sábado, 10 de mayo de 2014

Gracias

Aún con la piel renegrida y el sabor salino
de un mar oscuro. El regreso siempre es ausencia,
incomodidad, negación del ayer. Porque el que
ha vuelto no puede fingir su nombre ni recuerda
el detalle mínimo de una palabra ni la imagen
de un signo, ni la verdad de lo que solo una vez
ocurre. En la ciudad no existen ojos para mi,
su luz cabalga las avenidas, se desnuda en los
reflejos de un cristal envejecido, puebla el aire
de sombras sin refugio. Me toca andar los pasos
inseguros, me toca sobrevivir al cansancio
de las nucas distraídas que ya no sienten
gratitud. Allí está tu cuerpo, cimbreando
la noche como un vacío que se irisa,
como un candor grácil entre espinos,
como un latido de improbables orillas
o un secreto estéril que desvirga la sed.
Gracias por poblar mi memoria de sueños
sin raíz. Gracias por ser la voz inesperada
de un rayo que alumbra.

2 comentarios:

  1. Transitar la memoria y encontrar la gratitud. A veces los mares son cristalinos y se olvida tanta ausencia y abandono

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  2. Te agradezco la visita y el comentario. Un abrazo, Sandra.

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