En tu cintura de arena y perfiles blancos hay pájaros
que danzan en círculos de paz, eres un filo de cristales
donde la luz enciende rosas que brillan al atardecer
como en un jardín de espejos con rojos que dibujan estelas
en el mar, me llamas desde el haz con tu sigiloso trazo,
me buscas en las sombras donde la sal rocía los portales
con su corona que refulge bajo los pórticos desnudos,
y son olas las nubes del cielo, y son espuma los balcones
de estas casas que navegan por la esquinas, con sus crestas
al sol y sus abalorios de arenal, mojadas por el canto marino
de los peces, por la lluvia que cae como un velamen
que suda un rocío de húmeda marea sobre la piel nativa
que invoca a las islas lejanas en un mar de misterio tan azul
como el azul de unos ojos que con la claridad de la mañana
reflejan el océano igual que épicas flores en la infinitud del tiempo.
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