Busco la palabra niña, el verbo que haga del corazón
un hogar vivo, la sintaxis donde la lágrima se junte con
la ardorosa pasión que alimenta las raíces de la ternura,
el mágico flujo que sobrevive al desliz de los adjetivos
aparentemente inconexos, el artificio que construye
redondas esferas en los vértices de un papel en blanco,
la flor inédita que brote de lo mas hondo del léxico febril;
busco sin encontrar en el poema a su diosa madre, la poesía.
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