lunes, 27 de abril de 2026

Madre

 

Allí, en tu vientre, conocí el dulce calor del silencio,

me llevabas a las islas de la luz y nadaba, crecía en el agua

fértil de tu lago como una sirena en el oasis de tu nido;

tu latir fue mío, mío fue el canto que llegaba a tu interior

desde el muro frágil de tu piel extendida, aprendí a nadar

en el líquido materno que era tibieza y era sostén de mi

embrionaria sed, llamé a tu portal con la incipiente forma

que crecía entre las paredes del amor, recibiste la semilla

en el cuenco de tu óvulo con la esperanza de que naciera

en ti el tallo que un día se volvería árbol en el bosque abisal

de tu estirpe; ahora soy yo la rama que busca un nuevo fruto

que madure en la luz y después caiga entre las raíces tuyas

como un carozo que se alimentase únicamente de eternidad.


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