No conseguiré que vivas otra vez en mis ojos,
mi tacto ya no discurre por el mapa de tu cuerpo
como una cicatriz que crece, mi voz y tu voz han
dejado de cruzarse en el territorio efímero del aire,
mi pensamiento es un haz que transita los fríos jardines
de la noche en busca de un diálogo que se ha vuelto mudo,
al no verte sentí en la estancia un aura negra de flores cautivas
bajo el redil de la añoranza, nadie salvo yo sabe que te has ido.
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