Tú no imaginabas el calor de la nieve, la rojez intima
del clavel con el polen negro vertiéndose por la estrecha
comisura de los átomos, no presentías el latido como ceniza,
el humus visceral partiendo como navío por el mar sin nombre
del adiós, nunca la negritud de un pozo en los ojos de la vida,
jamás la piel mordiendo el cáliz de los huesos, el vómito
en el jardín de las papilas, el aullido de la sangre desde el corazón
extenuado, no preveías el semen del tumor que extiende
su falsa luz y atraviesa el ovario de las células con las cien mil
razones de la metástasis mortal; ya todo ascua el tiempo
que asola el futuro, ya nadir esa marea que invade tu abril
con la estéril canción del desamparo, ya furia, dolor, castigo
el túnel en el que vive tu sombra, ya, lentamente la plenitud,
el orden, la estructura natural de los ejes por los que giraba
tu destino se extinguen, hasta que solo queda de ti un alma
muda, y en los que te querían el vano titilar de los recuerdos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario