De pronto amaneces sol, con la luz tan clara del verano
y yo pienso que no eres tú, bajo mis párpados sigues gris,
derramada en lluvia, con el hastío secular que en los edificios
se transforma en metáforas de nieve, con el frío húmedo
que en mi carne aterida deja constelaciones azules como
ramificaciones de un manantial que transita por los recovecos
más íntimos de mi ser creando surcos de paredes mudas,
sin una voz que responda a su fluir de agua casi retenida
por el cauce que se multiplica en frágiles cristales de hielo,
flores de escarcha que decoran el líquido paso, ya no es rojo
el frenesí sanguíneo, un haz de blancura surge de mis venas
abiertas a la luz donde habitas tú en la espiral de un invierno
que no consiente que llegue a mí el sol amarillo del estío.
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