sábado, 1 de abril de 2017

La húmeda nostalgia



La lluvia no miente,
nos arropa como un sudario
por las calles maquilladas
de líquida sed.

En un bar tres figuras sin rostro
se levantan desde las mesas en penumbra
como soles cautivos que añoraran la luz.

Sigue lloviendo en las rúas,
en los paraguas anónimos,
en el frenesí del tráfico que escupe cláxones de sal
o faros invencibles
o músculos de motor averiados.

Ya no forma tu faz un hilo blanco,
ya los caballos nocturnos agrietaron las hojas de la piel
y en la voz queda la valentía del recuerdo,
mi oscuro adiós que afirma una latitud.

Ya somos canto o nieve esculpida en estatuas insomnes,
ya cae el precipicio de las frentes calladas
y un único anuncio indica el portal de la huida,
la ágil paloma de los besos.

Y silabea el sicomoro,
y en un farol olvidado los ayeres crecen
como el crepúsculo que jamás se ve.

En mis ojos el amor al silencio,
no hay música ni labios azules,
sólo una caricia que se mira dentro
y encuentra unos pasos donde sonreír en compañía
como dos sombras que han vivido en la misma luz
y se reconocen en la estatura de los niños que han sido,
en los eclipses que nunca serán.

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