Ay! del flujo que recorre interminable la red
de arterias que envejece, la luz es áurea y el aire
gris como el fulgor de la luna, tu palabra me da calor
y en tus ojos hay el brillo que dejan las olas antes
de volcarse, ríos de abril ajenos a la lentitud,
ese rastro inmemorial que convierte la piedra
en testimonio, antítesis de olvido, canción de nubes
en el cielo secular; ay! del color que ronda el espectro
de mis días contados, como circunciso del deseo
me abro al aire de los pulsos recónditos, allí donde
la vida se vierte en rubios bucles de añoranza.
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