lunes, 26 de agosto de 2019

La playa nocturna



Abre los ojos antiguos de lengua viva
y corazón radiante. El ósculo vendrá
con las lágrimas del viento aleve.

Surge del ovario el amor, el incienso de una barca en desafío,
cabe un dedo en la muerte y otro en la resurrección de los espejos.
Pálida razón en la vigilia del marino, canto en la amura de sal encendida.

No es vesania el haz insomne del faro ardiente
ni el proclive cardumen deja sombra en las colinas del mar,
un color se abre como alas de iris sobre la sinrazón de las nubes.

Pienso en ti al volver mi cara en la arena,
suda tu cuerpo hoy perdido al sol inclemente del verano.

Qué me dice el azul de tu seno,
la areola marca tu piel en el bañador tatuado,
sin pausa soy hombre que se arroja al ayer
como un náufrago que viera imperceptible en la niebla
la deriva hacia el país de los mitos,
hacia el luminoso espejismo de las islas donde vivieron los sueños
que creí posibles, el impulso de la juventud
en el friso verde del océano.

Esta es la hora en que un corazón escucha su latido y calla,
la hora en que vive el sediento eclipse de la ternura,
el trasluz que ilumina el murmullo de una voz
que ha dejado de ser mía.



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