jueves, 31 de marzo de 2016

Tránsito

Quisiera recordar los lugares
que nos nombran,
aunque la luz sea distinta,
los viandantes, las estaciones,
el insulso latir de los paraguas
ya no existan en otro lugar
que la memoria.

Quisiera sentir la sinrazón del agua
que el río conduce a su final,
los cielos vertebrados como un perro,
una caricia, un tren que huye
sin mapas.

Quisiera que los hoteles
hubieran muerto de hastío o de soledad,
ausente nuestro éxtasis de las habitaciones
perplejas.

Quisiera que cada ciudad me llamara
con el silbo que unos pocos conocen,
en la mitad del bosque
que hoy es mi vida.

Quisiera, en fin,
que el regreso no sea el regreso,
que los pájaros me enseñen
el rumbo del olvido
en cualquier noche,
en cualquier latitud que nos describa
como una sombra que aún vive.

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