sábado, 27 de febrero de 2016

Los encuentros

Quizá entrar en el mensaje de los niños,
su código incomprensible donde fui peón
que alzaba los brazos hacia un cielo sin escribir,
en su metáfora de alegría
bajo la incertidumbre
de no adivinar el futuro.

Así, el orden dentro del desorden,
como un son de campanillas
que estratégicamente
van desdoblándose;
se acompañan, forman la armonía
que te arropa igual que un dibujo sin autor.

Se encauza el misterio
con la astucia de las clases
que dejan un señuelo entre el ojo y la conciencia
para que vuelen pájaros
sobre los dinteles de un mundo
que se escribe en ti
sin que tú adivines el abrazo invisible
de los días.

¿Por qué no hablar de los encuentros
si la huella que transmiten se esconde en los manglares
de ese devenir que revivirá,
una y otra vez el laberinto
de lo que la música del azar encumbró
sin atreverse a nombrarte
tras su estallido o marca
o tatuaje que no pasa?

Sólo un cruce de cuerpos,
sólo un ademán en una tarde perdida de junio,
únicamente el pantalón a rayas,
ajustado al deseo
en la gran ciudad, tan olvidada.

Y una boca que recita lo innombrable
después del silencio y la traición,
para regalarte la virtud de los días del mañana,
el empujón engañoso
que resucite en ti el orgullo y la quimera.

Son los encuentros una casa amable,
su raíz aún vive en mi como una duda
o un agua que nunca sacia el brote
que parecía ser un río fértil
en los pechos alegres del tiempo.

Cita de "Sostiene Pereira" de Antonio Tabucci

" Pensó que cuando se está verdaderamente solo es el momento de medirse con el yo hegemónico que quiere imponerse en la cohorte de las almas. Y aunque pensó en todo ello no se sintió tranquilo, sintió en cambio una gran nostalgia, no sabría decir de qué, pero una gran nostalgia de una vida pasada y una vida futura. "

viernes, 26 de febrero de 2016

La luz de un recuerdo

¿Cuándo podrás esconder la alfombra roja
del desencuentro?

Edades amigas en el crepúsculo,
personajes infantiles
como historias que rompen
junto a los ojos blancos del éxtasis.

Y semillas de luz amarilla
mientras la burbuja del mar
vuelve a la crisálida del reloj
y anuncia su tictac arbitrario
a la sombra de cualquier día
proscrito.

Mi sol no envejece,
se cubre de algas,
pasea como un perro albino
por esquinas que el viento desnuda.

Si, porque en la pulcritud del río que no nombro
hay cartas jamás escritas, lazos que nunca vistieron
los rizos de la inmanencia,
locuras sin envase
en la medianoche pérfida.

Y giros que han llegado hasta aquí,
a este fósil que brilla con los espejos dobles del ayer
y acuna su oráculo
y bendice la canción insomne
de los tobillos amables
que me sirven para andar
desde una exactitud
hasta los paraísos que en mi bolsillo tiemblan
como una infantil oruga
que no muere.

martes, 23 de febrero de 2016

El fruto

¿Tuviste un jardín proscrito? Se abren las manos
como flor rota y llueven los silencios sin sonido
ni verdad. Posos en la tierra que firma tu noche,
esquejes que te llaman lejos de ti. Cualquier fruto
se parece a un alma que huye de la fértil añoranza,
del espejismo del barro que acoge este cadáver sin
sueños.

domingo, 21 de febrero de 2016

Proseguir

Nos podemos interrogar cuantas veces quieras.
Que si antes, que si después, que si nunca la palabra
debió tejer un puente para ti, o para mi. Son las cosas
invisibles las más inoportunas, cuando se mira en el ojal
del día y no se encuentra la razón de seguir juntos.¿ Será
entonces el momento en que las espaldas ya no pueden
permanecer unidas y surgen alas, flores, racimos de agreste
vida, salvajes rebumbios sin dirección? Quizá las horas no
entiendan el núcleo de una cicatriz que se abre al sol
para que fluya el río noble del tiempo invertido, para
que la insensatez desordene sus maletas y un canto
abrasador recorra las arterias de un ser que viaja
hacia si con las banderas azules de la resurrección.
Persiste en mi la gloria incandescente de una paz sin
nombre que aún recita la inquietud de vivir, las
vocales inabarcables de la temporalidad.

sábado, 20 de febrero de 2016

Nocturno

¿Cómo era tu voz escondida tras las puertas
de un ejército de alfiles?
Demasiado finos los labios que apresan el latido.
Tu codo como una gran boca,
tus muslos inexactos,
y la negra malla de los días
tejiendo la noche intacta.
¿De dónde vino la altura de tu imagen profana,
de dónde el acento de las tardes desvalidas?
Me buscas en la humeante seda de los cafés
cuando los espejos se mueren de sueño
y rosas de té caliente apadrinan las virtudes
deformadas de los mármoles.

martes, 16 de febrero de 2016

Fuegos artificiales

Aquellos giros de serpentinas y guirnaldas,
sobreviven como cometas
que no olvidan su órbita
de bienaventuranza.

Son imágenes que fulguran
en la sinapsis del recuerdo,
brillan sin testimonios,
encienden las horas grises
con los albores de mañanas
que nunca se marchitan.

Yo podría nombrar sus ejes:
la inútil somnolencia de aquel tren
donde dormía tu pasividad,
el devenir de los dibujos animados
-antes y después, después y antes-
de mirarte en tu dinámica de flor con alas,
en tu escondite de fantasía,
en tu espejo indolente de hembra en tránsito.

Y también el jeroglífico de un mantel
donde depositabas la interrogación amable,
a pesar del desdén del color,
el aroma que retaría tus iris
ya para siempre blancos.

Para mi es otra la idolatría,
porque sé que la necesidad se escribe
en renglones azules
para que tu no estés,
para que yo esté.

¡Qué pálida la orquídea que se acuna en tu cuello!

Ayer conocí la reverencia con que inclinas
la frágil silueta de un lienzo.

Tú, como yo, vives en la mentira,
tú en la tuya, yo en la que me dejaste
al volver tu rostro
hacia los faros incólumes del olvido.

sábado, 13 de febrero de 2016

Los paraísos desdoblados



El artilugio me puede
(será reloj, marea, luna, arcángel).

Cuando ansío volver a mi
no vuelvo,
cuando la cicatriz sangra
se abre el palomar del sulfuro
níveo.

No me encontrarás bajo el humo que miente,
en las noches de ágiles caballos,
en la tiniebla esponjosa
de las chispas sin flor.

Como en un cuadro de Chagall
hay demasiadas estrellas,
cielos azules,
judíos errantes.

La oscuridad te nombra en un párpado,
¿sigue ahí tu viento de nácar?

Duerme, amor,
que las mariposas te velan,
duerme en el jardín sin odio,
en la morada de los paraísos que nunca envejecen,
en la psicodelia que te arropa
bajo las sábanas vírgenes.

Duerme, amor,
que flote tu cuerpo como un tiovivo
de constelaciones.

Duerme con el unicornio de plata entre los pechos,
duerme, amor, el éxtasis del tornasol,
la dulzura del cianuro amante
en tus labios de papel estraza.
















viernes, 12 de febrero de 2016

10 de febrero

Se han juntado algunas cosas:
la lluvia en el cristal,
el vuelo desesperado de las golondrinas,
el lomo del mar que se encrespa
como una duda ardiente,
el arco de unas piernas
que acompasan el ejército invisible
de la huida.

Llueve y es febrero,
como aquel febrero sin luz
cuando buscaba el mapa de los laureles
en tus rodillas rojas, en tus pechos de
fruta que no ha conocido el desdén,
en tus ángulos perversos de afrodita-niña.

No es la misma lluvia,
ni es el mismo mar,
ni eres ya la niña
que cabalgó las olas del sueño.

Y aún así yo sé
que siempre vuelve
febrero.




miércoles, 10 de febrero de 2016

El tiempo

Un fino hilo
une la corta distancia que existe
entre estas dos botellas de plástico.

Yo no lo veo,
aún así siento cómo está vivo,
siento cómo lo recorren las invisibles hormigas
que antes poblaban mis ventrículos.

Siento su electricidad,
la recta y ominosa sed del fluido
que no para, que no para,
que no vuelve.

martes, 9 de febrero de 2016

Del imposible retorno

¿Qué esperaba de la luz, de los rododendros,
del aljibe de los bares, de un lluvia no nombrada?
Me esperaba a mi en esa estirpe de la juventud
indomable cuando la noches eran química de astros
en la huella infantil del azar y las horas. Nada puede
sustituir al arbitrio efímero del aire blanco, ni tu ciudad
soñada, ni el reivindicativo sol que ya no ilumina para ti,
que ya es memoria de la luz en tu piel sin rostro.

Un poema de Martín López-Vega

CARTA DESDE CÚNOVO

Estoy junto al Danubio, amor.
Te escribo a media mañana
frente a las colinas de Hungría
mientras alzan el vuelo los gansos salvajes
y un pato se sumerge en el agua erizada.
Cuando estoy sin ti colecciono lugares
en los que me gustaría estar contigo.
Hoy quiero abrazarte y sin embargo
solo podría acariciar la rugosa piel del río,
pero es un animal que también me rehuye.
El viento trata de ondearme
como si fuera una bandera
y yo ni siquiera me siento capaz
de ser mi propio símbolo.
A veces, lo sabes, uno piensa
que busca una respuesta y lo cierto
es que aún no ha encontrado siquiera la pregunta.
Una pregunta que hoy podría ser tal vez
cuál es mi sitio, y el tuyo,
esta mañana de fines de septiembre
y de qué somos bandera.

sábado, 6 de febrero de 2016

Auto-anàlisis de un hombre corriente

No hay nada de particular en ti. Tu cuerpo no
es grande ni pequeño, tu voz no cautiva ni seduce,
tus ojos son oscuros como una mancha indolente.
Cuando caminas las olas del aire no te acompañan,
cuando alzas las manos se ensombrecen los árboles,
cuando quieres escribir algo genial, divertido, triste,
las palabras se confunden con garabatos ciegos que
nunca llegan a poblar el alma virgen del lector. No,
nada hay de particular en lo que eres, ni en lo que has
sido, ni en lo que serás. Comprende, pues, que en esta
fila en la que vives el orden es crucial(huella tras huella,
armonía de coros, bienaventuranza del abrazo),su seguridad
te invita al no pensamiento, a la no rebeldía, al no discurso.
Para ti solo existe una forma de ser feliz, no la desprecies
porque nada hay de particular en ti, nada.

El tictac de la añoranza

Volver no es una razón, tal vez en el sínodo
de la memoria exista la clave de porqué una
campana deja de ser muda y suena y resuena
insolente en la multitud de tus días. Al margen
de la nostalgia no guardo apellidos, soy un barco
que en su deriva regresa al puerto del ayer, a la orilla
blanca, al amor del crepúsculo. No me arrepiento
de esta debilidad que me busca en un frenesí, bajo
la lluvia, en el territorio de tu singladura o en el
arrecife en que muero.¡Qué dramática la luz en la
esfera del reloj, cuando me pregunto por tus anillos
o el calambre de tus botas en mis ojos que no vuelven!
He agotado las cruces donde te hallé, me digo que es
sano equilibrar la ausencia con mis huellas amargas,
quizá viva en la evocación una luz impronunciable ante
la cuál me agito como un enigma o un suceso o una
escala diatónica que se repite sin querer.

viernes, 5 de febrero de 2016

La coincidencia



El hule es un mapa por descubrir.

Tú acaricias la porcelana
como atisbando el silencio
(o sus margaritas fósiles).

Es medianoche tras el cristal,
adentro los azules crecen cuando te hablo
y tu voz contesta
con la cruz de un arpegio.

Hay momentos en que la felicidad se desnuda
y pasa como una náyade
sobre los ríos de tu presente,
sobre el trasluz de mis ojos.

Regresa el camarero a su designio,
ha traído una copa blanca para mi,
un té sin mácula
para tu expectativa de semen o flor,
de rosal o fluido
que recorre la inquietud
o el desinterés
de los hábitos más infantiles.

Siempre recordaré de qué hablamos:
de tus lecturas perdidas,
de mis films ambiguos,
de la curiosidad de desvestirnos
en calles sin edad.

De pronto, la lluvia se empeña en ser sonido
que ignora la raíz pura de una coincidencia
que se disfrazó de destino
mientras la fiebre del reloj buscaba
el instante exacto en que los labios dijeron sí
o tal vez
o para nunca seré
la melodía en que no estás.