miércoles, 24 de febrero de 2021

Oda a la belleza

Qué gema en su interior refulge,
la perfección de las líneas anida en mis ojos,
calla el tiempo y las anémonas del sol,
el asombro perverso divide el río de la sangre.

Una crecida de abril, un alud arrastra
los líquenes heredados, agita el corazón su glándula,
laten los cromosomas
con luz de aurora.

Y es tan solo la visión del crepúsculo y el cenit,
la oronda cúpula del granito, simetría
en los vértices, colores de telaraña o tapiz,
muda boca de acantilados húmedos.

El mundo es una vitrina de infinito cristal,
la piel, el canon de un cuerpo se enhebra
con la memoria- anuncios de amazonas,
muslos y vientres, geometría de alabastro
que seduce a la imaginería-un pálpito
de pájaros en celo se hinca en el sexo,
palpa los sentidos, despierta el silencio
con la imagen que perdura en un instante
de lucidez.

Hay magia en el idioma que trina
y describe la historia eterna,
hay paisajes donde el duende del paraíso
desnuda su pudor. Hay palabras
que visten el alma porque su pureza es de marfil
como la voz del arcángel.

Amigo, abre los ojos, respira la luz,
descubre la inmensidad que brota de la ternura de un segundo.
Estás aquí, eres afortunado y, lo peor, es que no te das cuenta.













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