Ese latir del ventanal donde el viento se columpia,
ningún haz en el pasillo solo la negra quietud
que duerme en las paredes como un ángel de amor,
la letanía de las sombras que deja en mis ojos
el murmullo del sueño, la voz en los cuadros
que reviven para que a mis oídos llegue la historia
antigua de mi familia adorada, el sin color de la lluvia
y su metamorfosis de cabellera líquida en el cristal,
la luz en mis párpados que se abren al dintel de lo ido,
el aire que conmueve a la vela con besos que acompañan
la desnudez del orondo bulbo, la noche que arroja
en mi habitación candiles de luna, me parezco
a aquel que no quiso crecer bajo el sol de los días.
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