Ella luz y él sombra-o al revés-. En el sepia
su ojo negro de carbón y miércoles. Oh! madre
por qué tu índice no alcanza el sol. Ya no hay
doctrina en los juegos, ni esmaltes que duerman.
Tu pulgar y tu viento, la palabra que hiende
los hemisferios de un narciso. Odio el maquillaje
de los vómitos, las canciones de despedida,
el suave tacto de la araña. Son sus pasos
la golondrina ciega(pero ella ordena
las magnolias con un sí o un no). Veo la luz
con su amarillo diminuto. Veo la queja del cristal,
el órgano que apunta a las amígdalas de un dios.
Oh sí, las figuras son espectros que acumulan nieve,
sonoros tallos de un clic ancestral. Mi juventud
de diafragmas rojos, mi orgullo de pegajosas
ausencias, de raíles sin un nombre ni un candil.
Tú, madre resucitas en los films como una siniestra
esfinge. Tú, padre amas el negro por sus branquias
o su incienso de idiomas varados. Vuestra voluntad
es como la ropa vieja que se desnuda. Hoy visito
mis insomnios y en su eje de metal encuentro
la huella de escondidas metamorfosis, horizontes
del deseo, estrechos líquenes que me han regalado
un segundo de eternidad.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
lunes, 27 de diciembre de 2010
Un poema de Aurora Luque
PROBLEMAS DE DOBLAJE
En la toma perfecta,
cuando el guión es bueno
y los actores fingen dignamente ser héroes,
el tiempo marca estrías, va apagando
uno a uno los focos y la banda
sonora se interrumpe.
Sensación de pantalla desgarrada
la insuficiencia siempre de vivir.
Qué frágil la película
que intentamos rodar en esas horas
para sesión privada y clandestina
en la pantalla interna de los párpados.
Un insípido tono pudoroso
de noche americana
en las irisaciones del deseo,
ni siquiera el siena matizado
del pasado indoloro nos acude.
Sueño de gabardinas
por calles satinadas de humedad,
labios muy densos, casi
negros desde la sala. Juventud,
cinta de celuloide erosionado,
un guión mediocre,
problemas de doblaje.
De "Problemas de doblaje" 1982
En la toma perfecta,
cuando el guión es bueno
y los actores fingen dignamente ser héroes,
el tiempo marca estrías, va apagando
uno a uno los focos y la banda
sonora se interrumpe.
Sensación de pantalla desgarrada
la insuficiencia siempre de vivir.
Qué frágil la película
que intentamos rodar en esas horas
para sesión privada y clandestina
en la pantalla interna de los párpados.
Un insípido tono pudoroso
de noche americana
en las irisaciones del deseo,
ni siquiera el siena matizado
del pasado indoloro nos acude.
Sueño de gabardinas
por calles satinadas de humedad,
labios muy densos, casi
negros desde la sala. Juventud,
cinta de celuloide erosionado,
un guión mediocre,
problemas de doblaje.
De "Problemas de doblaje" 1982
domingo, 26 de diciembre de 2010
La ciudad sin ti
Otra doctrina, otro sol, otra penumbra.
Vi tejados rojos y escuché a los pájaros,
todo era frágil como un racimo o un pensamiento
sin fe.
Me escondo en la minúscula sed de los niños, se oyen sus risas
y yo sé que no aman el ruido de las mareas
ni la canción de un jueves, ni los números
que ambicionan los autobuses blancos.
Tengo letras en el hombro que acechan como duendes.
Y tu miseria y dos candiles de sol y el adjetivo que pronuncia risa,
dolor, miedo.
La ciudad hoy me visita, leo sus abecedarios,
sus músculos que anhelan la indiferencia de los días,
los rótulos como un párpado de alacrán
y ese latido de cabellos que nunca eligen piedad.
Cuando se anuncia el invierno las golondrinas dejan de ser disparo
y yo me acuerdo de tus preguntas, de las manos viajeras,
del murmullo del labio que concentró una sima
o un destino.
Y es que éramos como espigas o sueños,
y algo-el silencio del tiempo-nos adornaba
con sus flores rojas.
Y había hoteles sin desengaño(qué fantasía de dorados),
y al salir a las plazas, el púrpura de los metros,
la suave música como arrullo o renuncia.
Yo he vivido en una tómbola de espejos,
busqué los capiteles o las orillas o la memoria de vértebras doradas.
Pero no estabas tú. Es inútil recorrer los senderos vacíos,
me miro en los estanques, en los palacios de metal
y sólo veo máscaras, pálidas como un reflejo,
intermitentes como el pulso que antecede al invierno.
Tu nombre es un corazón doblado, hay en ti dibujos sin mar,
colores de un solo ojo, la impaciencia de los collares oblicuos
que no regresan.
Vi tejados rojos y escuché a los pájaros,
todo era frágil como un racimo o un pensamiento
sin fe.
Me escondo en la minúscula sed de los niños, se oyen sus risas
y yo sé que no aman el ruido de las mareas
ni la canción de un jueves, ni los números
que ambicionan los autobuses blancos.
Tengo letras en el hombro que acechan como duendes.
Y tu miseria y dos candiles de sol y el adjetivo que pronuncia risa,
dolor, miedo.
La ciudad hoy me visita, leo sus abecedarios,
sus músculos que anhelan la indiferencia de los días,
los rótulos como un párpado de alacrán
y ese latido de cabellos que nunca eligen piedad.
Cuando se anuncia el invierno las golondrinas dejan de ser disparo
y yo me acuerdo de tus preguntas, de las manos viajeras,
del murmullo del labio que concentró una sima
o un destino.
Y es que éramos como espigas o sueños,
y algo-el silencio del tiempo-nos adornaba
con sus flores rojas.
Y había hoteles sin desengaño(qué fantasía de dorados),
y al salir a las plazas, el púrpura de los metros,
la suave música como arrullo o renuncia.
Yo he vivido en una tómbola de espejos,
busqué los capiteles o las orillas o la memoria de vértebras doradas.
Pero no estabas tú. Es inútil recorrer los senderos vacíos,
me miro en los estanques, en los palacios de metal
y sólo veo máscaras, pálidas como un reflejo,
intermitentes como el pulso que antecede al invierno.
Tu nombre es un corazón doblado, hay en ti dibujos sin mar,
colores de un solo ojo, la impaciencia de los collares oblicuos
que no regresan.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
sábado, 11 de diciembre de 2010
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