Nunca la vi desnuda, nunca las huellas de los cuadros
mostraron su faz de tinta, el color ya desvaído
por las olas de un tiempo dejó cicatrices en la piel
que un día no tan lejano brillaron como arco iris de luz.
Hoy las voces son ecos, silbidos en las juntas del cristal,
palabras que regresan con frases de las que solo la infancia da testimonio.
Allí hubo, como en jardín de vida, alfombras gastadas por el paso,
paredes mudas que oyeron hablar a los teléfonos desde un rincón oculto,
días de amor y días de feliz encuentro, días donde la desgracia
fue un grito en la madrugada, días de púrpura y días sin alma
como un nidal abandonado al oleaje de una marea borrosa
donde ya no nadan los recuerdos.
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