lunes, 17 de agosto de 2026

De puentes y jardines

 

Extiende el hilo que mana de tu nombre, confía en el alud

que acude al rubor como una lengua que sella los besos

imberbes, en los hombros la música escribe notas que azulean

la piel, consignas que decimos en el interior de los muros

de cristal esmerilado, palabras que tú murmuras y yo deletreo

bajo la paz ardiente de la media tarde cuando los pájaros

trinan en las ramas y un sol altivo se desnuda en el horizonte

como una lágrima de redondo ámbar, así el presagio, la raíz

del pensamiento, la huella tuya que aún permanece bajo el rosal

que un día planté, el oro grácil de las alianzas que brillan en los índices,

la bondad que es un corazón con las alas del sueño, el río y el pilar,

el pretil y el farol, la insólita distancia que se acorta si nos alejamos,

la lluvia que ya no es lluvia al sucumbir en la corriente, nuestros

soliloquios que a la vez son canto y eco, el sombrío eclipse

que la luna ahuyenta con su luz de madre buena, y la flor

que te entrego con pétalos dulces donde anidan mis ojos que,

ya para siempre, poblarán tu jardín como efigie de mayo.

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