La incertidumbre de contemplarse cuando ya la luz
deviene río de sombra en los iris, y de pronto la máscara
que es mi vida real deja en la faz del azogue una cicatriz
de blancura, una sonrisa de niño que se vacía como agua de amor
en la fría latitud del espejo, y así lo que busco calla, lo que sé miente
y lo que soñé regresa para decirme que el corazón de la infancia aún
late en mí tras el perfil de esta imagen rota; un corazón que solo consigo
ver si le oculto, a la oscuridad de la noche, la ventana azul de mis párpados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario