
Podrían entrecruzar sus piernas como aspas
de bienvenida. Son la misma mujer, un armazón
perfecto de huesos y calor. Una es noche, la otra
día. Inoportunas regresan como alfiles del deseo
o de la astucia. Quieren un jardín sin amapolas,
un espacio lunar de ceniza y meteoros. Sus cuerpos
imitan el aquelarre de las marionetas, y fingen
el amor, el odio, las cosas que levemente ocurren.
He perdido su huella en el sinsabor de los trenes
o de las rúas sin paz. Todo es como una lluvia
que inútil persiste en la memoria. Mi memoria.
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