miércoles, 29 de octubre de 2025

La muerte es una amante cruel

 

Tú no imaginabas el calor de la nieve, la rojez intima

del clavel con el polen negro vertiéndose por la estrecha

comisura de los átomos, no presentías el latido como ceniza,

el humus visceral partiendo como navío por el mar sin nombre

del adiós, nunca la negritud de un pozo en los ojos de la vida,

jamás la piel mordiendo el cáliz de los huesos, el vómito

en el jardín de las papilas, el aullido de la sangre desde el corazón

extenuado, no preveías el semen del tumor que extiende

su falsa luz y atraviesa el ovario de las células con las cien mil

razones de la metástasis mortal; ya todo ascua el tiempo

que asola el futuro, ya nadir esa marea que invade tu abril

con la estéril canción del desamparo, ya furia, dolor, castigo

el túnel en el que vive tu sombra, ya, lentamente la plenitud,

el orden, la estructura natural de los ejes por los que giraba

tu destino se extinguen, hasta que solo queda de ti un alma

muda, y en los que te querían el vano titilar de los recuerdos.


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