martes, 31 de diciembre de 2024

La casa vacía

 

Ahora que el eco es el único habitante de la casa

un rumor de infancia puebla las paredes con un río de alegría

nunca enmudecido por el infausto acontecer del azar,

entra la luz como ola esparcida, manto que cubre los huecos

con sus ráfagas de polvo brillante, no se oculta a la memoria

donde habitó el sitio de las cosas, su huella ensombrece

la piel de los tabiques, un olor a tiempo detenido en los espacios vacíos,

la ausencia recogida en cajas de cartón con números, letras y nombres,

en tinta azul, con el arabesco de una caligrafía de niño, es el ritual

que en las manos tremola como rama de árbol que el aire mece,

como herida de juventud que se desnuda en temblor,

aún la sombra de los rostros en el lugar que ocuparon los espejos,

la voz que no se puede envolver con el papel de la eternidad,

los gritos del silencio que aúllan por la herencia perdida

de los recuerdos familiares, el frío de los minutos, las horas

y los días idos que no podré trasladar como si fueran

los muebles heredados tras un sin fin de generaciones,

guardan aquí su misterio, su nostalgia, su verdad que no

rescatará el tiempo por venir en otra casa, en otro lugar.

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