lunes, 27 de marzo de 2017

Extranjero

Con la edad he perdido
la nostalgia del extranjero,
la sensación de urgencia
de las habitaciones furtivas,
el olor a comida rancia de las pensiones,
los ascensores extrañamente extraños,
el tránsito inútil de las calles sin nombre.

Con los años hice mío lo pasajero
-me apropié de estaciones vacías,
puse cemento en el corazón
para no mirar a los ojos del fuego-.

Le di el calor de una historia de viejo
a la más frágil de las ilusiones.
Al miedo de ser cometa y volar
en las azarosas orgías del viento
le puse el ancla de la tibieza.

Hay días en que aún me pesa la liviandad
de aquél tiempo sin patria ni casa.

Pero no es la nostalgia de haber sido
una vez navegante en tierra,
sino el acento de un desconocido país
lo que aún guardo en la memoria.

domingo, 26 de marzo de 2017

La claridad



Hoy retorno a las cosas más simples: mi cuarto oscuro,
el pasillo estrecho, la luz de la mañana en los pies fríos.
Este hogar es un abrazo de paredes amigas, un horario
donde no vence el tiempo sino la alegría de la claridad
que se entrega como una flor o un fruto caído. Siempre
acude fiel el rito luminoso del despertar y es una campana
muda la filigrana de los cuerpos conocidos, su mecánica
de juguetes olvidados en rincones grises que de pronto
alegran el día con los ecos que invocan la familiaridad
de los nombres, el arbitrio de los cometas tras el sello intacto
de los sueños, igual que un párpado que alza su lucidez hacia este sol
que invade sin propósito mi habitación y la desnuda de oscuridad.

viernes, 24 de marzo de 2017

El pan de los recuerdos


En definitiva son palabras sin sentido
las que giran en mi mente
igual que una noria infantil.

Las nombro y una imagen es la luz,
otra el silencio,
la última un sonido amargo
junto a los horarios que se eclipsan.

Para ver, para sentir
invoco los pasos de la noche,
filas de niños ante un altar macilento,
la caricia en la voz de un ángel febril,
los diálogos ajenos al tiempo que huye.

Y la duda de un balón
que se revuelve entre las piernas infinitas de la adolescencia,
el laúd del regreso
con la cara sucia y los cromos repetidos.

Me respondió el amor en el flujo de las ventanas,
en el trasluz de los visillos
o en la generosidad de las tiendas
donde compré el deseo.

Y siempre el mar como un reloj acuático
que bañó la piel del adiós,
en la lejanía del continente
cuando ansiaba el abrazo
y solo encontré la latitud de una tierra
sin edad.

Mi memoria son calles completamente vestidas
-así le llamo a la maravilla de los acantos,
a las fachadas rojas, las fuentes o plazas en que fui feliz-
de musgo y esplendor.

Atrás la alegría de los países en bruma
con sus arias vespertinas
y la desnudez de los siglos
en su raíz inmortal.

Puede que la vida no sea más que un recuerdo,
para mí es la flor de todas las presencias
que a menudo se convierte en un antídoto contra la deriva del olvido,
mil hojas que nunca dejan de brotar,
de sucumbir en cada segundo
cuya atrocidad me niega.



martes, 21 de marzo de 2017

Los jóvenes amigos

Nada sino esperar el timbre
que abrirá los focos del ensueño.

Ser pasajeros de la noche,
fantasmas de lo oscuro,
con el ritmo ágil de los duendes,
sin ayer ni mañana,
solo príncipes de la luz caída.

Hablarás y hablaremos
de una edad que no fue,
la profundidad de las palabras
se mide en los ecos que no se escuchan,
su historia es breve
como el suspiro del dragón
que nos mata.

Ahora el silencio solo entiende a las estrellas,
existe un reloj donde laten las heridas
que sucumben al ejército de las flores
como palabra en el aire que agita sus ramas de color,
sus luces sin pausa.

La amistad no quiere hojas de metal,
le basta la sonrisa frágil de dos frases
que se saludan en la noche
con el abrazo de los pretéritos que nunca unirán su sol
más allá de este fulgor
que entretiene la voz de la luna
cuando su magia pasa junto a ti,
junto a nosotros,
como un alfil perdido.

domingo, 19 de marzo de 2017

Mientras el tren espera



Cuando veo tu inclinada tez
romperse en sonrisa
sobre las páginas de un libro
quisiera ser misterio de alguna historia invencible
como cicatriz en tu corazón.

Son las seis,
quizá las siete de la tarde,
la noche anochece
en el andén vacío.

De pronto he visto la sombra de tu cuerpo
sobrevivir a la rutina del viaje
mientras presentía cómo el pájaro oscuro del tedio
con sus plumas grises
inventaba para ti
un arco iris.

Pero no,
tú y yo somos el vértice
que abre las hojas donde la metamorfosis es un eje,
faro que puebla el talud que entra por los cristales
de este tren sonámbulo
que ama el silencio.

Sé que hay
un espacio sin huellas entre los días que no fueron,
por eso te invito a la incongruencia
de construir islas en el continente más poblado,
el que prorrumpe en proximidad
lo mismo que una sinfonía inacabada
que templara la sinuosa luz
de dos ríos que quieren su tránsito como caudal,
una orilla dócil tras la que desterrar el miedo.

viernes, 17 de marzo de 2017

Las palabras que te dije



Mi voz nunca supo deletrear un verso.

Solo fue constancia de días infinitos,
semilla en que se mueve la incertidumbre
del porvenir.

Te hablé a solas con mis alas abiertas,
quise seducir la luz para que fuera tu descanso,
tu entendimiento,
quizá un árbol níveo en el que crecer juntos.

Todas las sílabas murieron en mi nombre,
hoy sé que es invencible el encanto de los cuerpos
y esa metáfora del instinto
en que un número es nada.

Con los años aprendí
a expresar el miedo con la sensatez de los pájaros,
mentí como miente la luna
cuando se enturbia tras su máscara
de tul.

A menudo busqué descubrir la magia fiel
que nace entre el alud del deseo
y las horas estériles de la desidia.

Algunas veces me dirijo a esa huella que poblaré
con la seguridad de no ser yo el que habla,
solo un maquillaje que usa el verbo común
donde somos relación,
oasis de una memoria cautiva.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Ángel mío



Oh! padre ángel en qué momento fui tu cielo.

La carne nueva llora
mientras tu voz surge
como un sortilegio que me salva.

Y serás el súbito jinete
que ocupa mi bicicleta roja
o el almanaque de los inviernos
donde la fiebre me elige
como una aurora desnuda.

Volarás sobre los recuerdos
que han dejado su poso de inquietud,
me acompañarás, sombra azul,
cuando la adolescencia escriba un verso
entre el agua y la muerte.

Y después tu instinto me indicará la hembra equivocada
porque te gusta jugar con el amor y sus señuelos.

Sé que estás en mí
como un miembro ignorado
o una pregunta que jamás formularé
-su razón me hiere-.

Es posible que en tu arrojo
yo encuentre un designio blanco
o que las amapolas que una vez soñé
te vistan con sus alas de seda púrpura.

Gracias, ángel mio, por no negarte a ser yo,
por tu protección invencible
que serena el sol de la vida que añoro.

Si pudieras volar yo te regalaría el perdón
pero sigues aquí igual que un apéndice
o una flor que ha crecido en la desventura.

Hermano mío,
más allá de nosotros solo existe un dios ciego
que no cesa de arrastrarnos
hasta un final que, lentamente, calcina mi esperanza.

lunes, 13 de marzo de 2017

La palabra común

Son dos palomas el encuentro, un hechizo,
la inquietud que sube por las venas del día.
Una mirada enciende el aire que simula la luz.
Yo vivo en el ayer de una isla, tú en el mercurio
de una muralla que llora. Abre las manos, no mires
la pregunta que amó la nieve, sueña con las ciudades escarlata,
con los ciclos que vendrán, con las fachadas blancas
donde se acuesta tu sexo. Somos un camino múltiple
de flores encarnadas, allí el río y la sed, allá los pasos
que vuelven a nosotros como un laberinto deforme.
En el vaivén de las olas se escucha la palabra común
que nos yergue para ser similitud de piel y clamor,
sonido irreal que grita en la noche su éxtasis de luz.

sábado, 11 de marzo de 2017

El derecho a ser diferente

Ligas invisibles me alzan al cielo,
pende el cuerpo en una cruz de aire,
tensados los músculos
por la furia de los dragones azules.
Herida la sien, rotos los oídos
de escuchar el canto de los corifeos
sueño aún con los mares plácidos,
tu proximidad de luna, el eco de una ola
que se arremolina como una interrogación
entre mis pies pétreos
que no pueden caminar
tan henchidos de agua,
tan extraños al susurro inefable de la jauría.

viernes, 10 de marzo de 2017

Siempre estaremos

Algunas veces tiemblo por ti. Estás cerca
como un cuerpo de piedra y no logro ser tú.
Me dan miedo las horas señaladas, los silencios,
el mundo sin nosotros. Quiero compartir una voz
en un aguacero, la risa en los portales, el espejismo
de las ciudades que fuimos. Algo sobrevive en los adioses,
quizá el desamparo de una perdida anunciada o ese metal
que dora el tiempo con sus clavos de nostalgia y sus rombos
sin paz. Siempre estaremos en los ríos que no cesan,
en los paisajes vibrantes, en los ocasos que nos nombran
como desconocidos que han puesto una semilla en los relojes
inmortales, esos que, tú ya sabes, viven en nuestro corazón.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Tu espectro líquido



Como dos cuerpos que desoyen el viaje,
allí la luz.

Te amodorras, llamas al suspiro
de tantas islas perdidas,
te viertes en cualquier paisaje,
sea colina, mar, cielos invertebrados,
canales de ríos, monumentos
que han perdido el color.

Pero estás aquí,
penumbra tenue que atraviesa el cristal
de una puerta invisible.

Te muestras
en la hojarasca de los días que han volado
mientras en mi pupila el asombro rota en las paredes,
vence a los cuadros, gira como un torbellino
cuando tu andar resurge.

Desde el navío que es esta cama triste
las alas del amor buscan el reencuentro
de una música que llora en mi,
que ríe en ti.

A las doce te aproximas a la mampara
donde la ducha del deseo se columpia,
yo jinete fósil escucho el sonido del agua,
del agua
que te lleva.

En la habitación vacía
el murmullo de las náyades
es tu líquida luz.


martes, 7 de marzo de 2017

El olvido

Arena en los bolsillos como nombres inconclusos.
Vidas en una vida de asombro y luces al final
de un un final impredecible. Se alimentan los pájaros
con tu ausencia y no vuelven. En las rayas de la mano
los surcos bajan sin memoria, en ellos la mentira fluye.
A través del espejo un yo que no conozco cabecea,
el que ahora soy no quiere mi cuerpo, me señala para
que el olvido pronuncie tu ayer sin una voz o signo.

domingo, 5 de marzo de 2017

Juegos de adolescencia

Es como elegir un rastro entre la voz del otoño.

La vívida inquietud busca la huella,
un presente sudoroso.

El alba se cruza con los alares y los pájaros,
no hay silabas solo un canto enorme
de picos mudos sin la madre.

Yo orillé estatuas de piedra blanca,
en los cristales un río pálido
recogía el infantil jolgorio de la necedad.

Son las inútiles preguntas
de una juventud que flota entre los sueños
o entre los alfanjes de la destrucción
y el séquito.

Malabares, sí,
malabares los rebumbios en los cafés
(un labio escoge el verbo alegre,
lo deposita en la boca de la sed
para ser coro de silencio,
halo que cruza los diálogos
de un amor volátil).

Invencible el murciélago que anida en la virtud del sol,
tan pronto su cruz, sus élitros fósiles,
la altura a la que asoma el futuro
con las llaves del devenir,
la colina donde crecen los ejércitos sin alma
de la lujuria, su raíz que fluye
y no cesa.


jueves, 2 de marzo de 2017

Aquí en la orilla

Aquí en la orilla el sol cubre mis pies.
Vendavales de aliento recuerdan la alegría,
el sonido, las palabras que brotan. Todos
los mensajes mueren en el azul que incita
mi iris. La distancia es un cruce de historias
que amanecen en el aire. Mira mi candil,
en su luz amarilla las luciérnagas no ríen.
Tras el oráculo un silencio transcribe la
inutilidad de la pregunta. ¿Hasta dónde
el sol llega con su serena lengua de hormiga,
cuál su caricia si solo espero la oscura
sed en que viviré o vivo?