Vendrás tarde con la corola gris de la flor yacente,
me dirás la palabra antigua que un día trazó círculos
de fuego en el aire fugitivo para ser nube que se aleja
hacia un horizonte sin mar, en tu voz el ronco eclipse
del pálpito agoniza como un ataúd que da sombra al
ardor que dejó una cicatriz en mi ansia, nuestro recuerdo
ha dejado de amanecer porque tu bandera de nostalgia
es un oscuro tapiz en el que descubro las raíces sin alma
que teje el olvido, y si por un instante retornas, vuelves a mí
desnuda, como si el vestido del pasado ya no tuviera los colores
invencibles de un arco iris, que, aunque efímero, cruza el telar
de la lluvia con la total displicencia de quien no tiene mañana.
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