Abre el corazón de la tierra y deposita en él
la planta sarmentosa, riega con paciencia lo
que aún es esqueje para que crezca altivo
el tronco de la vid en busca del sol y de la luz;
recibe el fruto arracimado, la redonda uva verde,
saja su raíz con amor de padre, una día llevarás
a tus labios el rojo efluvio que embriaga y sentirás
la dicha que en las venas posa un ardor de siglos,
el vino que de la tierra nace y en el alma se esconde.
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