martes, 14 de abril de 2026

Allí

 

Solo por pronunciar la palabra huella

asoman con la lucidez de lo imborrable

los ecos de la vida.


Allí el viento que el mar trae con la sal húmeda

que se adhiere a mis mejillas de niño.


Allí la eterna luz velada por el gris que ponía

en mi rostro un gesto de triste desamparo.


Allí la inocencia y el éxtasis de la juventud,

la sensible canción que arropa el ansia del amor

con versos que se posan en el nido de un corazón

que abre sus pétalos a la vida como un narciso que sueña

con descubrir reflejada su imagen en los ojos de quien ama.


Allí la penumbra de una ilusión que se desvanece

igual que el rocío bajo un sol sin clemencia.


Y la candidez del arlequín como un traje que perderá el color

al transcurrir las horas pálidas de un mañana

que no reconoce en la pasión la más pura fe

del que lidia con verdades en un mundo falaz.



Allí el último canto sin apenas voz cuando llegue al estertor

todo lo ido en una ráfaga de luz donde aún vibre

como en una música final todo lo que fui

y hoy ya es historia.





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