempo perdí la oportunidad
de ser hombre, de vivir entre normas justas, arropado
por una familia, unos dioses, un sentir que me alumbrara.
Nunca vi a mi madre, de mi padre recuerdo la alta testuz
cuando le incitaban a la muerte, su heroica rebeldía
que yo heredé. Me he perdido en esta cueva sin alma,
he suplicado por un cielo que encendiera las estrellas
de mi ojos, quise que el hambre no me entregara una
y otra vez la piel y los huesos de víctimas jóvenes
sobre las que escribir un destino impostor. Vendrá
pronto la justicia que ató mi virginidad con hilos
de desventura, no lucharé ante la razón de la hostil
venganza, que lleve la gloria del héroe mi firma roja,
ese grito unánime que se multiplica hasta la efervescencia
de saber que el monstruo ha caído, que al fin el mundo
puede arrancar de mi pecho la savia negra de la ira.

viernes, 2 de junio de 2017

Lujuria y noche

Aún después de abrazarme a esta copa,
con el silencio de la última palabra
cuando los labios prorrumpen en sinfonías de incoherencia
llega la exactitud de la hora blanca,
el músculo del deseo
que germina en los ojos metálicos del neón.

Así, orillando nostalgias,
bajo el desliz de la lluvia,
derrotando hospitalarios hogares de noches insólitas,
al cónclave del alcohol y las náuseas
-también de la caricia, del metal
junto a la voz que subyuga, el cenit de una mirada
que encuentra un visaje de amor-
con mi historia y mi ansia llenos de ausencias
se precipita el ritmo de unos botines rojos
en la música sin pausa
de la nocturnidad fiera.

¿Es así la magia de dos sexos que naufragan
en un río común de narcisos y nieve,
incertidumbre que resolverá la luna
al posarse sobre su piel entregada?

Solo sé de esa luz
que jamás termina de nacer y morir
o morir y nacer
en su cuerpo febril,
en su flor de lujuria.












martes, 30 de mayo de 2017

Campanilla o la visita del hada



De pronto te muestras en la penumbra
de mi habitación solitaria,
ejerces el vuelo ambiguo de las mariposas perdidas
o la grácil astucia de las arañas
que viven en un reino de luz amorfa.

Sin rubor
como en una latitud ignorada
te desnudas sobre mis omóplatos
y te crees inmensidad
o al menos archipiélago salvaje,
ignorado-virgen tú-,
quizá dolorida por la amnesia de haber soñado
un bosque donde relucen las margaritas invisibles,
las fuentes, los mirlos,
las gallardas palomas
de plumas ávidas.

Te enorgullece ser imagen de aquel país de nunca jamás
oculto bajo los almohadones de los niños felices
y dibujas un augurio en los cristales de la imaginación,
en el amoroso cansancio de los labios
que sonríen después de acariciar ese brillo de estrellas
con que desentrañas la realidad
y la conviertes en ríos de lujuria,
de juegos o sinrazón.

Nunca dejes de volar junto a mí,
tus alas saben de mi piel suave,
tu transparencia habita esta memoria sin madurez,
la que vuelve a ti, a tu sorpresa,
al capricho que emana de la bondad desconocida
de la que eres artificio, pirueta de luz,
culmen que vibra hasta el confín de mi alegría
o de mi inútil sueño.

domingo, 28 de mayo de 2017

Entiendo tu dolor

Siempre fui un amante de las historias escondidas,
en un libro, en el aire, en un reflejo volátil. Todos
los veranos regresan los pájaros tras las nubes escarlatas,
se fijan en un ventanal, en un neón, en el libertinaje
de lo que ya no somos al transcurrir entre los ovillos,
entre las mariposas o los árboles que la noche enciende
cuando dibujan el andar oblicuo de lo perdido, la bajeza
amarga sin historias Tú, eres alguien que existe o no y es que pasa
el arco iris de un gesto tuyo igual que un rayo frío. Volverán
los trenes a la estación olvidada, allí espera el aliento de la añoranza
bajo la luz de la princesa herida. Qué del estallido de las hojas
fatalmente caídas si a mí me gusta el vuelo de su fe suicida,
tan próximo a ti y a tu razón lúcida.

viernes, 26 de mayo de 2017

Historia de un hombre discreto

Pueden ser las voces frías o la admiración de un padre,
cualquier gesto que crea la incertidumbre en la pisada
del niño que aún tantea el azar. Un latido que no suena fuerte,
una flor amarilla eternamente rota, las risas sin dirección
cuando la atmósfera es un ejercicio de olas que revientan
sin motivo.¿Fue el temor a la rebeldía o quizá la oscura
sinrazón de la luna que se pliega en su luz como la retráctil
espina que no fluye? Y así la juventud se vuelve un paso
vacío entre los yugos invisibles. Hay marcas que no alimentan
la piel, su sombra escoge los laberintos de un cuerpo vagamente
doblado. Tal vez no sea preciso vivir en el orgullo ficticio
de la nada, pero recuerda que tu inteligencia ha crecido,
que tus ojos pueden mirar al sol de los días con la certeza
de conocer su aliento, alimenta pues la raíz que mantienes
firme con los años que te han permitido volar hasta conocerte
a ti mismo, hasta la razón fiel que encierras en un puño
al que llamas experiencia, sentido y a pesar de todo probidad.

miércoles, 24 de mayo de 2017

La palabra enmascarada

Así en los símbolos al trasluz
se escriben metáforas de vida invisibles,
ecos que naufragan en el hoy
como huellas que mienten.

La voz es un gimnasta amargo,
las pestañas, el giro unívoco de los dedos,
el torso que alza su verdad y conmueve,
la mansedumbre de la palabra
que habita los segundos con máscaras y artificios
sin una raíz ni un músculo que abrace.

Estoy acostumbrado a la virtud oral
que envilece los mapas como humo frágil
o urbanidad fría
o educación que confunde un sentimiento
con la pluma que se eleva por no caer
entre las hojas húmedas
del árbol estéril.

Permite que la insolencia de esta añoranza
aún te vista con la atmósfera de los ríos impronunciables,
el lúcido ajedrez
donde una vez fui rey de sombras
bajo tus nalgas que se abrían como un cáliz
o un misterio.





lunes, 22 de mayo de 2017

La noche húmeda



Aquí está la lluvia,
lluvia amiga que se posa en mi abrigo
como la pluma del invierno,
como la escarcha que sube al cenit
se columpia y cae.

Voy hacia ti aún sin verte
mido la escala que tu cuerpo va dejando en las losas,
en el frío,
en la húmeda noche sin amparo.

Son las diez o tal vez no,
me miran los escaparates dormidos,
afuera en el haz de la luz
las gotas ríen al saber que te busco
como cierva o ave sin refugio.

Al frente el campanario de la oscura catedral
parece el índice enhiesto de un dios,
designio sin memoria que elige el canto oculto de las nubes,
la prisión de las estrellas
en la frívola oscuridad del silencio.

Un sonido,
la música tan humana que quiere ser vocal
y abre los labios y susurra un verso
o una melodía
o quizá la candidez de un saxo
que es como un río donde nada el deseo de amanecer
con el iris azul de tu pronombre,
con la sed clandestina
que todavía somos.

No intuyo si me esperas,
hay colores donde no vivo
y en los almanaques mi corazón no es para ti
luna ni mar.

Dejemos que el espacio sin límites
sea el jardín de las crisálidas,
que tu voz recorra los laberintos
en los que no sabré entrar,
que la sensatez dibuje en ti mi ausencia
como una cicatriz que nunca tocarás,
como la mirada que adivina un clamor
entre las heridas ocres del tiempo.

sábado, 20 de mayo de 2017

La cruz sobre la frente

Llaga, llaga en la inocencia.¿Por qué el vinagre de la culpa
en los oídos que aún esperan crecer? Un gusano habita en la memoria,
se alimenta de los juncos, vierte el ácido en las palabras inconscientes
como un artificio que corroe el silencio. Quizá algún día me expliques
el por qué una cruz que se desliza por la frente es una carga milenaria
de miasmas y miedo. Sé madre, sé padre, que vuestro aletear quiere
ser abrigo, una capa invisible que arrebuje la incomprensión y la duda
que sucede al dolor.¿Habéis visto el dibujo del ángel, él me protege igual
que un pájaro que busca mi sombra entre las sombras? Mi secreto
es no consentir en la mentira, no juzgo el pavor que encuentra cien
afluentes donde morar y escoge la inconclusa virtud de la ignorancia.
Dejadme que viva la paz que se enciende muy adentro, solo soy
una llama que resiste, un corazón que niega la calumnia infantil,
un hombre que camina hacia delante mientras sostiene entre
sus manos la blanca flor del olvido.

miércoles, 17 de mayo de 2017

El sol entra

Aquí en mi piel hay habitaciones en sombra,
escucho el infantil crujido de un colchón gastado
y dejo que parpadeé el sol de cada día en las paredes,
en el vértigo de las lámparas,
en el polvo estéril del silencio
que fluye hasta ti como un rocío de ángel.

Y continúa en el salón
que es un ventrículo
que bombea la luz hacia mí
y mi despertar blanco.

Hoy pienso en el misterio que recubría las caobas del dosel,
en la vieja cómoda de pino, los esmaltes y las arañas,
el hombre de noche que sucedía a la noche
y esa atmósfera donde vibraba la claridad
como un latido sin voz.

Todas las casas se vuelven igual que girasoles
hacia la bienvenida del albor,
así mi corazón se viste con las guirnaldas sencillas
de un sol que llega hasta mí
con su alfombra dormida,
su diapasón incandescente
o su réplica al por qué no intento disfrutar
de los minutos en que me abraza la luz
como una madre infinita.

lunes, 15 de mayo de 2017

Mejor que vivas en el recuerdo

Si te perfila el viento, yo no lo sé. O es la historia
de un intrincado laberinto donde la especie teje
un mosaico de piel y de glándulas, de armonía
o de abalorios que invitan a ser mil lunas en plenilunio.
Es posible que esas huellas se correspondan con esas otras
que imaginé y que para mí el unicornio siempre brille
(blancura y destino alzados al cielo)al verte en silencio
como una nube que pasa.¿Quién dirá que la belleza es un jardín
de flores inservibles, quién no consentirá con la nostalgia
de ver en la sombra de un después las llamas incandescentes
de un crisol? ah, sí!, hay un canon igual que existen medidas
de infinitud, y si de pronto una cicatriz de diosa recorre
los puntos exactos en que viví, qué diré yo, náufrago
sin isla, máscara que refleja la imagen fría de un espejismo.
No has envejecido, no te he rozado, no has sentido el tacto
de mis dedos en tu piel ajada. Será por eso que los adioses
del cometa aún silban a tu paso ignorantes de un hoy
que ya no quiere la realidad de tu vejez, la cortina amarga
que una y otra vez deslizas sin que nadie vislumbre tras ella
ni a ti ni a tu noche.

sábado, 13 de mayo de 2017

Un cuerpo que no es el tuyo

Al mar se llega desde un nombre. Se abre la voz
contra las olas y la mirada elige un cuerpo
entre otros cuerpos, grácil en su adiós de pájaro
que sueña islas solitarias donde espantar la luz,
playas infantiles de blancura hostil, tiburones mansos
como delfines ciegos que escucharan el latido de las sirenas,
un rumor de peces azules que viajasen hacia los faros
confundidos por el haz de una señal suicida. Y se va,
ese cuerpo se va, se esconde entre los acantilados,
se hunden sus pies en el agua salina de las charcas,
en el caparazón frío de los moluscos y ya es olvido,
un aire sin memoria que te nombra sin nombrarte,
un rastro que deja entre las algas el vértigo de tu piel,
la frescura de tu joven risa inacabada.

jueves, 11 de mayo de 2017

Ya no pienso en ti

La ciudad es un relámpago que huye,
en sus fachadas, en sus ríos y puentes,
en las plazas y los suburbios,
en los tejados en solaz,
acogido por cualquier esquina
que no me reconoce,
ajeno a las palabras y su estrategia
-el idioma era la nube, solo los cuerpos tenían labios y dulzor-
persiguiendo veranos en copas oscuras,
una sincronía
quizá de almas que empiezan a crecer
me acoge.

Escribía el mundo soliloquios blancos,
la risa se acostumbraba a ser vestido
y tu nombre caía en lazos de espuma
formando arias
o azules
en la humedad del silencio.

¡Qué fácil compartir el estupor de los días nuevos
cuando no existía la costumbre
y todo era semilla al sol de un despertar virgen!

Ya no pienso en ti,
pienso en la locura de los relojes
que estallan ausentes del simulacro
como serpentinas en un horizonte que se dobla y se extingue
antes de ver la luz.

No somos más que tiempo que desnuda la clepsidra,
su transparencia no es cruel,
se desplaza sutil como un caracol enfermo,
arrastra en su caparazón las horas ambiguas que vivimos
y esas otras que no fueron canción,
solo un rastro triste
después de una ceremonia
sin color.

martes, 9 de mayo de 2017

Del imposible olvido

Probablemente tú ya no seas tú
pero yo tampoco soy yo.

Sin embargo los lugares existen,
los mismos trenes llegan a su hora,
los calendarios transcurren
con la indiferencia que conocimos al regresar del tiempo
y ser la nostalgia del hoy.

Permíteme que mi palabra no descubra el ardid,
permíteme la luz insomne de la melancolía
en los raíles imperfectos de la edad.

Te hablaré como un niño habla a la flor,
sin mirarte,
solo aspirando el aroma de los pájaros
que huyen de este cielo sin huellas.

¿Qué fue del canto o de las pisadas que cautivamos,
qué de la gloria húmeda de inviernos
en que el amparo era múltiple
y tu presencia el hogar bendecido?

Es posible que ya no reconozcas nada,
el olvido es un monstruo azul
que se entretiene con las llamas del futuro.

Déjame decirte que visité mares sin espuma
-porque la espuma se revolcaba en una arena tejida
de rostros tan parecidos al tuyo,
tan reales como una fotografía del alma
o del sueño y yo no quería ya tu voz-.

Y si has poblado mis días
fue por la inercia de este volar sin horizonte,
un camino en el que los espejos se adueñaron del porvenir
y pasearon las gallinas del frío su estandarte melancólico
de memoria obstinada,
de infantil sudor que nunca cesa de manar
tras el abrazo dulce del silencio.









domingo, 7 de mayo de 2017

Drácula espera a sus verdugos



Ninguna de ellas me ha dado las gracias por la inmortalidad.

¿Qué importa el surco suave en un cuello virgen
si en el brote de la sangre un manantial de vida crece?

Perseguí el elixir en las caras febriles de la juventud
como una aventura invoqué al ciervo blanco
que abre las puertas del infortunio.

Dejé como cadáveres hambrientos a las ninfas de la sed
-todas ellas vigorosas y dulces, neutras y dóciles-
sin esperar más que la demora
en los ojos que sufren.

Quería un coro que cantara a la muerte y a la vez a la vida,
voces tenues, hembras sin vestidos
entre candelabros heroicos, un desorden
donde se dibujara la iconografía de los satélites,
su resplandor en el ocaso
de las infinitas noches sin luna.

Todos mis latidos ignoran el misterio de la luz,
yo me entrego a la magia y al sacrificio de un dios antiguo,
sé que fluye en mí una crueldad ciega
desde la inocencia hasta la voz
que madura el destino en episodios sempiternos
de ambición y crepúsculo.

Aquí está mi pecho rojo
donde late la verdad de lo perpetuo,
anclaros a vuestra esencia sin esperanza,
dueños de un tiempo de podredumbre
que ya os devora.

Chillan los murciélagos mi fin,
baten sus alas negras hacia un cielo estéril
donde ya no existe la eternidad de mi abrazo,
el amoroso perfil
de un colmillo sin alma.

viernes, 5 de mayo de 2017

In Memoriam

A mi hermana, Elena, que ya no está

Cómo volver a lo no sido.

Ausencia más que historias(juegos bajo la camilla
donde tú eras la deidad y ninguna la sombra),
episodios que hacen que la desnudez
no escriba la verdadera mansedumbre,
un gesto de rebeldía
cuando la pubertad se anuncia en los pómulos
que han destejido el pudor.

No recuerdo más que trazos invisibles,
no estás, ni estoy,
es como una niebla el tiempo común
tan frágil, tan diluido y roto.

Llorabas por el vestido académico
que te abría la posibilidad del futuro
y fue aire el camino que entonces emprendiste
lejos de nosotros
hacia la razón de una ciencia infinita.

Pero la vida guarda témpanos
bajo el carmín de los días.

Y guarda el eclipse que un alma joven no sabe ver
porque amanece en la entrega y en la luz.

La decepción es una corona negra
(¿dónde las dalias del dolor encendieron en ti su locura?)
que te viste sin esperar las noches que asoman
en la lentitud de tus manos.

El pensamiento urde trampas mortales,
su alquimia se bebe como un veneno
y no deja rastro de añoranza.

Una vez me pediste la moneda del refugio y mí cobardía dijo no.

Perdóname pues no supe entender el grito
que se escondía tras la mecánica de un teléfono.

Me gustaría rescatar la luz para ti,
que fueras la flor nueva que resplandece hasta morir,
no de duelo sino de eternidad,
no de sangre sino de armonía y cántico
en todas las voces que te nombran.

miércoles, 3 de mayo de 2017

El adiós

De pronto somos lo inevitable, palabras que se engarzan
en un enero perdido. Apetece el refugio de un café, el misterio
de sentir tu cuerpo que escribe en la luz el soliloquio póstumo.
Pasará la noche con sus ángeles sin rostro, vendrá el mañana
con la raíz de la costumbre y los compromisos heredados.
Quizá el miedo- o la simpleza de conocer la orilla de un desliz,
la modulación de las frases, el eclipse de un hechizo acobardado-
rompa al fin la esperanza del para siempre. Como en un espejo
te veo marchar hacia el adiós y no digo nada.

lunes, 1 de mayo de 2017

La espera



Yo sé que la espera es un círculo de horas.
Revuelvo la nube del café, una y otra vez
la cuchara profundiza en el vientre líquido
como si tocara el músculo de un corazón
y pretendiera dibujar en él la música de un entendimiento
o un sinsabor.¿Qué será si la palabra aún no ha amanecido,
si frente a mí un cuerpo no interroga su sentir, si en el fiel
de esta taza nadie escribe una voz? Espero y el color del café
ya no me escucha, el cristal se vuelve hacia mí como un árbol nocturno
que reclamara con su sombra un sueño. Pronto en el nido que es este bar
solo cabrá la penumbra, continuaré aquí porque la verdadera compañía
exige ángeles dormidos. Me bebo la soledad de este café,
amargo y dulce como la misma vida.

sábado, 29 de abril de 2017

Tu sombra

Cómo alarga su sombra el día.

Así el dibujo de unos cabellos
que van y vienen como guiños de azar.

Palpo la infantil esencia de una rama de acebuche,
su orgullo o su sed se estiran hacia la luz
igual que lenguas amantes.

Qué de esa cómoda
cuyo rostro de caoba me acompañó hasta aquí
o el cristal donde se refleja la decadencia de mi cuerpo
ayer sol y hoy baldío.

En la habitación el silencio arrebuja el hambre de las telarañas,
ya sé que falta el paso leve de tus piernas,
el místico albur de tu partida.

Por fin la costumbre vive en soledad
pero recuerda cuántos amaneceres nos conmovieron,
recuerda los desayunos
en que mi presencia y la tuya
formaron un nudo de felicidad
y ansia.

Como proyecciones en una pared eterna
desfilan los momentos de la luz,
somos tú y yo las figuras que tiemblan
en el mosaico de la memoria,
no dejes que se apague la llama unívoca
de la que nacen
las flores azules de la añoranza.

Y aquí sigo contemplando cómo crece el día,
cómo reviven los sueños,
cómo la vida me enseña
que no hay lucidez más allá de ti,
de tu sombra omnisciente
y a la vez, frágil.

viernes, 28 de abril de 2017

El niño eterno


A mi primo José que padecía síndrome de down

El árbol débil tiene raíces profundas. Un amor constante
de abrazos inconclusos, la voz que ríe en sus adentros
como si la vida fuera el roce de un ángel tras los labios festivos.
Quisiera comprender la astucia blanca de sus sueños,
quisiera la gratitud que abre sus alas a la proximidad
y nunca destruye la luz. Quisiera la baraja donde
no existen reyes cuando las manos comban los símbolos
y no hay naufragio, solo el tacto que se acostumbra al silencio.
Recuerdo la manera invencible de cantar las canciones,
los muñecos de plástico que nunca abandonaron sus dedos,
la risa noble igual que un don entre las horas sin refugio.
Aprende a vivir en la semilla si amas la ingenuidad
de los infantes. Hay en la extrañeza flores de melancolía,
para mí no, para mí el paraíso siempre amanecía con el fragor
cálido de su ternura, bienaventurado José que morarás
conmigo entre las olas sin regreso de la niñez perdida.

miércoles, 26 de abril de 2017

La ingenuidad del poeta

Todo poema es una mentira porque la palabra jamás
podrá explicar la luz. Metáfora de la luz el símbolo,
la estructura virgen de una frase, los delirios de pintar
en versos la inmanencia. Todo poema evacua sombras,
imágenes heredadas, soliloquios envilecidos por el orgullo,
ecos que nos recuerdan las rodadas de un carro antiguo.
Escribiré sin la pupila del ayer en mis hojas limpias,
inocente como un niño que aprende a borrar sus sueños
en la pagina absurda de los días. Irreal como quien
habla de sí con la voz de un trueno que siempre llega tarde
a la consciencia, al misterio y al olvido.

martes, 25 de abril de 2017

Cuando el cuerpo de un niño se forma

Yo no sé cuál fue la estrategia del vampiro.

Como un fantasma negro rasgó mis mejillas
con sus garras sin color.

Después la voracidad de los monstruos
de invisible arquitectura
me poseyó igual que dromedarios ansiosos
en un oasis perdido.

Cuando un cuerpo se yergue
todos los átomos del porvenir estallan en círculos de luz,
es el crecimiento de los músculos,
la sincronía del corazón,
el numen que encuentra un sentido en los arrabales,
también en las cosas sencillas que maduran sin querer.

Y llega la rebeldía de una juventud proscrita,
allí los paraísos son blancos: el amor, la inteligencia,
la similitud gregaria de los encuentros infinitos,
el alma breve de quien transcurre
como un planeta olvidado.

No han podido los sueños escribir mensajes sin máscara,
tú lo sabias
porque en las rodillas del futuro siempre estabas en flor,
tan alejada de las horas,
del hoy,
del ayer y su melancolía.


Y al fin las voces gimen en un cauce común,
no recuerdan otros episodios,
su latido unísono es inmortal, crea vidas,
construye un mañana donde mirarse en la edad,
una indolencia que compartimos desde la casa que nos habita,
hasta el fin,
hasta ya no ser nosotros
ni nadie.

viernes, 21 de abril de 2017

Este poema te recuerda

Nada importa si un sueño tiene alas, alas adormecidas
como un arco iris de nieve. Porque el horizonte es hermoso
y no hay silencios de infertilidad, porque cada palabra
es un eje en el que el mundo se mira para no volver a la sed.
Abrázame con la calidez de tu nombre, ocupa este espacio
que convertiremos en paraíso, habla como si un símbolo
fuera táctil y cien mil espectros transitaran nuestras manos
en un carrusel multicolor. Así es la juventud cuando no existen
espejos ni tampoco la ignota mirada del futuro. No permitas
que el tiempo mate el estallido de tu voz, mi orilla sigue seca,
tu rostro amaga cada vez que pienso en lo que no dijimos,
en ese astro que jamás ejerció su vocación de luna.
Creo que existen caminos entre la plenitud y la rosa vieja
del olvido. Son mi amparo, más allá de la cruel vigilia
de los días que nunca vuelven al sol de un mar sin islas,
porque temen su quemazón, la herida de las luces muertas,
la falsa quietud que sobrevive en el reverso de un poema.

miércoles, 19 de abril de 2017

El tiempo de la posibilidad es el tiempo de la nada

Sí, porque nadie escuchó esta voz tan limpia,
la voz del niño que jugaba entre cartones sin saber
que el tiempo es una oración inversa, un cartabón
que no traza lineas blancas, una cruz donde viven
los juguetes perdidos, el ángel terrestre que maquilla
su bondad con girasoles prestados por un desliz,
la alcoba sin mar, el oscuro pálpito de las golondrinas
cuando sueñan cielos ocres y se abalanzan hacia el desdén,
casi muertas, como un catafalco vacío o una singladura
extraña, loca, herida por el recuerdo de no haber sido.

lunes, 17 de abril de 2017

Los desastres de la guerra



Entre cáñamos el aullido surge.

Una boca en silencio, las casas sin pretil,
el ejemplo de un hombre que no cree en el futuro,
la cruz indivisa de un epitafio.

¡El color, sí, el color vive en el ocre!
tú llamas a los corazones heridos por el llanto
y yo llego a la pantomima de los relojes que no callan,
al bies de un ejército vestido de nubes
o a un recuerdo entre fusiles
como nieve sin alma.

Y dentro una vena o la caries de los gusanos.

El sol retorna al abismo
y encuentra la sed de los infantes,
el soliloquio amargo de los puentes invisibles,
la caída de un obús entre el odio y la penumbra.

¿Y la noche, cuando los niños se aventuran
y las iglesias invocan podredumbre,
cantos prohibidos bajo el furor de las banderas?

Son diez metros hasta la fuente,
son palabras que no quieres decir
porque los pájaros celebran el convite de los nidos aciagos
mientras las fachadas del dolor
se encumbran hacia los ecos que invaden la sierra,
los campos, las memorias que sufrirán.

En lo lejano una colina escupe el dinástico desdén
con su metralla inconmovible,
objetos cuya lluvia de polvo enferma pieles blancas,
rojos gritos de sangre.

Dicen que los fantasmas asoman bajo el ladrillo ausente,
no es ausente la palabra que se escribe como una flor inversa
a la sazón de un tiempo sin paz.

He visto brezos colorearse como cirios
que atesoran una luz de cometas.

La vida muda más allá de la vida,
cualquier paraíso es un devenir al antes del ser.
Allí todos somos iguales,
tu Adán es el mío, tu Eva es la mía,
gloria a esa edad neutra
donde se alzan las margaritas que una vez compartimos bajo un sol feliz.

sábado, 15 de abril de 2017

Los paisajes

Como venas de un cuerpo que no es el mío.
Como pústulas de color o retales que se cosen
a una piel huérfana. En el silencio de los pájaros
que cruzan colinas, lomas, barrancos sin voz.
Con la estrategia del agua cuando en filo se alza
y cae con su cabellera plomiza sin ver la múltiple
sed de los insectos, ni sentir la locura de un árbol
que va perdiendo la fértil faz de las horas. Sin
el bucle de la vid ni el zarcillo blanco en flor,
sin la roca que ya es un espejo en la lejanía
o un vestido ocre y duro como una verdad.
Así la luz que me habita, el tránsito de un río
ajeno al dolor, a la ceniza y a la noche. Todos
los paisajes acaban y empiezan en mí.

viernes, 14 de abril de 2017

Pequeña oda a la paz

Si hablar fuese un perdón
qué de muertos no existirían.
Hágase palabra la paz, una frase
de sol y luna. Un tiempo en el que vivir
sea la magia de entenderse, rostro a rostro
igual que las piezas un perdido puzle
sin patria.

El accidente

Todavía las luces se están quemando en mis pupilas.
La noche de piedra me habla y estás tú, que ya no
eres pretérito sino un puente de marfil hacia la locura.
Apareciste como bosque de espejos,
ciega, insolente, anónima fue la primera palabra,
después los escarceos de un duende con mallas rojas
y pirañas que salían de libros para amanecer cotidianas en tus pechos.
¿Por qué recuerdo esa noche de cristales, de ciclones y teatros erguidos?
La felicidad es un meteoro, guiña los ojos, maneja ardides de vieja
y me enseña flores en huecos blancos como un mago el racimo de tu carne roja.

Es tarde, siempre es tarde cuando hablas y yo estoy aquí asegurándote
que el magnolio se revuelca entre deseos,
que aquellas bocas regresan de una batalla de sueños,
que por un momento los búhos recitan tu nombre
y ese ulular cae como lluvia en mis manos abiertas.
No recuerdo bien los números, los lugares son amarillos,
imagino el humo vertiéndose en el halo de un faro ausente,
hay un punto de orgullo mas allá de las mesas de mármol
cuando me dices que no soportas los cantos de guerra ,
que estás harta de huir de los vértices de tu cuerpo.

Salir, retornar, vivir, tocar la rugosa piel de un árbol
del que ignoras su memoria, huir de la voz de los muertos(todo está muerto,
las pisadas hacen el camino de vuelta, el mar es un ojo seco, gelatinoso, inútil),
cinco güisquis, tres oportos, sólo para pronunciar ese arlequín de letras
que nos lleva a la herencia indómita de una chispa de fuego.
Volveremos, no lo dudes, a la piel lisa de los días perfectos,
pero no ahora que bajamos por calles de inmundicia,
comercios pequeños como pupilas de invierno,
letras en los rótulos(enfermas, demacradas),
orín en las cerraduras, arañas comiéndose el tiempo
y el mar haciendo su nido de azabache en el ángulo obtuso de tus senos.

Ahí está nuestro coche, amor, subamos al ruido de dos cuerpos que se hieren,
abre tus párpados, muerde en el centro, en la espina dorsal de mis miedos,
condúceme al odio, dame vida, ¿qué pasa en los cristales?,
dragones mueven mis brazos, tú me preguntas por aquel sueño
que se levanta intacto en los labios, iremos al teatro, lo juro, como lobos
iremos, porque la vida real sólo quiere rosas de ceniza en las venas,
un golpe de tiniebla, miríadas de lágrimas cristalinas golpean tus mejillas,
qué miseria de jardines, qué dolor de preguntas si es la sangre
una moneda de garfios relucientes, y ese cuerpo anónimo tendido en la niebla,
y nosotros llorando, y esta mierda de azar que se vuelve oscuro
en la lengua.

domingo, 9 de abril de 2017

Pájaros sin alas

Quería convertir la palabra en una sirena azul.
Que el mar fuera un lago entre tus manos
donde nadara la luz. Quería tu cuerpo en carne
y no en olvido, quería lo imposible de ser día en la noche
o noche en el día. Cuando el crepúsculo llega
se abren las ventanas del adiós. Hoy escribo
sobre la fugacidad de la vida pero podría hacerlo
sobre dos pájaros que nunca volaron.

viernes, 7 de abril de 2017

El amor efímero

Una voz es la doncella que viste de azul lo que fuimos.

Si pudiera un cuerpo agitar sus cascabeles
encontraríamos allí la sombra de las sombras
en el paso de los días y su flecha indócil.

Te veo ajada, perdida,
blanca como un almanaque sin números.

Todo el camino halló de pronto
las flores muertas de cualquier mes que no calla.

Tú ya sabes que la palabra es nuestra
y vive en un círculo,
el que le damos cuando tú y yo somos nube.

¿Y si un corazón dibujara en su fondo los vestigios del deseo
qué no daría la luz por alumbrar el estigma
de lo no encontrado, su nieve?

Todos los años regresan
como el sonido de un laúd que jamás conociste.

Y es en el juego de los espejos
donde la senectud se vuelve argucia,
trampa en el trasluz que no quieres ver.

Tal vez nos falte un abrazo
para sellar el dulce candil de lo efímero.

Que sepas que hay humos en los toboganes
que forman el devenir exacto de un reloj
y que los hilos invisibles han tejido su ardor
en el tiempo de las tortugas,
la red de un yo que acabará sus días sin ti.





martes, 4 de abril de 2017

La soledad del fantasma

Rodeado por soles que son fríos y mudos. Pero así
se aprende a sobrevivir a la altura de los cuerpos,
palabras que flotan en el aire y no terminan de caer.
De pronto nada es ambiguo, una verdad no es una pregunta
mientras los labios se enternecen y maduran los ojos
más allá del páramo.¿Qué sinrazón invencible se acomoda
a mis bolsillos y resucita el hastío de un jardín sin frutos?
La oscuridad dibuja flores escarlata que nadie ve,
en la memoria los fuegos de artificio cabalgan, ríen
tras su lejanía de amantes. Yo fui otro al borde del mar,
un niño sin horas, una luz que parpadeaba entre las luces,
un horóscopo sin viernes en periódicos inservibles,
ajados como un sueño. Que no se arrodille ante mí
la ausencia retráctil, tu voz perdida, pues me acostumbré a vivir
en los hogares con niebla, en los suburbios donde solo existe
el marfil precario de los elefantes, en total soledad
igual que un fantasma que descubre que el ayer
es su castillo y el hoy su ceniza

domingo, 2 de abril de 2017

Cuando la claridad entra



A veces me pregunto por los caminos de la luz.
Por qué de pronto me rodea, se detiene ante mis pies
o me posee como una bestia en calma. Por qué
se acuesta igual que un pájaro dormido sobre los muebles callados.
Por qué su voz es silencio y su tacto una seda invisible.
Cuando pienso en la luz vienen a mí la felicidad de los niños,
tu piel engalanada, el calor de la vida, los paisajes
que no mueren, los ríos que nacen en la sombra,
el puente que cruzamos para no volver a ser nosotros.
Yo no sé si la luz escribe destinos, no sé cuando llega
o cuando busca otro cuerpo que no es el mío, ni sé adónde
va esa fiebre de amor que agita entre las nubes sus flores de alba.

sábado, 1 de abril de 2017

La húmeda nostalgia



La lluvia no miente,
nos arropa como un sudario
por las calles maquilladas
de líquida sed.

En un bar tres figuras sin rostro
se levantan desde las mesas en penumbra
como soles cautivos que añoraran la luz.

Sigue lloviendo en las rúas,
en los paraguas anónimos,
en el frenesí del tráfico que escupe cláxones de sal
o faros invencibles
o músculos de motor averiados.

Ya no forma tu faz un hilo blanco,
ya los caballos nocturnos agrietaron las hojas de la piel
y en la voz queda la valentía del recuerdo,
mi oscuro adiós que afirma una latitud.

Ya somos canto o nieve esculpida en estatuas insomnes,
ya cae el precipicio de las frentes calladas
y un único anuncio indica el portal de la huida,
la ágil paloma de los besos.

Y silabea el sicomoro,
y en un farol olvidado los ayeres crecen
como el crepúsculo que jamás se ve.

En mis ojos el amor al silencio,
no hay música ni labios azules,
sólo una caricia que se mira dentro
y encuentra unos pasos donde sonreír en compañía
como dos sombras que han vivido en la misma luz
y se reconocen en la estatura de los niños que han sido,
en los eclipses que nunca serán.

viernes, 31 de marzo de 2017

La llama eterna

Todo el aire es nuestro,
el sol, la claridad,
el horizonte infinito.

Nada será sombra
de este amanecer
que vive
en la piel de los años jóvenes.

Un auto es una llave
que se introduce en los paraísos
de mil curvas sin boca.

El alcohol resplandece en el fondo de los vasos líricos,
se acerca a mí un cuerpo
que ha conocido
la servidumbre de los pantanos.

Existe una perfección
en los márgenes que brotan
y son delirio.

Así el ayer como una foto de plata
que recoge el perfil
de los amantes sin voz.

No pudo la lágrima con el agosto de la vida,
que sea entonces la eternidad un recuerdo,
el alma indómita de esta flor
que nunca envejece.

martes, 28 de marzo de 2017

Gritar la vida

Ser tan extraño como el otro que aún no ha nacido,
sentir el ósculo del aire cuando abandonas la duda.
Y proseguir igual que un anuncio luminoso
en el desierto de todos los desiertos, parpadeando
al sol sin añorar el crepúsculo, distante como un labio
en el oasis, perdido en el haz de un faro cuya nostalgia
es un número. La edad, la mayúscula estrategia de las lianas
en que se columpia el futuro, lo que has dejado de ser al nombrar
el estallido, algo así como el arrebato, el estrépito, la ira
de un silencio inefable.

lunes, 27 de marzo de 2017

Extranjero

Con la edad he perdido
la nostalgia del extranjero,
la sensación de urgencia
de las habitaciones furtivas,
el olor a comida rancia de las pensiones,
los ascensores extrañamente extraños,
el tránsito inútil de las calles sin nombre.

Con los años hice mío lo pasajero
-me apropié de estaciones vacías,
puse cemento en el corazón
para no mirar a los ojos del fuego-.

Le di el calor de una historia de viejo
a la más frágil de las ilusiones.
Al miedo de ser cometa y volar
en las azarosas orgías del viento
le puse el ancla de la tibieza.

Hay días en que aún me pesa la liviandad
de aquél tiempo sin patria ni casa.

Pero no es la nostalgia de haber sido
una vez navegante en tierra,
sino el acento de un desconocido país
lo que aún guardo en la memoria.

domingo, 26 de marzo de 2017

La claridad



Hoy retorno a las cosas más simples: mi cuarto oscuro,
el pasillo estrecho, la luz de la mañana en los pies fríos.
Este hogar es un abrazo de paredes amigas, un horario
donde no vence el tiempo sino la alegría de la claridad
que se entrega como una flor o un fruto caído. Siempre
acude fiel el rito luminoso del despertar y es una campana
muda la filigrana de los cuerpos conocidos, su mecánica
de juguetes olvidados en rincones grises que de pronto
alegran el día con los ecos que invocan la familiaridad
de los nombres, el arbitrio de los cometas tras el sello intacto
de los sueños, igual que un párpado que alza su lucidez hacia este sol
que invade sin propósito mi habitación y la desnuda de oscuridad.

viernes, 24 de marzo de 2017

El pan de los recuerdos


En definitiva son palabras sin sentido
las que giran en mi mente
igual que una noria infantil.

Las nombro y una imagen es la luz,
otra el silencio,
la última un sonido amargo
junto a los horarios que se eclipsan.

Para ver, para sentir
invoco los pasos de la noche,
filas de niños ante un altar macilento,
la caricia en la voz de un ángel febril,
los diálogos ajenos al tiempo que huye.

Y la duda de un balón
que se revuelve entre las piernas infinitas de la adolescencia,
el laúd del regreso
con la cara sucia y los cromos repetidos.

Me respondió el amor en el flujo de las ventanas,
en el trasluz de los visillos
o en la generosidad de las tiendas
donde compré el deseo.

Y siempre el mar como un reloj acuático
que bañó la piel del adiós,
en la lejanía del continente
cuando ansiaba el abrazo
y solo encontré la latitud de una tierra
sin edad.

Mi memoria son calles completamente vestidas
-así le llamo a la maravilla de los acantos,
a las fachadas rojas, las fuentes o plazas en que fui feliz-
de musgo y esplendor.

Atrás la alegría de los países en bruma
con sus arias vespertinas
y la desnudez de los siglos
en su raíz inmortal.

Puede que la vida no sea más que un recuerdo,
para mí es la flor de todas las presencias
que a menudo se convierte en un antídoto contra la deriva del olvido,
mil hojas que nunca dejan de brotar,
de sucumbir en cada segundo
cuya atrocidad me niega.



martes, 21 de marzo de 2017

Los jóvenes amigos

Nada sino esperar el timbre
que abrirá los focos del ensueño.

Ser pasajeros de la noche,
fantasmas de lo oscuro,
con el ritmo ágil de los duendes,
sin ayer ni mañana,
solo príncipes de la luz caída.

Hablarás y hablaremos
de una edad que no fue,
la profundidad de las palabras
se mide en los ecos que no se escuchan,
su historia es breve
como el suspiro del dragón
que nos mata.

Ahora el silencio solo entiende a las estrellas,
existe un reloj donde laten las heridas
que sucumben al ejército de las flores
como palabra en el aire que agita sus ramas de color,
sus luces sin pausa.

La amistad no quiere hojas de metal,
le basta la sonrisa frágil de dos frases
que se saludan en la noche
con el abrazo de los pretéritos que nunca unirán su sol
más allá de este fulgor
que entretiene la voz de la luna
cuando su magia pasa junto a ti,
junto a nosotros,
como un alfil perdido.

domingo, 19 de marzo de 2017

Mientras el tren espera



Cuando veo tu inclinada tez
romperse en sonrisa
sobre las páginas de un libro
quisiera ser misterio de alguna historia invencible
como cicatriz en tu corazón.

Son las seis,
quizá las siete de la tarde,
la noche anochece
en el andén vacío.

De pronto he visto la sombra de tu cuerpo
sobrevivir a la rutina del viaje
mientras presentía cómo el pájaro oscuro del tedio
con sus plumas grises
inventaba para ti
un arco iris.

Pero no,
tú y yo somos el vértice
que abre las hojas donde la metamorfosis es un eje,
faro que puebla el talud que entra por los cristales
de este tren sonámbulo
que ama el silencio.

Sé que hay
un espacio sin huellas entre los días que no fueron,
por eso te invito a la incongruencia
de construir islas en el continente más poblado,
el que prorrumpe en proximidad
lo mismo que una sinfonía inacabada
que templara la sinuosa luz
de dos ríos que quieren su tránsito como caudal,
una orilla dócil tras la que desterrar el miedo.

viernes, 17 de marzo de 2017

Las palabras que te dije



Mi voz nunca supo deletrear un verso.

Solo fue constancia de días infinitos,
semilla en que se mueve la incertidumbre
del porvenir.

Te hablé a solas con mis alas abiertas,
quise seducir la luz para que fuera tu descanso,
tu entendimiento,
quizá un árbol níveo en el que crecer juntos.

Todas las sílabas murieron en mi nombre,
hoy sé que es invencible el encanto de los cuerpos
y esa metáfora del instinto
en que un número es nada.

Con los años aprendí
a expresar el miedo con la sensatez de los pájaros,
mentí como miente la luna
cuando se enturbia tras su máscara
de tul.

A menudo busqué descubrir la magia fiel
que nace entre el alud del deseo
y las horas estériles de la desidia.

Algunas veces me dirijo a esa huella que poblaré
con la seguridad de no ser yo el que habla,
solo un maquillaje que usa el verbo común
donde somos relación,
oasis de una memoria cautiva.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Ángel mío



Oh! padre ángel en qué momento fui tu cielo.

La carne nueva llora
mientras tu voz surge
como un sortilegio que me salva.

Y serás el súbito jinete
que ocupa mi bicicleta roja
o el almanaque de los inviernos
donde la fiebre me elige
como una aurora desnuda.

Volarás sobre los recuerdos
que han dejado su poso de inquietud,
me acompañarás, sombra azul,
cuando la adolescencia escriba un verso
entre el agua y la muerte.

Y después tu instinto me indicará la hembra equivocada
porque te gusta jugar con el amor y sus señuelos.

Sé que estás en mí
como un miembro ignorado
o una pregunta que jamás formularé
-su razón me hiere-.

Es posible que en tu arrojo
yo encuentre un designio blanco
o que las amapolas que una vez soñé
te vistan con sus alas de seda púrpura.

Gracias, ángel mio, por no negarte a ser yo,
por tu protección invencible
que serena el sol de la vida que añoro.

Si pudieras volar yo te regalaría el perdón
pero sigues aquí igual que un apéndice
o una flor que ha crecido en la desventura.

Hermano mío,
más allá de nosotros solo existe un dios ciego
que no cesa de arrastrarnos
hasta un final que, lentamente, calcina mi esperanza.

lunes, 13 de marzo de 2017

La palabra común

Son dos palomas el encuentro, un hechizo,
la inquietud que sube por las venas del día.
Una mirada enciende el aire que simula la luz.
Yo vivo en el ayer de una isla, tú en el mercurio
de una muralla que llora. Abre las manos, no mires
la pregunta que amó la nieve, sueña con las ciudades escarlata,
con los ciclos que vendrán, con las fachadas blancas
donde se acuesta tu sexo. Somos un camino múltiple
de flores encarnadas, allí el río y la sed, allá los pasos
que vuelven a nosotros como un laberinto deforme.
En el vaivén de las olas se escucha la palabra común
que nos yergue para ser similitud de piel y clamor,
sonido irreal que grita en la noche su éxtasis de luz.

sábado, 11 de marzo de 2017

El derecho a ser diferente

Ligas invisibles me alzan al cielo,
pende el cuerpo en una cruz de aire,
tensados los músculos
por la furia de los dragones azules.
Herida la sien, rotos los oídos
de escuchar el canto de los corifeos
sueño aún con los mares plácidos,
tu proximidad de luna, el eco de una ola
que se arremolina como una interrogación
entre mis pies pétreos
que no pueden caminar
tan henchidos de agua,
tan extraños al susurro inefable de la jauría.

viernes, 10 de marzo de 2017

Siempre estaremos

Algunas veces tiemblo por ti. Estás cerca
como un cuerpo de piedra y no logro ser tú.
Me dan miedo las horas señaladas, los silencios,
el mundo sin nosotros. Quiero compartir una voz
en un aguacero, la risa en los portales, el espejismo
de las ciudades que fuimos. Algo sobrevive en los adioses,
quizá el desamparo de una perdida anunciada o ese metal
que dora el tiempo con sus clavos de nostalgia y sus rombos
sin paz. Siempre estaremos en los ríos que no cesan,
en los paisajes vibrantes, en los ocasos que nos nombran
como desconocidos que han puesto una semilla en los relojes
inmortales, esos que, tú ya sabes, viven en nuestro corazón.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Tu espectro líquido



Como dos cuerpos que desoyen el viaje,
allí la luz.

Te amodorras, llamas al suspiro
de tantas islas perdidas,
te viertes en cualquier paisaje,
sea colina, mar, cielos invertebrados,
canales de ríos, monumentos
que han perdido el color.

Pero estás aquí,
penumbra tenue que atraviesa el cristal
de una puerta invisible.

Te muestras
en la hojarasca de los días que han volado
mientras en mi pupila el asombro rota en las paredes,
vence a los cuadros, gira como un torbellino
cuando tu andar resurge.

Desde el navío que es esta cama triste
las alas del amor buscan el reencuentro
de una música que llora en mi,
que ríe en ti.

A las doce te aproximas a la mampara
donde la ducha del deseo se columpia,
yo jinete fósil escucho el sonido del agua,
del agua
que te lleva.

En la habitación vacía
el murmullo de las náyades
es tu líquida luz.


martes, 7 de marzo de 2017

El olvido

Arena en los bolsillos como nombres inconclusos.
Vidas en una vida de asombro y luces al final
de un un final impredecible. Se alimentan los pájaros
con tu ausencia y no vuelven. En las rayas de la mano
los surcos bajan sin memoria, en ellos la mentira fluye.
A través del espejo un yo que no conozco cabecea,
el que ahora soy no quiere mi cuerpo, me señala para
que el olvido pronuncie tu ayer sin una voz o signo.

domingo, 5 de marzo de 2017

Juegos de adolescencia

Es como elegir un rastro entre la voz del otoño.

La vívida inquietud busca la huella,
un presente sudoroso.

El alba se cruza con los alares y los pájaros,
no hay silabas solo un canto enorme
de picos mudos sin la madre.

Yo orillé estatuas de piedra blanca,
en los cristales un río pálido
recogía el infantil jolgorio de la necedad.

Son las inútiles preguntas
de una juventud que flota entre los sueños
o entre los alfanjes de la destrucción
y el séquito.

Malabares, sí,
malabares los rebumbios en los cafés
(un labio escoge el verbo alegre,
lo deposita en la boca de la sed
para ser coro de silencio,
halo que cruza los diálogos
de un amor volátil).

Invencible el murciélago que anida en la virtud del sol,
tan pronto su cruz, sus élitros fósiles,
la altura a la que asoma el futuro
con las llaves del devenir,
la colina donde crecen los ejércitos sin alma
de la lujuria, su raíz que fluye
y no cesa.


jueves, 2 de marzo de 2017

Aquí en la orilla

Aquí en la orilla el sol cubre mis pies.
Vendavales de aliento recuerdan la alegría,
el sonido, las palabras que brotan. Todos
los mensajes mueren en el azul que incita
mi iris. La distancia es un cruce de historias
que amanecen en el aire. Mira mi candil,
en su luz amarilla las luciérnagas no ríen.
Tras el oráculo un silencio transcribe la
inutilidad de la pregunta. ¿Hasta dónde
el sol llega con su serena lengua de hormiga,
cuál su caricia si solo espero la oscura
sed en que viviré o vivo?

martes, 28 de febrero de 2017

Todos los días se aprende a vivir

Así, desnudo en el presente
como una isla
que en su interior
no iluminara el pasado.

Luz en la luz virgen,
ojos que por fin han abierto sus párpados,
lenguaje que empieza a silabear
las pasiones cercanas,
la querencia y la multitud.

Y cada día un sol nuevo
y cada noche
la certidumbre de encontrar tras el silencio
los mapas del azar
en mis ingles viejas.

Abrázame como si no me conocieras,
mírame con los ojos del primer alud,
siente el tizón bravío
que refulge en mis horarios cansados,
en tu crepúsculo sin negrura.

Algo, alguien, te convertirá en horizonte,
una fértil arcadia
donde soñarán los pájaros alegres.

En este jardín la flor surge como una ilusión blanca
de la que tú y yo somos cáliz.

Sin memoria, sin la piel herida,
sin los recuerdos que mueren,
tan solo un árbol que olvida el misterio
de un ayer que es mañana, hoy, futuro,
la sombra de un arlequín
que nunca se hubiera visto en un espejo.

domingo, 26 de febrero de 2017

Los años pasados



Al principio un cuerpo es solo un signo.

Alas que viajan al futuro,
un desliz impronunciable.

Los primeros pasos viven en la luz
porque todos los espejos fantasean
y no hay huellas
ni estrategia
ni aludes que los nieguen.

La enfermedad brilla en la piel de un niño,
se desnuda como un ave veloz
que no existe aún en la memoria.

Yo soy el azafrán de los días,
a veces sol que ilumina los espacios que poblaré,
otras veces callado manantial
entre abruptos senderos de inquietud.

He huido como un faro más allá del resplandor,
lo supongo por el mercurio que bulle en mi fiebre
cuando recuerdo los paisajes perdidos,
la niebla boscosa de un roce.

Hoy y aquí
mi caricia se inhibe,
está cansada,
su abril murió en la perplejidad del invierno,
sus heridas no retornan a la astucia de las miradas
que se encuentran en la pregunta
o en la simetría volátil del color.

¡Qué frialdad de relojes
cuando su máxima es la aventura
de soñar vidas y ayer,
lluvia que jamás cesa
en su infantil gesto de añoranza!

Desde los años
un solo segundo grita como una madre
que llora el desdén infinito de no saberse luz,
prodigio que fluye,
madurez de la edad
en mí.

sábado, 25 de febrero de 2017

El pájaro


La sabiduría del pájaro vuela en círculos.
Dentro de mí el pájaro reconoce una prisión.
No hay límite en su locura, pues no encuentra
el surco redondo que soy. Quiere salir pero hace
tiempo que le he robado las alas. Ahora me sigue
como sombra a todas partes. Se ha vuelto humano,
como yo vive entre el azar, la duda y el horror.

Julio Cortázar recita su poema "Toco tu boca"

viernes, 24 de febrero de 2017

Las soledades compartidas


No hallarás un charco que te habite.

Ni el embrión ni la suerte de una familia dócil,
ni los párpados de los cristales
o el viento sur de la memoria
recordarán el brillo
de las voces en fuga.

Es como un faro el silencio roto
que arrastra las luces de los meses impertérritos
hacia el acuario donde vive la noche.

No hay virginidad
porque las huellas se hablan,
tu padre, tu madre,
silabean el tiempo
y en tu incógnita un resumen frío
penetra igual que una doctrina
o un himno nunca fértil.

Sí,
parece que hubieras doblado la apuesta
y en el cromosoma desconocido
una equis te poblara,
razón de vida,
igualdad de los prismas
que no sufren.

Aun siendo iguales hablamos distinto,
cuando tu presencia
es un sonido de arpegios y lunas
yo me doblo en el espejo que te palpa.

Después de los años
solo puede sobrevivir la dejadez,
la ilusión de compartir lo neutro,
una caracola muda
en la orilla de un mar sin nombre.

Entre las idas paralelas un eco nos divierte,
lo que digas tú, será lo que diga yo,
aunque suene a rojo aullido
o voz que clama el origen de la niebla,
un suburbio amable.

jueves, 23 de febrero de 2017

Los años

La mano cubre el tiempo.
Su paraguas es transparente,
en él vive una historia. Qué
dibujo yace en el azul. Qué
primavera se borra como lluvia.
Qué piel se disfraza hoy en ti,
para que tú no seas tú.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Tú fuiste mi vida nueva

Una vida nueva empieza sin querer,
entre vagas sombras
o días sin nombre.

Otra ciudad es tuya
con sus nubes escarlata,
piedra en la piedra los jeroglíficos del destino,
la armonía de unos pasos
que no invitan al silencio.

Yo busco lo que aún no soy
en las paredes albas de las calles oscuras.

Hay palomas que agitan los círculos
donde gime la infancia.

De pronto la luz bulle como una reliquia
porque descubro una voz en mí
e ilumino los rosarios que nadie bendijo.

Y allí estás tú,
con la estatura de los ángeles,
con la curva feliz de tu cuerpo álgido.

Una vida nueva es como un ajedrez
en el que se van ubicando las piezas
con el alma alegre de los arco iris.

En el centro de tu corazón
los gnomos te saludan
igual que divertidas marionetas,
en tus pómulos un rojo abstracto
se acalora con la presencia de mi sexo
que alza su flor ante ti.

Son las horas que ya no vivirás,
el silogismo de los bares y su infinita penumbra,
el olor ambiguo que la piel deja
en tu sonrisa callada.

Qué de ese ritmo de nalgas encendidas
o la costumbre de escribir en los cristales
el sortilegio incólume de un deseo.

domingo, 19 de febrero de 2017

Un día cualquiera

Un convite de voces habla sin querer. Tú y el ladrido
de ese perro nuestro, la sílaba y su mueca, el pronombre
que imagina ayeres perdidos, juegos que comulgan con la luz,
chistes o anécdotas que diluvian como labios. Hoy vendrá papá
con su mecánica sin flor, después caerá la cicatriz de un día
en la llaga azul de los cantos fríos. Él te verá y yo veré al fin
los ecos. El salón que a menudo miente, los dormitorios
como jaulas breves del cansancio. Y la cautividad
de las fechas dormidas con sus sonajeros tristes
de bienaventuranza y pájaros rotos. Aún recuerdo
los horarios que fingen un redoble en mis nalgas,
también el desliz o el abrazo de una lluvia cálida.
Todos son vagos trasluces que tejen su telaraña
en los huesos de la memoria, para existir en el rebumbio
de la dulzura o en el pánico que me nombra cuando
el pensamiento se desnuda y tan solo queda
el visaje amargo del adiós.

sábado, 18 de febrero de 2017

La memoria de piedra

Es difícil asumir que los abrazos mueren.

O que el beso escribe otro signo
y no retorna al sol.

Sin embargo,
tras la huella que ha sido una,
tras el suburbio de los cuerpos en éxtasis,
después de la meditación de las palabras
un grácil oasis persiste.

¿Será la desnudez de la noche
o los cánticos que irrumpen en la piel
como felices golondrinas
para no oír los silencios
que crecen entre nosotros?

Mi incógnita se desdobla en la tuya,
ambas existen porque nos miramos.

Ayer se durmió tu nube perdida,
el cansancio que vuela como un pájaro exhausto.

Son los copos de la edad que me vencen
o el azul sin regreso que apacigua el mar
cuando las olas dibujan una memoria de piedra
en la que habitamos como niños heridos
que ya no comprenden el lienzo que cubre la sima,
el resplandor alado de los misterios,
la voz innoble de las denuncias.

jueves, 16 de febrero de 2017

La súplica

No me basta tu imagen
cuando el aire te columpia.

No me basta el susurro que llega extraño
entre la claridad y los pronombres
que nunca dije.

Quisiera poblarte con las lámparas de la noche,
tú junto a mí o yo junto a ti,
en ese vagón de cristales
donde los licores tiemblan y las sonrisas se elevan
con sus alas de murciélago
hacia los prismas
que derrotan la luz.

Ven a mi orilla,
ven si tus rodillas pueden sucumbir
al espacio de los cometas,
al viaje y al adiós,
a la cúpula de un mar en invierno.

Se agitan volcanes y en los labios llora la duda,
yo te imploro que estés conmigo,
que la música sea unísono grito de bienvenida
mientras libamos el silencio
y entre los dos crece la planta de la felicidad.

No es una invitación hacia el devenir,
es tan solo el reflejo de una arcadia
que simpatiza contigo.

Si la respuesta finge un arrullo inanimado
olvida los prejuicios y entrégate a la verdad
que en tus tobillos crece.

Quizá en la dormida esencia de los años
nos encontremos con las ajadas pieles del sinsabor,
ejerce entonces tu encanto,
silabea esa palabra que nunca oí
aunque sea mentira
y los dos, como las heridas de un río,
no encontremos un delta
ni una mueca ni un coro
que nos salve.


martes, 14 de febrero de 2017

Un joven al que nadie recuerda



Es la palabra que escoge otro rumbo,
un ojo que mira más allá de la huella.
Cuando eres nadie regresas al ayer
y se abren ventanas donde ya no existes.
Si el ayer dibujó un jardín oscuro, en él nunca
vivió tu flor, si un pensamiento se instaló allí
como un barco insomne no fue en tu rostro ni
en tu memoria ni en tu alud perdido. Desde
siempre ha sido así, los juegos presintieron
el paso que no dabas, en las clases tu boca
se encogía sin ver la luz ni el asombro. En el amor
la equis de la duda, la margarita del azar describieron
un pétalo rojo en una piel desconocida. Si hoy le hablas
a la oscuridad, la respuesta fingirá una armonía inútil.
El desprecio te toca y tú sueñas con ser tú, quizá el azul
pueble de luces la verdad que fuiste y regale a las sombras
este olvido que huye de ti como un disfraz sin alma.

domingo, 12 de febrero de 2017

Eternamente niño



Me acompaña la lluvia inmóvil, porque aún soy niño
y quiero encender un sueño. La mano de la tata,
los miedos tras las puertas pobladas de voces
cuando los mayores hablan de sus cosas, quizá
de las roturas que los días engendraron en los párpados
alegres. Vendrá la profesora-niña con sus vocales azules
y me cantará los cuentos del invierno, a mí, que no sé
de las heridas ni quiero otro jardín que mi silencio.
¿Tú quién eres, caricia que rocía los lunares de mil
pasillos inacabados, tú que en los alfiles de tus dedos
dejas un polvo de cánticos sobre las paredes dormidas?
Jugaré con las historias del abuelo, un balón rodará
hasta las mejillas de mis años, querrá lamerme los pies
como un gato que amara la fugacidad de la noche. Nada
volverá como nada vuelve al nacimiento de una sonrisa,
solo mis huellas infantiles dibujan hoy el ocaso del tiempo
con sus flores sin aroma o sus fantasmas desnudos.

viernes, 10 de febrero de 2017

Las vivencias

En la cruz de los espacios cerrados
viven cien incógnitas
baldías.

Lo que yo digo,
lo que calla el aire,
una voz en los cristales,
la conciencia de ser tiempo
en los ojos de una araña que cuelga
son preguntas sin patria.

Allí estamos
con los pensamientos y las tareas,
con el ocio y la calígine,
con los sueños que nos acompañan
en las horas del dulzor.

Hablamos del hoy y del ayer,
de las anécdotas que muerden la luz
al vibrar los hombros de la melancolía.

También de las historias mínimas
que encendimos sin querer
al abrazar la niebla
nuestro río de paz.

¿Cuántos son los círculos, las llaves,
el éxtasis de conocer países
que nos abrieron su vientre
en los veranos más dulces?

Se mueren, se mueren los recuerdos febriles
y queda el mosaico de la vida hostil.

¡No claudiques, amor,
aunque el refugio sea de espinas
o la sombra nos amanezca sobre el rostro
o los tambores suenen a letanía
en las orillas de la quietud!

Siempre existirá una vivencia,
una llama, una cicatriz
que escriba sobre los días
su canción sempiterna
de ecos y puentes
junto al confín del olvido.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Un día crecerás

A mi hijo

¿Cómo es la luz que no vive? Ramas antes
que árbol, la apariencia de una piel que se mira
dentro desde la niñez fósil. No crecerás virgen porque
el destino es un tallo que se quiebra, quizá el viento
te enseñe a caminar entre las sombras. Quizá el aullido
sea un ropaje que te cubra para siempre. Algún día
los cometas caerán sobre ti como magnolias dulces,
será el tiempo de la madurez, la fruta que aún no
has comido. Que suene mi voz en la conciencia
que te llama, que los ejércitos de la verdad pueblen
el azul que ocultas. Al fin son globos en el aire
los ecos del día y no habrá futuro para ti hasta
que escuches al sol deletrear tu nombre.

domingo, 5 de febrero de 2017

Lo que no sé decir

Se fue el pájaro. En su pico la palabra
que nunca dije. Así el poema cuando
se mira dentro y no enciende un sol.
¿Dónde está el pájaro de la verdad
que huye? Tal vez en el silencio
o en otra palabra, pero qué palabra.

De niño a hombre

En mis piernas de alambre vive un sueño.

Son gárgolas de septiembre
que esperan el agua de la vida.

Así yo, espectro que transcurre
como aire en un viaje
me acomodo a la historia que vendrá,
inconsciente de la aurora
que sobrevive a los pies de barro,
a esos hierros que la herencia quiere imponer
desde su trono.

No hay esponja más débil
que el terror en las pupilas de un niño
cuando un caudal aparece con máscaras y voces
a cubrir la singladura que nace.

Desde una habitación que se abraza a mí,
mientras las palomas estrechan el espacio de los alféizares
y una música que se repite atraviesa mi piel,
llora en mis pensamientos y ya no vuelve,
después de saberme isla y virtud, silencio,
soledad en los ojos indiscretos del futuro,
yo afirmo que mi estatura crece
hacia la imagen de otra imagen
tras la edad que brotará
en apenas dos minutos de tiempo.

Piedras infinitas que son mías,
la simbología ya no duda en mi piel virgen,
preguntaré a los que se van por la semilla del fulgor,
¡qué sed la de aquellos días,
rotos por la secuencia del amparo y la ilusión,
bendecidos por el carmín que me dejaste entrever
cuando tu labio ya era noche!









La humedad



Antes del agua yo era tiempo.
Tiempo que surca los entresijos
de una voz, un suburbio, un juego.
Después la lluvia en mí como un fruto
líquido, después tú como una palabra
muerta. Al regreso la música del agua llora
la caída. Nubes que llevan en su seno
lágrimas de luz, hasta el origen que cubrirá
la piel que nos bendice igual que un cáliz vivo
o un río yerto.

sábado, 4 de febrero de 2017

Resumen

Alguien regresa al centro que ha perdido.
Una vez hubo una historia de brazos largos
y laberintos ciegos. No existía el nombre
ni la razón, ni tampoco la fidelidad del destino.
Llovían horas y voces sin querer. Habitaba
su halo el frágil crepúsculo del hogar. Líneas
finas tejidas por la araña de la costumbre.
Todo próximo al diapasón, todo ajeno a la curva
rota, al final del equilibrio. Un atisbo de vejez
escribe estos versos inútiles.¿Hay acaso la menor
duda?

jueves, 2 de febrero de 2017

Tu imagen

Dos o tres curvas en el albor del silencio.
Un pecho que cubre la metamorfosis
del labio. Mi inquietud cuando no soy
y te busco. Palomas sobre ti, espejos
que te abrazan, caleidoscopios difusos
que fingen tu cuerpo. El perfil de una
estatua que llora la simpleza del éxtasis.
Cualquier símbolo que azulee la aurora.
Solo tú si vienes como ángel o luz.

martes, 31 de enero de 2017

Del ayer al mañana

Así, cuando la flor de la pasividad
brota en las entrañas de la carne
y deja un sol amargo
de caminos concluidos.

Solo un ejército de vida devuelve al músculo su gloria
(los gusanos envejecen ajenos a la luz
y las persianas no quieren elevarse rotas)
con las manos que son amor antes que duelo,
plumas que dibujan el círculo del mañana
con caricias y nieve.

Adolescencia, cruz en los finos ejes del pensamiento,
labios que quisieran la horma vieja del instinto,
sangre que mana de los orificios
de un sexo en semilla.

¿Y los adornos envejecidos de la ilusión,
dónde el simulacro de unas ventosas imberbes?

La luz, la luz parpadea
en el misterio de un columpio
que va del ayer al mañana,
sed es tu sed de cocodrilos,
sirenas, barcos en sombra,
balizas que no encienden la noche.

A los diecisiete años
queman las pestañas que miran al sol,
de pronto se desnudan los días,
se abrazan y mueren.

Hablarás en calles dormidas,
bajo la lluvia,
a cuerpos sin regreso
y te sentirás aire
o viento de amargura.

Bienaventurados los que en su vejez
exhiben escarapelas victoriosas,
en mis bolsillos tiembla lo imposible,
se arropa, se arrebuja
en el desliz de unos versos
que niegan el pasado
porque son
la luz infantil de la ceniza.

lunes, 30 de enero de 2017

gestos cotidianos

Si no existo porqué soy,
presencia, voz que calla la luz,
el ojo que no ve más allá del párpado,
la boca que se afirma en multitud.
Surge la nube, la fiebre de los semáforos,
una linea de metro poblada de oráculos.
Y el vértigo de un día frágil,
la mañana, la pregunta,
una comida a solas,
mi trabajo que vive en un coitus interruptus,
el regreso¿cuál regreso?,
¿siguen muriendo las polillas ciegas?

sábado, 28 de enero de 2017

Estaciones

Hay noviembres antiguos que no entienden
la magia de la luz. Sin embargo en los puentes
de la vida los noviembres a veces son luz.
Y los misterios sol y las anémonas refugio.
Basta un paseo por el parque en un día gris,
las estatuas llorando agua, los sicomoros
que agitan perlas líquidas contra la claridad
que surge, el blando transcurrir de los cisnes
sobre un agua rota. Los noviembres se alejan
cuando busco en mi memoria la flor y el trino
cansado de los pájaros.¡Qué importa el desliz
de las estaciones si mi cuerpo vive en la memoria
de todas las estaciones: soy amarillo en el azul
cálido del verano, color nieve en los estambres
que brotan al alba,cualquier sombra que persigue
la huella que dejo en mi epitafio de mar!. Sí,
porque quiero ser orilla, isla, faro, tempestad
y calma en un mismo gesto que huye. Todas
las estaciones crecen en mí como árboles
extraños y las quiero, y las nombro antes
de la ausencia que me espera.

jueves, 26 de enero de 2017

Ida Vitale recita "El puente"

Como en un cuadro

Quisiera en el albor de una pintura
encender el recuerdo.

Allí como jauría dócil los lugares hallarían un orden,
un espacio y una luz.

Me queda la memoria donde cobran vida los sueños,
las alfombras que dibujé, los pasillos y su inmensidad,
la mansedumbre de los ocasos,
tantas voces que poblaron
los ciclos de un tiempo de guirnaldas
en la senectud del ayer.

Podría descubrir los ojos de una fotografía
en la mirada más torva,
quizá la abreviatura de un reloj
todavía escriba los latidos de la noche
en la piel del niño que fui.

Es posible que la fiebre se vuelva ardid
para recobrar la senda de los libros
en camas desnudas
bajo la caricia de un temor.

No inventé la languidez del asombro,
vino a mí igual que un cráter
o jardín
donde maquilla la quietud su esperanza.

Y sigue aquí después del oro marchito de las preguntas:
¿por qué regresas, en cuál imagen encontrarás la luz
si ya no eres resplandor de un cuerpo,
ilusión blanca que palpita?













martes, 24 de enero de 2017

Te digo adiós

Hay en mi boca,
lo mastico,
lo sueño, lo ignoro,
un regalo para ti.

No existía voz en mi hoja verde,
tu callado lápiz no escribía acentos en el sol.

¿Cuál es el germen de una isla que nunca habitaré?

En la sombra,
en la perplejidad del aire que raya el no ser,
en los ovillos náuticos de un barco
que navega lo inescrutable
y al mismo tiempo exige la presencia de la aurora...
¡no!, ¡no siempre es viernes en los párpados abiertos!,
quizá un vértigo,
un columpio en las entrañas del precipicio
o la ventana que sin querer recoge la lluvia del pasado,
tal vez un pensamiento ágil
en la sed
fuera razón.

Siempre recito las palabras del silencio,
una imagen que ya es mía
porque la sitúo en la estirpe de la incógnita,
ajena a los relojes, al sueño o a la noche eterna.

Soy un punto que has robado al origen de mi masculinidad,
al fin la ácida fruta del deseo te engendra
en los páramos de la virtud
como mujer que quiere un crisol sin estigmas,
un cansancio feliz.

Te digo adiós, lejos de la cruz que has olvidado,
mañana seré un libro
donde escriba las multitudes que somos
después de la humedad,
después del aura
que ya no amanece.

domingo, 22 de enero de 2017

La fidelidad es una sombra sin cuerpo

Un vuelo cercano dibuja mi verdad sin máscara.
El principio resplandece con auroras encendidas,
el mundo lleva estampado un nombre, la ciudad
se muda a nuestro abrazo de serpentinas. No hay
custodio en el transcurrir: río de la vida el tiempo,
nenúfares que recogimos en cualquier estación,
sombras que se inquietan al verse distintas, voces
que adoctrinan los ecos de los días iguales. Pero
en el resplandor yace la pregunta, su vómito es de nieve,
su blasfemia el bálsamo que bifurca la luz. Juntos
la historia calla, juntos el futuro viaja lento
entre miradas que no necesitan una explicación
rota. Mira el horizonte de los caballos azules.
Allí nuestros pasos fingen la simetría dulce del sur,
columna o raíz de este viaje en el que somos
arcadia infinita que nos sueña.

Pablo Neruda recita "Poema 20"

viernes, 20 de enero de 2017

El inocente

Tú eres pequeño y no lo sabes.

Te desconocen las mallas del tiempo
porque vuelas en la luz
como un relámpago.

¿Qué es la edad sino un círculo hostil?

Me has dicho que no quieres la piel que mata,
yo te susurro con mi voz cautiva
trazos de la vida
que no vivirás.

Quien ama el juego muere en la noche,
lo sospechas porque has llorado los minutos perdidos
y una cicatriz que no existe
se asoma como un meteoro en fuga.

Recuerda los dominios de la caricia
anclada al yugo del agua,
teñida en su fiebre
o su instante.

Tal vez te acompañen sirenas o ángeles,
es posible que nunca entiendas
que cada paso sobrevive a su ayer.

Si al fin hayas refugio en la risa de los niños
que nada perturbe el jardín que es tu sueño
y tu mentira.





















miércoles, 18 de enero de 2017

Todas las rutas

Ni tú ni yo tenemos confín, somos alas e infinitud,
mares desconocidos y cordilleras que se abren
como un beso. Somos el viento que se inmola
en la luz, el agua inmadura de los ríos, la ceniza
que cae como ausencia en las huellas que dejamos
cuando fuimos estela. Son un círculo rojo los caminos
(el pensamiento que viaja antes del sol, un abrazo
en viernes cuando las plazas de París brillan tras
el fulgor del agua, los rododendros que el calor
marchita, la arquitectura de tu paso en adoquines
azules que lloran de claridad y sueño)su frontera
crece al sur como espigas en sazón, su álgida voz
me devuelve el arrullo de los pájaros sin memoria,
la libertad nos llama por nuestros nombres al surgir
como aire fugitivo. Todas las rutas imaginan ser rutas,
las nuestras responden como arcos salvajes y apuntan
al sol y más allá hacia lo oscuro. Abrázame si el sueño
ya no es materia, ni futuro, ni lujuria que en su avidez
nos une. Yo te llamo con mi plegaria para que ilumines
con antorchas de azar el destino. Nos espera la cruz
del misterio, los ojos blancos que alumbran la incertidumbre
de ser o no ser lo que una vez quisimos ser.

lunes, 16 de enero de 2017

Pasos en la lluvia



Es un cristal,
es un cristal de agua
el peso líquido de tu ausencia.

Seguir la marca de un río,
escuchar la tristeza inmóvil de las alcantarillas,
la techumbre que vierte su luz
en rítmicos estertores de claroscuro.

Llueve como siempre ha llovido,
debajo de los paraguas los cuerpos se inclinan
igual que cisnes ante un dios fértil;
yo solo pienso en tus botas blancas
cuando chapotean la noche
y hay música
y clavicordios,
farolas que sudan el rencor,
brillos en la piel del agua
que fluye como catarata de iris.

Te persigo en los charcos,
moro en ese lago que la luna crea
tras el desdén de las nubes locas,
en la urgencia de los portales,
más allá de la infancia de los veranos indómitos,
en la llave,
en el mar ,
en la longitud de todos los minutos
que te añoran.

Tú,
risa en la boca abierta
contra el alud de una borrasca,
tú, impronunciable anuncio del éxtasis
en la plaza que ahora se enciende
como un árbol de estrellas azules
o un insomnio que naufraga en la lluvia
que va dejando tu paso.